Escribe Jorge Altamira
Una reacción confusa y conservadora ante el giro a la izquierda del electorado.
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La información de que Myriam Bregman encabeza la encuesta de imagen positiva entre los eventuales candidatos a las próximas elecciones generales, por encima de Axel Kicillof y de la expresidenta y exvicepresidenta Cristina Kirchner, o sea del peronismo, ha dado paso a comentarios y discusiones inusitadamente bizarros. Aunque ese sondeo no aborda la cuestión de las intenciones de voto del electorado, personajes como Jorge Fontevecchia o Miguel Angel Pichetto se han interrogado acerca de la posibilidad de que la diputada del PTS pudiera ganar la Presidencia en octubre del año que viene. En la llamada izquierda, que Bregman misma integra, se discute, si es que se puede llamar así, entre quienes vaticinan que su partido, el PTS, ya tiene arreglada una coalición con el kirchnerismo (‘para que no gane Milei’) y quienes le dan lecciones acerca de “cómo tomar el poder”.
Este ‘caos y desorden conceptual’ es un reflejo de una volatilidad política objetiva, que arrancó con la victoria del francotirador mediático, Javier Milei, en 2023, interesadamente interpretada como la inauguración de un ‘nuevo ciclo político - no solamente en Argentina. En Perú, un candidato ‘marxista-leninista’, Pedro Castillo, ganó las elecciones presidenciales hace tres años, algo que podría ocurrir de nuevo con Roberto Sánchez, otro candidato de cuño maoísta, quien podría entrar en el ballotage con una victoria en primera vuelta en las caóticas elecciones recientes, relegando a Keiko Fujimori una vez más. Para registro del lector de este artículo, las encuestas dan al FITU una intención de voto que va del 4 al 6 % (o incluso al 7%), muy distante del PeJota y de LLA, en un lejano y cómodo ‘tercer lugar’. Las ‘terceras fuerzas’ (de ultraderecha) vienen husmeando el gobierno en varios países, como sería el caso de Francia y Alemania; en Nueva York, un candidato que se declara “socialista” y propalestino, Zohran Mamdani, ajeno al aparato del Partido Demócrata, ha ganado las elecciones a la jefatura de gobierno de la ciudad. Es una posición ejecutiva en la metrópoli del imperialismo. La gestión de Mamdani ha fracasado, hasta el momento, en concretar la serie de reformas anunciadas en su campaña, con el pretexto (que ya se discute en su corriente) de “no hacerle el juego” a la ‘desestabilización’ de la derecha. Así definido, el ganador de las elecciones ha pasado, en pocas semanas, de una posición de iniciativas a un recule defensivo (conservador).
Si los sondeos de intención de voto comenzaran a ofrecer resultados como los que se desprenden de las consultas de imagen, tendremos un giro a la izquierda en el electorado, lo cual no es poca cosa. Sería otra más de las manifestaciones de la bronca popular contra el actual régimen de lúmpenes pequeño burgueses que gobierna con métodos extraconstitucionales al servicio de sí mismo y de una oligarquía financiera. Abriría, probablemente, un espacio político para la deliberación en el campo de la clase obrera y de los trabajadores, que debería ser aprovechado y que llamamos a aprovechar, para dar vuelta la serie de derrotas que ha sufrido la clase obrera en estos tres años. Debería ser aprovechado, como lo haremos nosotros, para clarificar, ante una tribuna más numerosa, incluso masiva, acerca de una estrategia y un programa socialista, en un período de guerra imperialista internacional.
A diferencia de las históricas experiencias electorales de la clase obrera, ni el FITU ni el PTS son canales u organizaciones de la clase obrera. Es lo que los distingue, negativamente, de los grandes partidos comunistas y socialistas de Europa y Asia hasta el final de la posguerra, o en Chile, donde se desarrollaron tres Frentes Populares –el último encabezado por Salvador Allende-. La victoria electoral del FP en Francia, en 1936, fue acompañada por la mayor ocupación de fábricas de la historia, junto a la de Torino, en Italia, en 1920 (hasta la más grande, en Polonia, en 1980); en España, la victoria electoral desató el golpe militar del fascismo y la aparición de las Juntas Obreras Revolucionarias; en el caso de Chile irrumpieron los cordones industriales. Es evidente que quienes desprecian la participación electoral y le bajan el precio a una campaña electoral socialista, ignoran o desprecian esas experiencias históricas. Esas experiencias llevaron a enormes derrotas por el carácter contrarrevolucionario internacional de las direcciones obreras, no por una cuestión de tácticas electorales. En febrero de 1972, Salvador Allende le dijo al diario Le Monde que impediría a toda costa “una dictadura del proletariado”; antes del golpe, un año y medio más tarde, nombraría a Augusto Pinochet como ministro de Defensa el gobierno de la Unidad Popular.
El FITU, por su lado, ha venido practicando un electoralismo por completo distante de la clase obrera, como se había planteado en el Congreso del Movimiento Obrero y de la Izquierda, en noviembre de 2014, en el Luna Park. En el momento actual, ha dado la espalda, conscientemente, a la ocupación de FATE, para comportarse ‘responsablemente’ como una fuerza que acata las decisiones ministeriales y respeta la propiedad privada de los medios de producción, incluso cuando Madanes Quintanilla procede a un vaciamiento industrial. Esta posición fue reivindicada en el acto de Ferro, por parte de los oradores del PTS, el pasado 1 de Mayo. Los obreros de FATE y del SUTNA, sin embargo, han representado a lo más avanzado de la clase obrera en Argentina. El programa del PTS y del FITU se ha aplicado en FATE, y no es, por supuesto, ni obrero ni socialista. Una campaña electoral no modificará este posicionamiento, probablemente lo profundice. El giro a la izquierda del electorado confronta la imagen de sus candidatos con esta realidad. El mismo FITU impulsa el planteo de que la burocracia de la CGT tome “la dirección de un plan de lucha”, en lugar de promover las luchas por medio de la denuncia de la colaboración de clases de la CGT con el gobierno de Milei.
