Rosario: tras histórica marcha, quieren criminalizar a los choferes

Escriben Juan Cruz Mondino y Lautaro Santkwosky

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Dos mil choferes agremiados en UTA protagonizaron el jueves pasado una enorme movilización por el centro de la ciudad de Rosario. La movilización tuvo lugar por el fracaso en las negociaciones que la UTA mantiene con el Ministerio de Trabajo y las patronales, en reclamo por los salarios adeudados, en el marco de una histórica huelga que ya lleva 18 días.

El fiscal Carlos Covani, del Ministerio Publico de Acusación e integrante de la fiscalía especial COVID 19, solicitó a la policía que notifique a los choferes por “violación de la cuarentena” y amenazó con nuevas intervenciones (Rosario3.com), lo que configura una amenaza de ataque al derecho de huelga y criminalización de la protesta. El fiscal y los que estén detrás de este apriete anteponen la “cuestión sanitaria” a la “cuestión salarial” frente a trabajadores que están expuestos al contagio por estar considerados esenciales. Quieren obligar a los choferes y a sus familias a atravesar la cuarentena trabajando expuestos y sin cobrar el sueldo.

La pandemia puso en crisis el esquema mixto público-privado que rige para el transporte de la ciudad, esto es, la política indiscriminada de subsidios estatales a las empresas mientras el sistema de transporte de descalabra, el servicio es deficiente, se adeudan salarios y el precio del boleto pelea el podio del más alto a nivel nacional. La enorme caída del flujo de pasajeros funciona para las empresas como un ariete para reducir personal y salarios, como lo refleja el caso de Ersa, en Santa Fe capital.

Desde el intendente rosarino Javkin hasta el gobernador Perotti y los funcionarios nacionales, brillan por su ausencia para resolver esta crisis que obliga a miles de trabajadores sin transporte a gastar enormes cantidades de dinero en taxis sin cobertura patronal.

Deben abrirse los libros de las empresas e investigar dónde van los millones de pesos de subsidios y la responsabilidad de los empresarios en el vaciamiento del sistema del transporte y poner el servicio bajo gestión de los trabajadores y usuarios que garantice el pago a término de los salarios adeudados y un aumento salarial urgente. La huelga de los choferes se enmarca en lo que fue una jornada bisagra que contó, además, con una concentración de Amsafe por las paritarias y el salario para los reemplazantes, los trabajadores del correo movilizados por la reapertura de paritarias y un bono; los cadetes precarizados instalando una carpa en pleno centro rosarino contra la flexibilización laboral. La continuidad del paro plantea la coordinación con otros sectores del movimiento obrero.

El termómetro de la lucha de clases local está marcando alta temperatura.

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