Negligencia patronal en CIAREC

Escribe Soledad Domínguez

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La situación de los y las trabajadoras del gremio de Sanidad continúa siendo preocupante. Estos días trascendió la grave situación que atraviesan los trabajadores de Clínica CIAREC.

La clínica de rehabilitación, que venía negando los elementos de protección personal (EPP) a los trabajadores, hoy cuenta con al menos nueve trabajadores contagiados y otros tres bajo análisis. Los trabajadores de la clínica denuncian casos de pacientes muertos por la pandemia, pero la patronal se niega a realizar tests preventivos a todos los empleados como ellos reclaman.

Los y las trabajadoras denuncian una total negligencia patronal, ya que al exigir elementos de protección (básicos frente a los pacientes de alto riesgo y alta complejidad con los que trabajan diariamente – personas en rehabilitación), las autoridades consideraron el reclamo como ridículo. Luego de insistir, solo les entregaron tapabocas. La patronal ocultó información y obligó a las y los trabajadores a atender pacientes sin los insumos necesarios. Incluso a pacientes derivados de otras instituciones, que ingresaron sin controles previos y luego dieron positivo, comentan.

La situación llegó a un límite cuando una enfermera se descompuso cumpliendo su guardia y luego se confirmó el resultado positivo. Hay pisos que se encuentran “perimetrados” y los trabajadores renuncian por el temor a arriesgar sus vidas y las de sus familias debido a la negligencia de las autoridades.

CIAREC es una clínica de rehabilitación tanto motriz como respiratoria y el contacto y la exposición con pacientes es alta (se atiende desde pacientes pediátricos hasta adultos mayores). Las condiciones precarias obligan a sus trabajadoras tomar trabajos en otros centros de salud públicos o privados. Carecen, además, de medios de transporte brindados por la empresa, otro de los reclamos desoídos. Por lo tanto, la entrega de EPP de alta seguridad y de calidad y la realización de los testeos es vital para proteger a trabajadores, pacientes y familiares, y resguardar el número de profesionales, técnicos y enfermeros para hacerle frente a la pandemia. Durante esta crisis, la clínica redujo la planta y, debido a los contagios y aislamientos preventivos causados por la negligencia de la dirección empresarial, ahora no cuenta con suficiente personal para atender a los pacientes y cubrir los turnos.

La patronal responde a los reclamos dejando correr el rumor de un posible cierre, a medida que avanza en presiones hacia los y las trabajadoras que vienen reclamando. El temor de qué va a suceder con los puestos de trabajo, es creciente.

La burocracia de la Celeste y Blanca está en un frente único con la patronal. Argumenta que aquellos trabajadores que pelean por medidas de seguridad y denuncian las violaciones de los aislamientos preventivos, defendiendo sus vidas, van a ser los responsables de que la clínica cierre y todos se queden sin trabajo. Amenazan a los trabajadores diciendo que si siguen denunciando la alta carga viral que circula dentro del establecimiento, se van a ir todos los pacientes y las prepagas no van a querer enviar más. La burocracia defiende los ingresos de la clínica privada -que cobra cientos de miles de pesos por mes por paciente- y no la vida de los y las trabajadoras. Al mejor estilo de Bolsonaro o Trump, la burocracia sale a decir que la Clínica pierda plata es peor que la muerte o el contagio de trabajadores. No levanta ningún reclamo, sino que “macartea” a los trabajadores que reclaman. Se está procesando un intenso debate en diferentes lugares de trabajo y la clase obrera está haciendo una experiencia acelerada con las prácticas de la burocracia sindical.

La salida es de la mano de los y las trabajadoras

En el CIAREC las iniciativas han partido de los mismos trabajadores, quienes realizaron un petitorio y presentaron pedidos de amparo. Lo mismo sucedió en diversos establecimientos, donde se organizaron asambleas o realizaron acciones en reclamo del cumplimiento de protocolos, exigiendo los EPP y rechazando rebajas salariales y el pago del salario en cuotas. Es necesario que esto se propague al conjunto de los establecimientos de la salud privada.

Para unir nuestras fuerzas es necesaria una coordinadora nacional de trabajadores de salud pública y privada que unifique y refuerce nuestros reclamos, se realicen protocolos en donde participen autoridades científicas y trabajadores, se elijan delegados con voz y poder de veto en los comités de crisis, se coordinen servicios y turnos, unifiquen centros de atención privados y públicos, con plenas atribuciones acorde a una situación excepcional como esta. Sólo un orden social planificado y orquestado por los y las trabajadoras va a permitir al conjunto de la población, salir de esta pandemia sanos y salvos.

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