Sócrates, el capitán contra la dictadura

Escribe Mauri Colón

El gran futbolista brasileño hubiera cumplido 70 años este lunes.

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El 19 de febrero de 1954, en Belém, localidad del Estado de Pará, en el Brasil profundo, nació un símbolo del fútbol mundial. Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, o simplemente Sócrates, como el mundo lo conoció. Fue capitán del Corinthians y de la selección brasileña. Aunque el legado más grande es su puño izquierdo en alto denunciando a la dictadura brasileña.

Su carrera deportiva nació en Botafogo de Ribeirão Preto, un club modesto de la gran urbe paulista. Durante las cuatro temporadas en ese elenco disputó un total de 57 partidos oficiales y llegó a ser máximo goleador del Campeonato Paulista de 1976.

Mientras Sócrates empezaba a brillar en el deporte, también estudiaba Medicina en la Universidad de São Paulo. Cuando la joven promesa del fútbol tenía 10 años, en Brasil, Castelo Branco, con el apoyo del imperialismo yanqui, depuso al presidente João Goulart. Con esto se inició un proceso político llamado, para los triunfadores, "La Revolución de 1964”, o para los derrotados, “La Contrarrevolución de 1964”. En ese momento, el padre de Sócrates debió quemar varios libros de su biblioteca por miedo a reprimendas del gobierno anticomunista de Castelo Branco. Este recuerdo lo acercó en la universidad a las filas de la izquierda, donde se sumaría al movimiento político contra la dictadura.

Finalmente, en 1977, lograría doctorarse en medicina. Pero la historia tenía otros caminos.

“Democracia Corinthiana”

En 1978, Sócrates daría un gran salto deportivo y también en la historia, cuando llegó a uno de los clubes más populares del fútbol de aquel país sudamericano. El todopoderoso Corinthians le abría los brazos.

En su comienzo en el “Timão”, ganaría el campeonato paulista, el torneo estadual más importante de Brasil, en 1979. Con ello se empezó a afianzar en la élite del fútbol verdeamarelo. También empezaría a construir su imagen con la que el mundo lo conocería: pelo rizado y barba negra. Además ese mismo año debutaría con la selección nacional.

Sin embargo, a principios de 1982, tras una serie de malos resultados, el presidente del club debió dimitir. Con la renuncia de Vicente Matheus, quien asumió el liderazgo institucional del club fue Waldemar Pires. Este designó a Adílson Monteiro Alves, un sociólogo, a cargo del fútbol del club albiblanco. Adílson, que tenía ideas revolucionarias para la gestión deportiva, defendía la idea de que había que escuchar a los jugadores y a otros miembros del equipo. Así se gestó la “Democracia Corinthiana”.

A esa altura, la dictadura brasileña ya llevaba casi dos décadas desde que tomó el control del poder. El gobierno de João Figueiredo gobernaba con puño de hierro el país. Pero no sabía que en el “fútbol” encontraría una de las mayores barricadas contra su tiranía. Sócrates, junto a otros jugadores con también una gran militancia política, como: Wladimir, Walter Casagrande y Zenon, se pondrían a la cabeza de este movimiento socio-deportivo.

Así se inició un modelo de autogestión que se organizaba mediante la celebración de asambleas. En ellas participaban desde el entrenador, pasando por el presidente, la estrella del equipo y hasta el último de los utileros. El lema era: “un hombre, un voto”. En dichas asambleas se decidían los horarios de los entrenamientos, la celebración de concentraciones antes de los partidos, las partidas presupuestarias, fichajes y salidas, continuidad del entrenador, etc.

Tiempo después, Sócrates lo recordaría así: “Abolimos el proceso que existía en el fútbol, donde los dirigentes impedían que los jugadores se hicieran adultos. Al inicio hubo ansiedad en mis compañeros, que no estaban acostumbrados a expresarse, a decidir. Pero fueron aprendiendo y se prepararon para enfrentar su profesión y su vida”.