El comportamiento que sigue el PTS confirma esta caracterización. Myriam Bregman ha llamado a ‘organizar la simpatía’. un planteo personalizado y vacío de contenido. Los encuestados desconocen el programa del PTS o del FITU, convertido en acta de un contrato privado. Christian Castillo ha propuesto recrear el IAPI, un organismo de control del comercio exterior, concebido primero por Federico Pinedo y Raúl Prebisch (voceros económicos de la oligarquía agraria) y aplicado por Perón. Otros consejeros no invitados al festín de la ‘simpatía’ la exhortan a que extienda el intervencionismo del estado o incluso a expropiaciones parciales. Castillo, de nuevo, le ha bajado el precio a la campaña, al asegurar que las elecciones no ponen en juego el poder. El diputado ha olvidado, si es que alguna vez lo tuvo presente, que toda lucha de clases es política, y que toda lucha política encierra una lucha por el poder. Lo vio así Madanes Quintanilla cuando declaró que había perdido el control de la fábrica a manos de los obreros (una media verdad rayando en la mentira). Lo que los voceros del PTS están diciendo es que no se han reunido las condiciones, en especial, por parte de ellos mismos, y del ‘consenso’ burgués, para gobernar constitucionalmente. Una fuerza revolucionaria se valdría, primero de la campaña electoral y luego de una llegada al gobierno por la vía electoral, para concretar de inmediato las reivindicaciones más apremiantes de las masas; llamarlas en su defensa; y crear, con base a ese llamamiento y a esa movilización, las organizaciones propias de un poder obrero independiente. La participación de los revolucionarios en los procesos electorales que cuentan con la expectativa de las masas, es una obligación.
El PTS no es el único que ha abandonado la tesis de la dictadura del proletariado, el primer paso dado por numerosas ‘izquierdas’ en el mundo para convertirse en partidos pluriclasistas (trabajadores, ambientalistas, feministas, pacifistas) y adaptados al constitucionalismo liberal (en franca disolución). El “gobierno de los trabajadores” no es, en cuanto se refiere al FITU, una expresión popular de la dictadura del proletariado, sino la etiqueta del “gobierno obrero liberal”, como la III Internacional definió a los gobiernos laboristas y socialdemócratas cuando estos eran aún partidos obreros de masas. O sea, gobiernos, si no de la burguesía, sí gobiernos burgueses que se ofrecen como dique de contención contra la revolución. Si un gobierno del PTS o del FITU rompiera en el acto con el capital mediante el dictado de medidas largamente deseadas por las masas y las llamara a defenderlas por todos los medios de la acción directa, no sería todavía un poder obrero, pero sí un gobierno merecedor del apoyo de toda la clase obrera internacional, sin formar parte de él. En cambio, Néstor Pitrola quiere derrocar a Milei por medio de un juicio político. Incluso descuidando que lo sustiuiría Victoria Villarruel.
La corriente internacional a la que pertenece el PTS ha dejado de llamarse, recientemente, Fracción Trotskista, para adoptar el de Revolución Permanente. aunque con el aditamento de Cuarta Internacional. Es un ‘aggiornamento’ significativo si tenemos presente que bajo esta rúbrica (revolución permanente) el PTS incluye a la Revolución Cubana, que no fue una revolución proletaria, más allá de la profundidad de su ataque al monopolio de la propiedad capitalista, ni estableció una dictadura proletaria, y que, con vaivenes y oscilaciones, se sometió a la política internacional contrarrrevolucionaria de la burocracia stalinista de la ex URSS. Definió a un régimen bonapartista liderado por la pequeña burguesía cubana (como Altamira le dijo públicamente a la dirección del PC Cubano, en 1993, en La Habana) como un estado obrero. En definitiva, Revolución Permanente, de parte del PTS, es una distorsión de la tesis trotskista de la IV Internacional. En manos del PTS se convierte en una abstracción, o sea vacía de contenido, para promover la formación de partidos social y políticamente pluralistas, o sea internamente antagónicos. El aparato del Partido Obrero, igualmente, a partir de 2016, presentó la tesis de que cualquier formación política que cuente con la voluntad necesaria, puede iniciar una revolución en nombre del proletariado. Para llevar adelante una campaña electoral al servicio de crear un doble poder que sirva de puente a un gobierno de la clase obrera, es necesario un partido socialista de la clase obrera.
Repetimos. Impulsemos, por medio de la propaganda y la agitación la tendencia al giro a la izquierda del electorado y los trabajadores, con independencia de la forma que asuma. Convirtamos a esa tendencia en una tendencia a la huelga general para imponer las reivindicaciones presentes de las masas, derrotar a Milei y socavar su gobierno. Aprovechemos la ampliación del auditorio popular hacia la izquierda para clarificar la naturaleza de la estrategia y el programa de la clase obrera en esta época de crisis de la dominación capitalista mundial, impulsar la movilización contra la guerra, unir a los trabajadores de todos los países, por la victoria de la revolución socialista en todos y cada uno de ellos.
