La marcha de municipales abre una nueva etapa

Escribe Andrés Oroño

En la semana del aniversario del Cordobazo

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La contundente marcha de municipales del 27 de mayo, con más de tres mil trabajadores en las calles de la capital de Córdoba, ha impactado en el corazón de una crisis de gobierno y abierto una oportunidad para los trabajadores en general.

La multitudinaria marcha, la más grande en años del gremio, en plena cuarentena se abrió paso a pesar de las dilaciones de la directiva gremial. La secretaria general había declarado el día anterior que en cuarentena era muy difícil luchar contra el ataque al salario y que había que ir a un conflicto de largo tiempo. Pero los trabajadores han demostrado que hoy es el momento.

Las columnas llegaron al centro bajando desde las diferentes dependencias y puntos de concentración esparcidos por la ciudad, lo que escenificó en las calles cordobesas un profundo mapa de lucha. La movilización volvió a mostrar un estado de ánimo popular combativo, que ya se había visto el lunes en la caravana de miles en apoyo a los médicos acusados por el contagio de corana virus en un geriátrico del municipio de Saldan, al calor de la cual afloraron los reclamos por mejores salarios y condiciones de trabajo en la salud.

Crisis política en el gobierno

Los municipales han dado un golpe a la sociedad que detentan el gobernador Schiaretti y el intendente Llaryora, ambos embarcados en un profundo ataque a los trabajadores.

El diario La Voz del Interior, del grupo Clarín, en una nota publicada el mismo día de la marcha, describe el mayor temor de la burguesía: “el gobernador Juan Schiaretti hizo votar un recorte jubilatorio para los pasivos de Córdoba, la decisión judicial [de acusar a los médicos por los contagios] puso a germinar una semilla que tres días después hizo florecer una protesta histórica (…) Córdoba vive un momento de tensiones acumuladas y demasiados frentes abiertos (…) El temor es uno solo: que las diversas protestas gremiales y sectoriales que se esparcen por Córdoba se unifiquen en un único reclamo”.

La marcha de los trabajadores ha puesto el dedo en la llaga del mapa político. Con un gobierno provincial y municipal sin salida, endeudado en ciento ochenta mil millones de pesos (aunque su mayor parte está nominada en dólares), el clamor de los trabajadores abre la perspectiva de un nuevo rumbo.

Sobre esto, es necesario un gran proceso de deliberación en las bases. Los recursos que se quita a los trabajadores están siendo transferidos al pozo negro del acuerdo con los usureros y al subsidio de los grandes pulpos económicos; los recursos no son usados para defender el contagio de la pandemia en las grandes barriadas populares, sino para subsidiar a las grandes patronales. La lucha por el salario y la defensa integral de la vida de los trabajadores debe venir de una diferente utilización de los recursos; y para ello es necesaria una intervención directa de los trabajadores.

Las burocracias sindicales buscan frenar los movimientos de lucha, en complicidad con los gobiernos. El intendente Llaryora pone como ejemplo el acuerdo que firmó a última hora de la noche del lunes con la directiva de UTA y que logró frenar la movilización del martes 26, que hubiera sido también multitudinaria. Sin embargo, el conflicto continúa. La conclusión es que debemos coordinar las luchas y dar un golpe certero.

La importancia del gigante municipal es que pueda convertirse en un motor en esta dirección. Durante la marcha, las simpatías con las consignas de Huelga General y de coordinación de las luchas, levantadas por la Tendencia del Partido Obrero, son un síntoma en esta perspectiva. En la semana del aniversario del Cordobazo la mejor conclusión la aporta el sujeto histórico de las transformaciones, la clase obrera, provocando una crisis a los ajustadores y abriendo una perspectiva a una poderosa lucha por abajo.

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