Los referentes de la Democracia Corinthiana no se limitaron a establecer una gestión democrática del club, sino que se involucraron de lleno en la vida política del país. Sócrates, en 1983, apoyó a un todavía joven obrero metalúrgico de nombre José Ignacio “Lula” da Silva, quien se presentaba a la gobernación de São Paulo. Durante todo ese año, los jugadores del Corinthians llevaron mensajes en su camiseta que, desafiando a la dictadura, exhortaban a los ciudadanos paulistas a votar en las elecciones a gobernador (Campaña Cívica).

Pero quizás el punto más alto de la agitación política llegó cuando el senador Teotônio Vilela inició un movimiento llamado Diretas Já, que buscaba la celebración de elecciones con sufragio universal y directo para la elección del presidente de Brasil. La iniciativa fue tomada por los cuatro líderes de Corinthians y formaron parte de las masivas manifestaciones por las elecciones y contra la dictadura. Incluso Sócrates dijo algunas palabras frente a un millón de personas que lo escuchaban en las calles paulistas.

El hecho más osado y más simbólico se dio en la final del Torneo Paulista de 1983, donde el Corinthians se enfrentaba a uno de sus más grandes rivales, el São Paulo. En ese encuentro, Corinthians salió al campo de juego con una pancarta que rezaba la frase: “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Ni el título, con gol del propio Sócrates, volvió tan loca a la afición como el mensaje y el icónico momento que se llevaron a su hogar.

Un año después, en 1984, Sócrates declaró que abandonaría Brasil si el parlamento no aprobaba la celebración de elecciones directas. Si bien la mayoría de la Cámara votó a favor de la celebración de las mismas, no se alcanzaron los dos tercios necesarios para su aprobación.

Entonces, Sócrates emigró para jugar en la Fiorentina de Italia, dando inicio al fin de la Democracia Corinthiana. Cuando llegó a Florencia declaró que venía para “leer a Gramsci en su idioma original”.

El club en esta época encontró su plenitud deportiva. Corinthians, que antes del Campeonato Paulista de 1977 había estado 21 años sin lograr el título, logró dos títulos consecutivos en 1982 y 1983. Asimismo, solucionó su situación económica.

Vuelta a Brasil

Un año después, luego del fugaz paso europeo, volvió a Brasil. Fichó con el Flamengo de Río de Janeiro, con el que ganó la Taça Rio y el Campeonato Carioca. Jugó la Copa Mundial de Fútbol de 1986.

Sobre el epílogo de su carrera deportiva, dejó el calor de Río de Janeiro para volver cerca de su hogar, São Paulo. Durante su último paso como profesional defendió al Santos, el club donde había brillado Pelé y club por el que era hincha de niño. Tras esa experiencia se despidió en el club que lo vio nacer, disputó su último encuentro el 12 de noviembre de 1989, ante el São José.

Luego de dejar el fútbol, se dedicó a la medicina. Abrió una clínica médica especializada en atención a deportistas. Empero, nunca dejó de mantener su influencia en la sociedad brasileña como columnista en la prensa y comentarista deportivo.

“Quiero morir un domingo y con Corinthians campeón”

En agosto de 2011 fue ingresado en el hospital Albert Einstein de São Paulo con hemorragia digestiva. Con ese episodio se conoció que Sócrates había tenido problemas con el tabaco y el alcohol. Esto deterioró su salud enormemente, así meses después, en diciembre, ingresó de nuevo en cuidados intensivos por intoxicación alimentaria. Lo que en casos normales es una complicación menor, la salud frágil del futbolista no lo pudo soportar. Sócrates falleció un domingo a las 4:30 de la mañana a causa de fallo multiorgánico.En 1983, había hecho su última voluntad: “Quiero morir un domingo y con el Corinthians campeón”. Ese domingo, el de su muerte, el club de sus amores ganó el título de la liga brasileña, cumpliendo su deseo.

Toda la sociedad brasileña mostró condolencias por el fallecimiento. La Democracia Corintiana, que fue reconocida como uno de los mayores movimientos políticos de resistencia, fue nuevamente tapa de los diarios.

El “Doctor”, como lo apodaban, fue el símbolo de rebeldía, de valentía y de militancia política. La claridad que desplegó en el mediocampo la llevó a su incansable lucha contra la dictadura.

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