Maternidad y Teletrabajo en el Estado: la doble opresión a la vista

Escribe Valu Viglieca

Tribuna Estatal Tendencia

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Cuando el gobierno nacional declaró el inicio del Aislamiento Social Preventivo se informó que quienes tuvieran hijos en edad escolar, sufrieran alguna de las causas de riesgo o tuvieran a su cuidado discapacitados o adultos mayores quedaban exceptuados de realizar tareas remotas. Una declaración que la secretaria de Gestión Pública, Ana Castellani, no se cansa de repetir. Al punto que elaboró un informe sobre el tema.

Sin embargo, el gobierno admite que “del personal civil, el 80 por ciento está trabajando, en forma presencial o remota. Sólo el 5 por ciento no puede trabajar de modo remoto debido a la naturaleza de su tarea. El resto se encuentra con licencias por cuidado de niños y niñas menores”. Más allá de que los números no parecen contemplar a monotributistas, no es verdad: muchas estatales que estamos al cuidado de niños y niñas, también estamos trabajando, igual que el resto.

Una semana después de aquel 19 de marzo, algunas áreas de Recursos Humanos enviaron una Declaración Jurada para que todos los empleados informaran qué actividades iban a realizar desde sus casas. La DDJJ no distinguía entre quienes tenían derecho a licencia y quiénes no. Desde entonces, las tareas llegan por email o por WhatsApp, a las horas más extrañas, muchas veces acompañadas de frases del tipo: “con lo que tus tiempos te permitan” o “sin ninguna presión, pero necesitamos que nos ayudes con...”. Como si fuera poco, ni siquiera piden las mismas tareas que se realizaban antes de la cuarentena.

El mismo informe de Castellani reconoce que “a partir del mes de marzo, se pierde la división entre feriados y días hábiles, dándose igual cantidad de accesos en ambos días”. La funcionaria alude al sistema digital por el que trabajamos la mayoría de los estatales, GDE. La secretaría tiene claro que los estatales trabajamos de lunes a lunes. Sin embargo, no hace ningún relevamiento para pagar las horas extras o para otorgar compensatorios a aquellos que trabajan 7x7 cuando antes trabajaban 5x7 y no más de 8 horas diarias.

¿Por qué una trabajadora estatal entraría espontáneamente un domingo a realizar una tarea?

Lo que ocurre es que a las actividades laborales se superponen las tareas de la casa. Ya no es salir corriendo de la oficina para ir a buscar a los chicos al colegio o llamar para ver si están haciendo las tareas. Desde hace 60 días de corrido, sin francos ni feriados, se trata de acompañar la tarea escolar, preparar la comida y contestar el teletrabajo todo en simultáneo. Una jornada laboral no es contigua de la hogareña, sino que se superponen llevando a realizar de forma caóticas ambas. Desde que comenzó la pandemia, durante la semana, en los horarios de nuestra jornada laboral habitual además de atender el trabajo atendemos las tareas del hogar. La mayoría de las familias, si tienen computadora, tienen una sola – hace años que no se entregan las netbooks del Plan Sarmiento. Las tareas escolares de los chicos se hacen en aplicaciones en la computadora, muchos juegos también dependen de las pantallas. Recién cuando los más chiquitos se duermen las mujeres podemos dedicarle la cabeza al trabajo. Esto hace que no haya horas o días de trabajo, sino momentos que no guardan ninguna relación con los horarios dispuestos por los convenios laborales.

La madre con teletrabajo no ficha nunca, siempre está en deuda o con las tareas de la casa o con las de la oficina. O con las dos.

A través del informe Castellani el gobierno ofrece “recomendaciones para el buen desempeño del teletrabajo”. Casi como un chiste de mal gusto propone que organices “una rutina diaria” y “tener un espacio propio donde trabajar”, entre otros. Son contados los casos en los que los funcionarios se tomaron el trabajo de preguntar si había condiciones para realizar las tareas, si había una compu, si había una casa, si había un “espacio propio”, si se contaba con Internet. Mientras ATE y UPCN quieren reglamentar el teletrabajo, relevando a través de encuestas las condiciones de las y los trabajadores, ya van 60 días en que las estatales hacemos malabares con los pibes, el trabajo y las tareas del hogar. El costo se mide en salud, con un enorme estrés.

Las consignas por el derecho a la desconexión, o de reglas claras para el trabajo remoto no surgen de ningún espacio de deliberación de las y los trabajadores. Son las mismas voces que sostienen que “hay quienes prefieren trabajar así porque si no tienen que viajar dos horas o no llegan con el sueldo a pagar todas las horas del cuidado de los hijos que se necesitan”. Otra vez esconden el verdadero problema. La precariedad laboral y el atraso salarial.

Debemos organizarnos en asambleas virtuales por sector para exigir que se respete la jornada laboral.

Efectiva licencia sin afectar el salario a las mujeres y varones con niños en edad escolar a cargo, con enfermedades de riesgo o con personas discapacitadas o adultos mayores bajo su cuidado.

Salario igual al costo de la canasta familiar.

Pase a planta permanente de todos los trabajadores monotributistas y tercerizados.

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