Escribe Marcelo Ramal
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En la sesión de este jueves, los diputados del FITU votaron en contra del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, tal como lo hizo una parte de los diputados del kirchnerismo. Pero la coincidencia no se limitó a la circunstancia puntual del voto negativo. Lo que se destacó en la sesión fue la identidad de los argumentos. El FITU votó contra el acuerdo con los planteos del nacionalismo capitalista. En su intervención, Néstor Pitrola señaló que el acuerdo será “el reino del saqueo de los recursos estratégicos y una esponja que absorba la sobreproducción industrial europea, favoreciendo exportaciones primarias —carne, granos, minerales y energía— mientras se profundiza la dependencia” (Prensa Obrera, 13.2)”. La denuncia de la “primarización” económica, mientras “absorbemos” a la producción europea, es la misma queja que formula el capital local afectado por el acuerdo.
Para completarla, Pitrola señala que “somos uno de los 22 países con industria automotriz y la van a destruir. En 15 años habrá arancel cero frente a potencias como Alemania o Italia, cuando ya nos están inundando de autos importados”. “En la misma línea -agrega Prensa Obrera- señaló que sectores como el neumático y el textil ya muestran niveles críticos de importación y capacidad ociosa, como anticipo de un desmantelamiento mayor del tejido productivo”. (Prensa Obrera, 13.2). Lo que Pitrola no menciona es que parte de esas terminales automotrices son empresas de capital europeo. Según su versión, los gobiernos que defienden a FIAT, VW o Mercedes habrían entrado en una conspiración para competir… con sus propias terminales en el Mercosur, hasta llevarlas eventualmente a su cierre. Lejos de esta vulgaridad, lo que promueve el acuerdo de reducciones arancelarias recíprocas es, por un lado, un cupo de importación de autos europeos al Mercosur y, por el otro, el ingreso de autos y partes a la UE por parte de las terminales europeas o autopartistas del Mercosur. La reducción de aranceles redobla la competencia entre países y bloques; refuerza, por lo tanto, la presión patronal sobre la clase obrera, del Mercosur y de la UE, en favor de la reducción del “costo laboral”. Esa presión, por otra parte, viene acicateada por otra competencia -la de los otros acuerdos comerciales, por ejemplo, el de Argentina con Estados Unidos, firmado después que el acuerdo entre el Mercosur y la UE.
En manos de los gobiernos y bloques capitalistas, y en el marco de una guerra internacional, los acuerdos comerciales son, antes que nada, un arma de extorsión de las burguesías de cada país contra su propia clase obrera. Ni una palabra de Pitrola fue dedicada a esta cuestión crucial.
El argumento de Pitrola, en defensa de “nuestra” industria, reviste una particularidad: en el Parlamento de uno de los países del Mercosur, el representante de una fuerza que se proclama socialista e “internacionalista” colocó los intereses de la clase obrera argentina en colisión con los de la clase obrera europea: o sobrevive nuestra industria, o la de ellos. Es lo mismo que hacen “en espejo” los agricultores franceses o españoles, cuando rechazan este mismo acuerdo en nombre de “nuestro” (el de ellos) campo”. Se dirá que, al menos, lo hace para defender a los trabajadores de Argentina -pero es falso. El ángulo de la “defensa de la producción local” es el que esgrimen y esgrimirán todas las burocracias sindicales para resignar derechos y salarios, en nombre de enfrentar a “lo que viene de afuera”. El nacionalismo capitalista, como ángulo de defensa contra los “globalizadores”, es un llamado a estrechar filas con el explotador local contra el explotador extranjero. En su discurso, Pitrola alertó sobre las importaciones de neumáticos y otros productos, en defensa del “tejido productivo”. Pero los grandes importadores de neumáticos son las propias industrias locales de cubiertas. Cuando en 2016, todavía en el PO, denunciábamos las importaciones de neumáticos de FATE, o, antes, las de cables de Lear, lo hicimos siempre para denunciarlas como un ariete de Madanes y las otras patronales contra las huelgas, los salarios y condiciones laborales de los trabajadores. El lenguaje del “tejido productivo” une a las víctimas del “industricidio” con sus victimarios.
En la intervención de Pitrola -y vale para el resto del FITU- estuvo ausente la caracterización del acuerdo UE-Mercosur como un episodio de la guerra internacional, que es una guerra del capital y de sus diferentes bloques contra la clase obrera. En este sentido, los acuerdos son inseparables de la contrarreforma laboral -todo esto estuvo ausente en la “denuncia” parlamentaria del FITU. La crítica al acuerdo UE Mercosur en nombre del nacionalismo capitalista es reaccionaria. En oposición a esa perspectiva, denunciamos al acuerdo como parte de la guerra contra la clase obrera y llamamos al proletariado europeo a una acción común en defensa de las conquistas obreras amenazadas. Al “libre comercio” de las potencias imperialistas, que no es “libre” sino solamente la antesala de la guerra, le oponemos la unidad internacional de los trabajadores contra la guerra y por gobiernos de trabajadores en todo el mundo.
