El sable corvo de San Martín: manipulación histórica y militarismo

Escribe Lucas Giannetti

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En una clara maniobra de manipulación histórica, y política, el gobierno nacional dispuso el traslado del sable corvo que San Martín utilizara en su cruzada emancipadora. Por medio del DNU 81/2026 fechado el 2 de febrero y firmado por Javier Milei y el ministro de Defensa Carlos Presti, la custodia oficial, desde el 7 de febrero, regresó a la sede principal del Regimiento de Granaderos a Caballo, en el barrio porteño de Palermo, tras más de una década de integrar la colección del Museo Histórico Nacional (MHN), ubicado en el barrio de San Telmo. El acto de traspaso se realizó en la ciudad santafesina de San Lorenzo, a 213 años del Combate de San Lorenzo, donde Javier Milei fue el responsable de entregar la pieza a sus nuevos custodios.

Uno de los argumentos blandidos por los libertarios para justificar el traslado es que el sable fue donado en 1897 al Estado Nacional, pasando a ser parte del patrimonio público argentino. Partiendo de esta caracterización, el hilo conductor del DNU 81 es que es una obligación estatal el resguardo de los símbolos patrios y que “la presente medida se inscribe en una decisión del Estado nacional orientada a honrar la historia nacional, asegurar una administración responsable del patrimonio público y reafirmar, a través de sus símbolos fundacionales, la soberanía, la independencia y la libertad como principios rectores del orden republicano”.

Un poco de historia

En septiembre de 1811, y luego de haber servido al ejército español durante 20 años, el teniente coronel José de San Martín se traslada a Londres y antes de emprender la vuelta, a las ahora denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata, decide hacerse de un arma blanca, adquiriendo un sable shamshir usado, de origen árabe y de hoja alfanjada que lo acompañaría en toda la guerra de la independencia. El 3 de febrero de 1813, San Martín lo usaría por primera vez en la Batalla de San Lorenzo, en la que fuerzas independentistas vencieron a las tropas realistas. Fue el único combate librado por San Martín y los Granaderos a Caballo en territorio argentino. Luego de su periplo, el 10 de febrero de 1824, San Martín se embarca rumbo a Europa, pero sin el sable corvo, que, según historiadores especializados en el tema, quedó en la ciudad de Mendoza en poder de Josefa Ruiz Huidobro, a quien le confió su equipaje y papeles.

En una carta fechada en París el 5 de diciembre de 1835, San Martín le encarga a su yerno, Mariano Balcarce y a su hija Merceditas, quienes se encontraban de viaje en estas tierras, que “(...) se traigan (...) mi sable corvo, que me ha servido en todas mis campañas de América, y servirá para algún nietecito, si es que lo tengo". Dos años más tarde será entregado por el mismo Balcarce en Francia.

Casi diez años después, San Martín redacta su testamento en Paris, el 23 de enero de 1844, en el que se puede leer que el sable corvo "le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla". La relación epistolar entre Rosas y San Martín se inició a instancias del bloqueo francés en 1838 realizado en el Río de la Plata contra la entonces Confederación Argentina, y a través de una misiva, San Martín ofrecía sus servicios de combate ante la agresión externa.

Luego de la muerte de San Martín el 17 de agosto de 1850, el 30 del mismo mes, Balcarce, en su carácter de albacea, se dirige a través de una carta a Rosas, dando cuenta de las disposiciones del testamento y al poco tiempo le envía el sable. Luego de la derrota de Caseros, Rosas se embarca hacia Inglaterra el 10 de febrero de 1852, llevando consigo el sable corvo. Tras la muerte de Rosas el sable queda en manos de su hija Manuelita y de su yerno, Máximo Terrero. En 1896 al inaugurarse el Museo Histórico, la familia de Rosas lo dona con la condición de que permanezca exhibido en ese museo.

