Con un paro de 48 horas; con el paro de los delegados del transporte y marchas y movilizaciones en todo el país.
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A pocos días de su ingreso a la cámara de Diputados para su sanción definitiva, la cláusula de la contrarreforma laboral referida a los trabajadores que se accidenten o se enfermen “fuera del trabajo” ha suscitado una gran indignación.
Lo mismo ocurre con la que liquida el Fuero Nacional del Trabajo. El paso al Tribunal Superior de CABA desplazaría el recurso de apelación a la Corte Suprema. Bajo el estado de derecho, la clase obrera se convertiría en paria, es decir, quedaría privada de todo derecho.
La destrucción del fuero del trabajo dinamita el único recurso que tiene un trabajador para hacer valer sus derechos laborales.
Esta cláusula conduce al despido de magistrados y, naturalmente, de trabajadores judiciales.
Con juntas médicas y tribunales digitados -con nombre y apellido- por las propias patronales, el “VAR” de las relaciones laborales ha quedado en manos exclusivas de la clase patronal.
Es un régimen de excepción armado, paso por paso, contra la clase obrera.
Patricia Bullrich ha anunciado que el Gobierno está dispuesto a “corregir” el alcance del punto enfermedades con una ley posterior o con un decreto reglamentario. Mentiras. Es probable que la “reglamentación” empeore las cosas, pues intentará salvar el principio negrero (sancionar al trabajador enfermo) multiplicando los controles burocráticos y exponiendo la norma a su judicialización.
Los liberticidas quieren evitar que la ley vuelva al Senado y así su aprobación se dilate.
La CGT, en este cuadro, ha convocado a un paro de 24 horas, sin movilización, “para el día en que se trate la ley”. No es una medida dirigida a voltear la reforma, sino a “cerrar”, junto con el gobierno, la sanción de la reforma antiobrera.
Para derrotar la contrarreforma necesitamos un paro inmediato, antes del tratamiento en Diputados, que se extienda al día de su tratamiento; un paro de 48 horas, de carácter activo. Este paro activo será secundado por numerosos cuerpos de delegados del transporte urbano y ferroviario, asegurando la participación de todo el transporte, con marchas, movilizaciones y piquetes en todo el país.
Ese paro debe servir como preparación de una huelga general indefinida, para que la reforma no pase -si de Diputados volviera al Senado- o para su anulación, en caso de que resulte votada.
Discutamos parar y movilizarnos, en las fábricas, líneas de transporte, reparticiones, hospitales y escuelas, hasta derrotar la ley antiobrera de Milei.
