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En vísperas de su viaje a Davos para participar del Foro Económico Mundial -el evento anual que reúne a los popes del capitalismo mundial-, Javier Milei emitió un decreto que limita severamente la participación de empresas chinas en licitaciones estatales y contratos públicos en áreas consideradas estratégicas.
“La norma, que comenzará a regir en los próximos días, excluye a un amplio universo de compañías vinculadas a China de procesos de contratación pública en sectores sensibles para la seguridad nacional y la infraestructura crítica” (El Cronista, 18/1). Es un obsequio a Donald Trump, cuyo gobierno se fijó la meta de ´expulsar´ a China de Argentina. Así lo explicitaron, a su turno, el nuevo embajador norteamericano Peter Lamelas y el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent.
Tiempo atrás, Luis “Toto” Caputo rechazó incluir una inversión de US$ 273 millones de la china Gangeng Lithium en Salta en el RIGI. Y meses antes, Economía excluyó a la firma CCCC Shanghai Dredging Co. Ltd de la licitación para el dragado de la Hidrovía (El Cenital, 11/1). También se encuentra paralizada la construcción de las represas en Santa Cruz, consideradas la obra de infraestructura más importante que China financia fuera de su territorio. Por necesidad, el gobierno habría dado luz verde a que se reanuden los trabajos de la más chica de las dos represas, renombrada Jorge Cepernic. “El gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal anunció el ingreso de USD 136 millones desde China para reactivar la obra. Las empresas consideran que se trata de una cifra insuficiente incluso para reiniciar los trabajos. Pero lo más curioso es que ninguna autoridad del gobierno nacional ratificó el anuncio del gobernador”, señala La Política Online (20/1). Por ahora, el gobierno argentino no se animó a expulsar a China de la base instalada en Bajada del Agrio, en Neuquén, reiteradamente denunciada por Estados Unidos como una central de espionaje satelital.
Bajo la gestión Milei, sin embargo, el intercambio comercial con China alcanzó su punto más alto hasta ahora. Según datos oficiales, en 2025, las exportaciones argentinas sumaron US$ 87.077 millones, “cerca del récord de 2022 y un 9,3% más respecto de 2024” (La Nación, 2/1). Y aunque las exportaciones a Estados Unidos fueron un 28,7% más altas que las de 2024 y los envíos a la India aumentaron 35%, las exportaciones a China crecieron 61 %. Con Milei, China se convirtió en el primer ´socio comercial´ de Argentina, a la par de Brasil, y creciendo. “Las semillas oleaginosas, principalmente la soja, tuvieron un muy buen desempeño en el contexto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. El gigante asiático buscó proveedores alternativos, entre ellos la Argentina”, apunta LN (ídem). Argentina envía a China el 85% de sus exportaciones de carne y el 70% de sus granos.
“Las importaciones totalizaron US$ 75.791 millones, cifra 24,7% superior a la del año anterior. Este crecimiento dispar hizo que el saldo del comercio exterior, de US$ 11.286 millones, se redujera un 40% interanual, lo que implica que ingresaron menos dólares al país. La recuperación de la actividad y la liberalización del comercio exterior fueron claves en el aumento de las operaciones, según analistas” (LN, ibidem). ¿Cómo se dirá “viva la libertad, carajo” en chino?
La cada vez mayor penetración comercial china ha agudizado contradicciones no sólo ´geopolíticas´. La industria metalúrgica cerró 2025 en su peor nivel desde la pandemia, según ADIMRA. La cámara patronal acusa que la actividad retrocedió 0,9% respecto de 2024 y quedó casi 20% por debajo de sus máximos recientes, mientras que la utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 44%, uno de sus registros más bajos.
En cambio, las importaciones metalúrgicas se ubicaron en niveles históricamente elevados, con un crecimiento interanual del 18,9% y China se consolidó como el principal país de origen de esos bienes. También hubo un significativo aumento de las importaciones de vehículos automotores, mientras que la producción local de vehículos cerró con una caída del 3,1% respecto de 2024. En la vereda de enfrente, los capitalistas del “campo”, unidos por un cordón umbilical a la demanda asiática, demandan obras de infraestructura -fundamentalmente, la reconstrucción del Belgrano Cargas, que será privatizado, y el dragado de la Hidrovía a 40 pies- para mejorar la logística del flujo de mercancías a China.
En medio de estos tironeos el gobierno argentino debe renovar el swap con China. Si China decide no renovar ese acuerdo, “la Argentina debería pagar a mitad de año entre USD 2.750 millones y USD 5.000 millones, de un tramo que se activó” (La Política Online, 20/1). En cambio, el swap por USD 20.00O con Estados Unidos que se anunció en la campaña, nunca se concretó (ídem). Tampoco apareció la billetera norteamericana para auxiliar a Milei ante el primer vencimiento del año, por el cual Caputo tuvo que contratar un REPO -préstamo de bancos privados contra garantías- para reunir los US$ 4.300 millones necesarios para cubrirlo. Entre los bancos prestamistas se anotó, humildemente, un banco chino. Este año, el Estado argentino debe afrontar vencimientos de deuda por US$ 20.000 millones.
