Escribe Gabriela Jorge
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Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, tiene su centro de gravedad en la barbarie de una guerra imperialista.
Esta barbarie se manifiesta en el genocidio sionista contra el pueblo palestino -más de 80.000 asesinatos, incluidos millares de niños y jóvenes-, el bombardeo a Irán comandado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu (85 niñas fueron asesinadas en una escuela), la guerra de la OTAN y Rusia, la persecución a migrantes y la amenaza de inanición a Cuba. Donald Trump se encuentra acusado por delitos económicos y sexuales, y Netanyahu por crímenes de guerra y corrupción.
La guerra contra hombres y mujeres de la clase obrera y los explotados se desarrolla en el mundo entero. Bajo el propósito de liquidar y degradar conquistas obreras y libertades democráticas, millones de familias son arrojadas a la calle, a la desnutrición y al hambre.
Trump ha declarado abiertamente su propósito de sometimiento del resto del mundo mundial, como último recurso para revertir la declinación histórica del imperialismo norteamericano.
En Argentina, un gobierno cómplice del genocidio palestino y comprometido con la guerra imperialista. ha saludado el bombardeo a Irán y ofrecido los puertos y mares del país para el asiento de bases imperialistas.
La contrarreforma laboral impone un estatuto de esclavitud a las mujeres y familias trabajadoras. El agravamiento en las condiciones de vida no puede sino acrecentar la violencia doméstica.
La guerra mundial intensifica la violencia del Estado y la instauración de regímenes políticos de excepción y dictaduras. contra las masas. Los femicidios no son otra cosa que el correlato de la violencia capitalista social y de la violencia estatal.
Los nexos entre las redes de prostitución y trata parten de las altas esferas del capital financiero y del imperialismo internacional. Es lo que han dejado en evidencia los archivos del delincuente de género Jeffrey Epstein.
La violencia contra la mujer es una forma extrema de la opresión en una sociedad dividida en clases antagónicas y se manifiesta en todos los órdenes de la vida social, en un contexto de crisis y disolución de las relaciones sociales y familiares.
Las llamadas “políticas públicas” para proteger a la mujer y a la niñez han fracasado; la ultraderecha ahora las suprime como un desperdicio del gasto público. Para terminar con toda forma de opresión de la mujer es necesaria la unidad política de las trabajadoras y trabajadores para derrocar a la oligarquía económica y política de los Epstein y establecer un poder político de la clase obrera –en todos los países.
Mientras atacan también nuestro derecho a maternar, hay un claro movimiento para derogar el derecho al aborto (que ha sido reducido a su mínima expresión). Una intención de Milei, en su programa de “reforma de la arquitectura institucional”. Milei y su paladín Mariano Cúneo Libarona han expresado la pretensión de eliminar la figura de femicidio del Código Penal, para reducir los derechos jurídicos de la mujer. El progresismo ha utilizado la figura del femicidio para sustituir el conflicto de clases por un conflicto identitario, y profundizar el seguidismo político de los trabajadores a los partidos patronales. La orientación policlasista e identitaria ha servido como un mecanismo de cooptación de los estratos femeninos socialmente aventajados al Estado, y para la estatización del movimiento de la Mujer.
El colaboracionismo y el inmovilismo de quienes operaron como dirección bajo el brazo del peronismo, el kirchnerismo y la burocracia sindical, volvió a evidenciarse frente a la contrarreforma laboral. Se han convertido en pilares de la consolidación de Milei, con los votos de los gobiernos peronistas y la colaboración de la CGT. El feminismo patronal no ha participado de ninguna movilización contra el genocidio palestino, no denuncia el carácter contrarrevolucionario internacional del sionismo, ni confronta con la guerra imperialista mundial.
Necesitamos recuperar la organización independiente de las mujeres en los barrios, lugares de trabajo y de estudio como herramienta de lucha frente al cuadro actual. La lucha contra la violencia hacia la mujer y la defensa de nuestras condiciones de vida no pueden separarse.
Es necesario desarrollar un movimiento de mujeres socialistas de la clase obrera que luche por nuestras reivindicaciones, hermanada a la lucha contra el Estado y los gobiernos de la guerra imperialista
Este 8 de marzo, todas estas cuestiones están en primer plano.
Derrotar a los criminales de guerra significaría un golpe contra la reacción y el fascismo en el mundo entero y fortalecería las luchas que protagonizamos las trabajadoras y nuestras familias: la ocupación de FATE, las autoconvocatorias docentes, las luchas en el Garrahan, de los jubilados y en las universidades.
Somos parte de la clase obrera y, como tal, somos una fuerza decisiva contra la guerra imperialista y en la construcción de un futuro sin explotadores ni explotados. Por eso planteamos la organización política independiente de la mujer trabajadora, la unidad internacional de los trabajadores, el gobierno obrero y el socialismo.
Organicemos reuniones, asambleas y plenarios para que este 8 de marzo sea una gran jornada de lucha nacional: por la reincorporación incondicional de todos los despedidos en FATE, contra los desafueros en Garrahan, por la docencia autoconvocada, y para acelerar la caducidad y derrota del gobierno liberticida Este 8 de marzo está estrechamente ligado a la preparación de la movilización del 24M contra la impunidad de los genocidas y contra el indulto que anunciará Milei, en el 50 aniversario, precisamente, del infausto golpe militar.
Por las autoconvocatorias, las coordinadoras y la huelga general política de masas.
Construyamos una organización internacional y socialista de las mujeres trabajadoras. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra.
