Escribe Bruno Corzo
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Una nueva y multitudinaria marcha de docentes autoconvocados recorrió las calles de Catamarca el miércoles 11 de marzo, ratificando la continuidad del plan de lucha por recomposición salarial, estabilidad laboral, cobertura de cargos vacantes e infraestructura escolar. La movilización se desarrolló en la antesala de una nueva reunión paritaria entre el gobierno provincial y la burocracia sindical, en un cuadro marcado por el crecimiento de la organización independiente de la docencia y el rechazo a las maniobras oficiales para desmovilizar el conflicto.
En la capital provincial, una columna nutrida volvió a marchar por el centro de la ciudad hasta la plaza principal. Participaron delegaciones de los departamentos Santa Rosa, El Alto, Fray Mamerto Esquiú y Valle Viejo, mientras que, en el interior, se realizaron acciones y concentraciones en Tinogasta, Fiambalá, Belén, Andalgalá y Santa María, donde la lucha continúa desarrollándose con firmeza. En varias de estas localidades se mantiene la participación activa de trabajadores de la salud y municipales, destacándose especialmente su presencia en Andalgalá y Belén, lo que refuerza la tendencia a la confluencia de distintos sectores del movimiento obrero provincial.
En los días previos a la movilización, el gobierno provincial convocó por primera vez en el año a asambleas de opción de cargos para los niveles inicial, primario y secundario. La realización de estos actos públicos de cobertura de cargos es, sin lugar a dudas, un resultado directo de la lucha docente. Sin embargo, la maniobra oficial apunta a descomprimir el conflicto sin resolver el problema de fondo. La docencia denunció numerosas irregularidades: los cargos ofrecidos representan apenas una parte de las vacantes existentes en toda la provincia, el orden de mérito utilizado se encuentra desactualizado y el procedimiento estuvo improvisado, sin resolver la cobertura real de numerosos puestos de trabajo.
Paralelamente, trascendió que desde la Dirección de Recursos Humanos de la provincia se realizaba un relevamiento de docentes en condiciones de titularización, justo en la antesala de la reanudación de la paritaria. La noticia despertó inmediatamente una sospecha fundada entre los trabajadores: que el gobierno prepara una maniobra de presión o extorsión, utilizando la titularización como herramienta para imponer su esquema de ajuste salarial. El repudio a esta maniobra estuvo presente en las consignas y discursos de la marcha en la capital.
Por su parte, la burocracia sindical volvió a protagonizar un episodio bochornoso. La conducción de ATECa, sindicato de base de la CTERA en la provincia, difundió públicamente que seiscientos cargos de nivel inicial estarían en riesgo. Días después convocó a una reunión con docentes de ese nivel afiliadas al gremio para presentar una supuesta propuesta al respecto. La convocatoria fue un fracaso rotundo, con una asistencia mínima. El intento de la burocracia de desviar y desarticular la lucha autoconvocada quedó nuevamente expuesto, confirmando la ruptura creciente entre la conducción sindical y la base docente.
La convocatoria a la marcha en capital fue progresiva y ascendente. Desde el horario de concentración por la tarde, los docentes fueron saliendo de sus lugares de trabajo y sumándose a la concentración, hasta conformar una columna que fue creciendo a cada paso mientras avanzaba por el centro de la ciudad. La manifestación culminó en la plaza principal, frente a la Catedral Basílica, donde se instaló nuevamente una tribuna. Allí, los oradores ratificaron la continuidad de la lucha, la independencia política del movimiento autoconvocado frente al gobierno y las burocracias sindicales, y la necesidad de desarrollar una orientación propia basada en las reivindicaciones de la docencia y la defensa de la educación pública.
La reunión paritaria que se desarrolla en estas horas llega debilitada: por la ausencia del gobernador y por el descrédito de la burocracia sindical entre amplios sectores de la docencia que protagonizan la movilización.
Una nota peculiar de la jornada fue la incursión del PTS, que se presentó con una delegación encabezada por el legislador jujeño Alejandro Vilca y dirigentes del sindicato Ademys. Su intervención tuvo un carácter fundamentalmente mediático: insistieron en reclamarle a la burocracia de la CTERA la conducción del conflicto y la convocatoria a un paro de 48 horas, e intentaron tomar la palabra al cierre de la marcha. La docencia catamarqueña ya había delimitado claramente su lugar en la movilización. No es la primera vez que el PTS realiza este tipo de intervenciones: lo hizo anteriormente durante la lucha de las obreras de TextilCom (Momsport), donde alimentó ilusiones parlamentarias y promovió maniobras faccionales que terminaron debilitando el proceso cuando el cierre patronal finalmente se consumó. Se trata de una política que busca capitalizar conflictos desde afuera, subordinándolos a su propia estrategia faccional, sin aportar una orientación real para su desarrollo.
La nueva marcha ratificó que la docencia catamarqueña ha abierto un proceso de organización y lucha independiente, que desborda tanto al gobierno como a las burocracias sindicales. La persistencia de las movilizaciones en la capital y el interior, la participación de otros sectores de trabajadores y la determinación expresada en las asambleas y en las calles señalan que el movimiento autoconvocado se propone continuar y profundizar el plan de lucha hasta conquistar sus reivindicaciones. En este camino se juega no sólo la recomposición salarial y las condiciones laborales de la docencia, sino también la defensa de la educación pública frente a las políticas de ajuste.
