Escribe Analía Reiynoso
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El proceso electoral en el SUTEBA Campana se desarrolla en medio de un profundo vaciamiento político y sindical del gremio. Mientras la docencia enfrenta salarios de miseria y un deterioro constante de las condiciones laborales, la conducción Celeste ha convertido al sindicato en una estructura cada vez más alejada de las escuelas y de los reclamos docentes. Este cuadro dio lugar al surgimiento de las autoconvocatorias de marzo y, por primera vez en décadas, a la conformación de una lista opositora en el distrito.
La campaña se desarrolla en condiciones profundamente desiguales. La burocracia de la lista Celeste utiliza el aparato del sindicato para levantar un cerco contra la oposición: negó el acceso al padrón digitalizado, existen denuncias de traspasos irregulares de afiliados y se intentó proscribir a la lista opositora mediante el rechazo de su oficialización en dos instancias por parte de la Junta Electoral local. Finalmente debieron retroceder porque el carácter fraudulento y viciado de todo el proceso comenzaba a quedar expuesto.
A estas maniobras se sumaron presiones y hostigamientos contra candidatos y docentes. Varias compañeras denunciaron llamados intimidatorios por parte del actual secretario general, mientras en distintas escuelas se registraron presiones de directivos ligados al oficialismo sindical. La oposición Naranja-Marrón, sin licencias gremiales ni recursos, debió sostener toda la campaña a pulmón, recorriendo escuelas y difundiendo sus planteos entre los docentes.
Pero la burocracia no sólo prepara un fraude mediante estas irregularidades. También dispuso apenas seis mesas de votación para todo el distrito, obligando a docentes que trabajan en varias escuelas y recorren largas distancias durante la jornada a trasladarse a lugares alejados para poder votar. Esta situación golpea particularmente a los sectores críticos de la conducción, mientras el oficialismo tendrá a disposición una flota de remises destinada a garantizar el traslado de sus propios adláteres y punteros sindicales.
Pese a todo, la lista logró oficializarse y desarrollar una campaña que expresa un fenómeno político de fondo. La aparición de una oposición organizada no es un hecho meramente electoral, sino el resultado de las autoconvocatorias y de la lucha por salario y condiciones laborales. Cada vez más docentes cuestionan a una conducción que ha sido incapaz de enfrentar el ajuste y que incluso atraviesa una crisis en sus propias filas.
Para la Tendencia Docente Clasista (lista Naranja), el surgimiento de este movimiento opositor tiene un enorme significado: expresa el intento de poner nuevamente en pie a la docencia, recuperar el sindicato para la lucha y devolverle al SUTEBA un carácter de organización al servicio de los trabajadores de la educación y no de una burocracia enquistada desde hace décadas.
