Milei da el presente en la Junta de Paz inventada por Trump para ocupar Gaza e intervenir en cualquier zona de conflicto del planeta

Escribe Olga Cristóbal

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Javier Milei anunció el sábado que Donald Trump lo invitó a sumarse a la Junta de Paz (Board of Peace, BoP), anunciada el jueves pasado y de la cual el propio Trump se autodesignó presidente.

El genuflexo respondió en X que será “un honor” acompañar la iniciativa “para promover una paz duradera en regiones afectadas por conflictos, empezando por la Franja de Gaza”.

En principio, la Junta de Paz “supervisará” la reconstrucción de Gaza y al comité de tecnócratas “palestinos” que la administrará marginando al pueblo palestino de cualquier decisión sobre sus territorios y su destino con el objetivo de forzarlos a abandonar la Franja por las condiciones insoportables de existencia.

El convite del yanky incluiría una serie de condiciones en su estatuto preliminar, entre las que se destaca un “aporte extraordinario” que las naciones invitadas deberían abonar. Trump está invitando a los países a unirse por un período superior a tres años, si están dispuestos a desembolsar más de mil millones de dólares en efectivo durante el primer año de la junta, según un borrador de los estatutos de la junta revisado por The New York Times (18/1).

El documento no indica cuál es el destino de ese dinero. La renovación de los mandatos, de todos modos, estará sujeta no solo al pago sino a la voluntad del presidente (Trump).

“Puedo decir con certeza que es el consejo más grande y prestigioso jamás reunido en cualquier momento y lugar”, había escrito Trump en redes sociales cuando anunció que había fundado su Naciones Unidas paralela, con el objetivo de “terminar con la guerra en la Franja de Gaza, además de otros conflictos globales”. En cuanto a la forma de alcanzar esos objetivos, el preámbulo del texto señala que es necesario “alejarse de enfoques e instituciones que con demasiada frecuencia han fracasado”, en alusión a las Naciones Unidas.

La carta precisa además que la adhesión está limitada exclusivamente a Estados soberanos invitados por el presidente del organismo, es decir, Trump. “La membresía en la Junta de Paz está limitada a los Estados invitados a participar por el Presidente”, indica el artículo correspondiente.

Más claro aún: la lista, de 15 miembros, está siendo conformada por Trump a su antojo. Hasta ahora, los nombrados son principalmente altos funcionarios estadounidenses, entre ellos su yerno Jared Kushner (un desarrollador inmobiliario encargado de convertir la tierra palestina en una Riviera del Medio Oriente), el jefe de la diplomacia yanky Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff, el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, y el ex primer ministro británico Tony Blair -otro desarrollador inmobiliario-, fuertemente resistido por los países árabes por su papel en la invasión a Irak en 2003. Estos primeros integrarían el Consejo Ejecutivo, todos estadounidenses excepto Blair.

Otros invitados para un segundo nivel son el turco Recep Tayyip Erdogan, el egipcio Abdel Fatah al-Sisi, el brasileño Lula da Silva, el paraguayo Santiago Peña, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, y Milei.

Las decisiones de la Junta se podrán votar en conjunto, pero Trump tendrá autoridad exclusiva para aprobarlas o no.

A pesar del carácter autocrático en la conformación del organismo y la anulación de todo derecho nacional a los palestinos, la Junta de Paz fue respaldada por un mandato legal de las Naciones Unidas: el infame voto del Consejo de Seguridad de la ONU en noviembre.

Sin embargo, aunque se supone que la Junta se concibió como parte del plan de Trump para supervisar Gaza, en los estatutos ni siquiera se la menciona. “Esa omisión alimentó las especulaciones de que el grupo podría tener un mandato más amplio para cubrir otros conflictos e incluso podría tener como objetivo crear una alternativa al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dominada por Estados Unidos” (ídem).

Según los estatutos, la misión de la Junta es «promover la estabilidad, restablecer una gobernanza fiable y legítima y garantizar una paz duradera en las zonas afectadas o amenazadas por conflictos». Como se ve, un permiso de intromisión librado a la voluntad del yanky en todos “los conflictos” del planeta.

Junto con la «Junta de Paz», la Casa Blanca también esbozó el viernes una «Junta Ejecutiva de Gaza» que ayudaría a servir de enlace con un comité de tecnócratas palestinos designados para administrar la vida cotidiana en Gaza. La junta ejecutiva de Gaza incluye, entre otros, a Ali al-Thawadi, un alto funcionario qatarí, y al canciller turco, Hakan Fidan.

La relatora especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, afirmó que la Junta “no es legal": “Se trata de un intento descarado de imponer, mediante la amenaza de una fuerza continua contra una población prácticamente indefensa, los intereses de EE.UU. e Israel”, declaró.

Esta segunda junta ejecutiva desempeñaría un papel de apoyo. Algunos funcionarios estadounidenses forman parte de ambas, al igual que Blair (NYT, 19/1). Y es la que debería supervisar una “Fuerza Internacional de Estabilización” que se desplegará en Gaza con el objetivo de desarmar a Hamás y a las milicias palestinas y ocuparla durante la campaña de reconstrucción, que se extenderá por varios años (NYT, 19/1).

Si bien Trump ya nombró al general estadounidense que debería dirigirla, por ahora ningún país -incluido Estados Unidos- se mostró dispuesto a integrarla. El designado es el mayor general Jasper Jeffers, comandante del Mando Central de Operaciones Especiales, que opera en Oriente Medio, y tiene en su CV haber “supervisado” el alto el fuego negociado entre Israel y el Líbano el año pasado, que los sionistas han violado más de un millar de veces.

No está claro cómo esa fuerza internacional garantizaría la desmilitarización de Gaza. Por las dudas, el jueves pasado, Trump amenazó a Hamás con un nuevo conflicto si no se desarmaban, escribiendo en las redes sociales: «Pueden hacerlo por las buenas o por las malas» (NYT 16/1).

Trump avanzó que dará más detalles durante el Foro de Davos, que se celebra en Suiza y donde tiene previsto intervenir.

A las inacabables muestras de subordinación de Milei a los mandatos de Trump se sumó la decisión del gobierno de declarar organización terrorista a la Fuerza Quds, una fracción de la Guardia Islámica. El gobierno de la República Islámica respondió que la Argentina “sin duda recibirá una respuesta adecuada por parte de Irán”.

La integración de Milei a la Junta de Paz inventada por Trump involucra a la Argentina aún más profundamente en la política belicista, fascistizante y autocrática del norteamericano.

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Franja de Gaza: la “segunda fase” reafirma la disolución del Estado palestino y la ocupación del territorio por parte de Israel Por Olga Cristóbal, 15/01/2026.

Revista EDM