La podredumbre moral de la elite capitalista sale a flote

Escribe Iara Bogado

Epstein, Musk y el gobierno de la pedofilia.

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Los recientes archivos liberados por el departamento de justicia de Trump pusieron de manifiesto un encubrimiento estructural. La publicación de un aluvión de 3 millones de páginas en febrero de 2026 puso de manifiesto una “negligencia” criminal: mientras se revelaban "al menos 40 fotos que mostraban los cuerpos desnudos de mujeres jóvenes, incluidas sus caras" (The New York Times, 1/2/26), con precisión quirúrgica y deliberada protegieron a los poderosos. El mensaje del Estado es claro: la dignidad de las víctimas de clase trabajadora es sacrificable; la de la élite, sagrada.

Jeffrey Epstein no fue un depravado aislado, sino un nodo funcional en los circuitos de poder del capital financiero. Su red de tráfico sexual tenía un propósito de clase claro: "proporcionar mujeres y niñas jóvenes a otros individuos ricos y poderosos" (The Guardian, 1/2/26). Esta práctica, como señalaron los abogados de las víctimas, era un sistema de "favores" para acumular "control y poder sobre las personas que estaban implicadas" (The Guardian, 1/2/26). Las listas de contactos —desde Trump, Clinton y el príncipe Andrés, hasta magnates como Les Wexner, Leon Black, Elon Musk y el secretario de Comercio Howard Lutnick— no son una colección de "manzanas podridas". Son la evidencia de la descomposición del sistema capitalista a través de sus principales cabezas. La "muerte por suicidio" de Epstein en una celda con cámaras saboteadas fue el primer acto de un encubrimiento de clase que hoy continúa.

Los documentos desclasificados, específicamente el archivo EFTA00147661 reportado por RT, contienen testimonios que, de ser ciertos, expondrían no solo una red de depravación sexual, sino lo que podría interpretarse como prácticas de terrorismo de clase y ritualización sádica del poder absoluto. La presunta víctima describe en un yate de Epstein escenas de "sacrificio ritual", mutilaciones con cimitarra que no dejaban cicatriz, actos de canibalismo y coprofagia directo de intestinos de bebés, e implican al expresidente George H.W. Bush en una violación. (MVS noticias, 2/2/26)

La podredumbre sigue escalando, no se limita a las redes de tráfico sexual físico, sino que se extiende a los dominios digitales, Elon Musk, magnate tecnológico y figura central del capitalismo de Silicon Valley, permite que Grok, la inteligencia artificial de su plataforma X (ex-Twitter), produzca imágenes de pornografía infantil para usuarios verificados, es decir, aquellos que pagan por el privilegio de la tilde azul. Este hecho no es un “descontrol de la IA”, sino la expresión lógica de la moral del capital en su fase más cínica y desregulada.

Este escándalo estalla en el corazón de la crisis del imperialismo norteamericano. La administración Trump es la expresión política de una burguesía en decadencia histórica que, para recomponer su hegemonía, impulsa una guerra internacional e impone una reconfiguración fascistizante interna (como es visible con los conflictos de la Gestapo norteamericana, el ICE). En este marco, el caso Epstein es un punto de implosión. Trump usó el caso como ariete propagandístico contra el estado profundo demócrata. Una vez en el poder, hizo todo lo posible para impedir la publicación de archivos, hasta que la rebelión de su base fascistoide lo forzó a un giro cínico.

El caso de Grok y la red de Epstein operan bajo la misma lógica descompuesta: la conversión de todo, incluso de los crímenes más impensables, en una mercancía del poder dominante. La derrota de estas elites sólo será impuesta en las calles por la clase obrera bajo un horizonte donde la tecnología y la riqueza social esté en manos de los explotados.

LEER MÁS:

*Los archivos Epstein y la crisis del poder imperial norteamericano** Por Ceferino Cruz, 04/02/2026.

Revista EDM