No a la extradición de Julián Assange

Escribe Olga Cristóbal

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Cientos de personas rodean esta mañana el imponente edificio de los Tribunales Reales de Justicia, en Londres. “Todo el mundo nos está mirando”, ha dicho Stella Assange, la esposa del cofundador del portal de filtraciones Wikileaks, Julián Assange. Es la legendaria frase coreada en 1968 por los manifestantes que protestaban en Chicago contra la guerra de Vietnam.

Este 20 de febrero comienza la audiencia de dos días convocada por la Justicia británica para definir el destino de Assange, preso desde 2019. Assange no se presentó porque, informaron sus abogados, está muy debilitado y enfermo.

“La acusación tiene motivaciones políticas. Assange expuso una criminalidad grave. Está siendo procesado por realizar una práctica periodística ordinaria, de obtener y publicar información clasificada, información que es a la vez verdadera y de evidente e importante interés público”, adujo su defensor.

Los defensores afirman que todo el aparato de seguridad norteamericano, principalmente la CIA, presiona a todos los estamentos políticos y judiciales contra Assange. La apelación es el último recurso que le queda para evitar la extradición a Estados Unidos, donde lo espera una condena de por lo menos un siglo y medio por la comisión de 18 “delitos”.

Si los jueces lo autorizan a recurrir las partes de su caso que hasta ahora la defensa no había abordado -lo que iniciaría un nuevo juicio- permanecerá en Gran Bretaña. Si coinciden con el juez anterior en prohibírselo, se activará el mecanismo de entrega a EE.UU.

Los abogados apelarán al Tribunal Europeo de Recursos Humanos para frenar la extradición, pero Gran Bretaña está apurando una legislación que la releve de obedecerlo. Los ingleses, socios de Estados Unidos en la guerra de Ucrania y en el genocidio palestino, extreman sus esfuerzos para condenar a Assange.

Wikileaks publicó entre 2010 y 2011, 700.000 documentos secretos que prueban todo tipo de crímenes de guerra, asesinatos, bombardeos de civiles en Irak, de Estados Unidos y sus aliados, y la complicidad de gobiernos y empresas en estos hechos.

Esas revelaciones lo convirtieron en un enemigo público del imperialismo que ha fraguado acusaciones y burlado sus propias leyes para mantenerlo como un rehén en cárceles de máxima seguridad británicas, totalmente aislado, al precio de un gran deterioro psíquico y físico. Es la primera vez en la historia que Estados Unidos aplica la Ley de Espionaje de 1917 contra un periodista.

Las estratagemas incluyeron una falsa denuncia de abuso sexual de Suecia: la acusadora después dijo que fue instigada por la CIA y se retractó, pero para entonces ya Assange estaba tras las rejas. (La malversación de la lucha contra el abuso de las mujeres para los fines más espurios es exasperante.)

La primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos garantiza la libertad de prensa. Entonces, Joe Biden, como antes Donald Trump, como antes Obama, arguyen que Assange no es un periodista sino un pirata informático que puso en riesgo la vida de sus informantes.

El trato hacia Assange es de una crueldad implacable. Chelsea Mannig, la experta en inteligencia del ejército yanky que sustrajo la información fue detenida en 2010 y sentenciada a 35 años de prisión en 2013 por “una de las mayores filtraciones de información clasificada en la historia de EE.UU.". Pero siete años después Barak Obama le concedió un perdón presidencial. Volvió a la cárcel años porque rehusó testificar contra Assange: "No participaré en un proceso secreto al que me opongo moralmente, en concreto, uno que ha sido usado para atrapar y perseguir a activistas por su discurso político", dijo entonces. Pero volvió a ser liberada después de un intento de suicidio.

El quebranto psíquico de Assange, en cambio, no ha sido tomado en cuenta ni siquiera para aliviar las horribles condiciones de detención.

Las solicitudes para que se retiren los cargos contra Assange y se detenga la extradición son prácticamente universales. No sólo lo pidieron legisladores de EE.UU. sino también los principales organismos de derechos humanos del mundo y las organizaciones de periodistas más relevantes.

Wikileaks difundió los cables en acuerdo con los principales medios del mundo, como The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel o El País, garantizando un proceso de edición riguroso y seguro. Esos mismos medios advirtieron que una condena a Assange sentaría un peligroso precedente para la libertad de prensa y se propone disuadir a los medios de publicar información en el futuro.

La libertad de prensa es prácticamente una quimera, pero la labor de los periodistas muchas veces ha desnudado las mentiras de los poderosos. Los medios independientes han sido expulsados de Gaza, donde solo ingresan aquellos que aceptan que la información sea filtrada por el ejército de Israel. Más de un centenar de periodistas ha sido asesinado, en general junto con su familia, por el sionismo desde octubre a la fecha.

Assange fue el gran develador de los crímenes de guerra de sus carceleros. Por eso lo quieren encerrado y enmudecido. El derecho a la información, el derecho de los explotados a conocer esos crímenes también está amordazado.

Defendamos la vida de Julián Assange. Exijamos su libertad.

Los explotados tenemos derecho a apelar a todos los métodos para conocer -y castigar- los crímenes de los explotadores.

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