El 12 de agosto de 1963 el sable fue sustraído del Museo por cuatro militantes de la Resistencia Peronista que querían utilizarlo como prenda de cambio por el cadáver de Eva Perón. Doce días después del robo, el sable fue restablecido por el ex capitán Adolfo César Philippeaux (de origen peronista y participante del levantamiento de Valle en 1956) que al enterarse que el arma estaba en posesión de la Resistencia, les exigió su devolución. El destino final que planeaban los miembros de la Resistencia era hacérselo llegar a Perón, trazando, según la organización, una continuidad histórica entre San Martín, Rosas y Perón.

Dos años después, el 19 de agosto de 1965, el sable fue nuevamente robado, esta vez por una pequeña organización armada peronista y once meses después fue recuperado por los servicios de inteligencia del Ejército. Onganía, dándole una envestidura militar, lo puso bajo custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo hasta el 2015, cuando por el DNU 843/2015 del gobierno de CFK, volvió al Museo Histórico Nacional, en donde permanecía un destacamento de granaderos.

Cuestionamientos

Por su importancia simbólica y por el intento de apropiación histórico por parte de los liberticidas, el traslado despertó cuestionamientos desde diferentes sectores. En principio María Inés Rodriguez renunció a su cargo como directora del MHN. Su antecesor en el cargo, Gabriel Di Meglio, también renunció al cargo debido a los recortes presupuestarios y a la controversia instalada por los libertarios sobre el traslado del sable.

Desde la Asociación Argentina de Investigadores en Historia señalaron que la “medida representa un grave antecedente en materia de protección de patrimonio histórico, al subordinar criterios museológicos a decisiones discrecionales del Poder Ejecutivo”.

Por su parte herederos de la familia Terrero, presentaron una acción judicial para impedir el traslado. Los descendientes de Rosas argumentan que el sable debe permanecer en el MHN. En el escrito judicial alegan que “(...) el cargo oportunamente asignado como condición en la donación, que fuera aceptada por el Estado Nacional”. En este sentido, la acción de Milei no solo viola la voluntad del donante, sino que habilita jurídicamente la revocación de la donación. El Código Civil y Comercial es claro: cuando se incumple el cargo, la donación cae, lo cual plantearía una grave incertidumbre.

En su alocución en el acto realizado en San Lorenzo, Milei, en una clara alusión al peronismo, señaló que “no es de extrañar que hoy este mismo sector pone el grito en el cielo por lo que en realidad es un acto de justicia histórica. Pero los argentinos no nos vamos a dejar manipular”.

Lo cierto es que Milei, al igual que Onganía en 1967, dispuso el traslado del sable de un espacio civil y educativo, como lo es el MHN, a un cuartel militar de acceso restringido. Pero la apropiación histórica no es patrimonio de los liberticidas. CFK en 2015, cuando decide pasar el sable al MHN, lo hizo enrolada en su política de cooptación de los organismos de derechos humanos, separando a San Martín de su dimensión militar. Milei de una manera desembozada “viene utilizando la figura de San Martín, los Granaderos (...) como elementos de legitimación política, vaciándolos de su complejidad histórica y resignificándolos al servicio de su propio proyecto ideológico” (La Insuperable 3/2).

El traspaso del sable implica una señal a las cúpulas de las Fuerzas Armadas y a la militarización llevada adelante por el gobierno, que incluye la reincorporación de los militares en la esfera política, a través de diferentes iniciativas, como el nombramiento de Presti al frente del Ministerio del Interior, lo que se combina con la obstaculización de los juicios de lesa humanidad de la última dictadura militar. Otra instancia del militarismo empujado por el gobierno se asocia a la ruptura con una hija dilecta de la “familia militar”: la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien en sus redes sociales se ha encargado admitir, que, en términos políticos, ya no forma parte del gobierno, y éste se quiere hacer de su activo político. Los envalentonados libertarios, pensando en las presidenciales del 2027, hablan de una nueva compañera de fórmula de Milei con ascendencia en el sector militar.

A 50 años del golpe de Estado, ante el militarismo del gobierno, el próximo 24 de marzo debe convertirse en una demostración única de conciencia política, ante las aberraciones de la camarilla gobernante de corte fascista y sus socios que atraviesa a todo el arco político burgués.

Revista EDM