Tiempo de lectura: 7 minutos
La Copa del mundo ha concluido inmersa en una crisis espectacular – deportiva, pero también política. La distribución de medallas, trofeos y la copa misma fue acompañada de una sonora chiflatina contra Donald Trump, en un estadio con capacidad para 80.000 espectadores y casi 2.000 millones de asistentes por televisión. Varios jugadores han evitado saludar al criminal de guerra en funciones, de un modo ostensible – otros con inusitado apresuramiento. Al final de cuentas, Malvinas fue apenas una introducción a la injerencia de la guerra mundial en el máximo evento futbolero. El otro lado de la medalla ha sido el colosal oportunismo de la prensa internacional, que esperó que se produjera una derrota de Argentina para ventilar un rencor largamente acumulado, pero que hubiera quedado en esa condición si la Selección nacional se alzaba con la segunda Copa consecutiva.
Como no podía haber sido de otro modo, el mayor bochorno lo protagonizó Milei, en primer lugar, en relación a Malvinas, un tema que siempre subordinó a su simpatía ilimitada por la criminal de guerra Margaret Thatcher, quien ordenó el hundimiento del crucero General Belgrano y preparó una agresión nuclear contra el sur de Argentina, en combinación con el genocida Augusto Pinochet, para el caso de que la Fuerza Aérea de la dictadura destruyera uno o más portaviones de la Flota británica. Milei rechazó asistir a la final, en contraste con las autoridades del estado español – el monarca Felipe y el primer ministro Pedro Sánchez, con su selección, que no es ‘nacional’. No lo animó a poner la cara la presencia de su amigote Trump y miembros del Gabinete. La razón fue la ‘molestia’ que le causó el estallido de la cuestión colonial de Malvinas, de parte de jugadores y el público, atacados groseramente por la prensa del imperialismo británico. Milei temió que la selección le diera la espalda en caso de triunfo de Argentina o la ‘mala onda’ que provocaría una derrota. Nada pudo impedir que las contradicciones de la política mundial, es decir la guerra, irrumpiera, de uno u otro modo, en los campos de césped. El imperialismo mundial disfrutaba con el efecto de distracción que el Mundial dispensaba al bombardeo de las infraestructuras de Irán y a los preparativos para su invasión terrestre.
En este marco de crisis política se desarrolló el sainete de la proclamación de un feriado para recibir a la Selección, que enseguida se degradó a una decisión que Milei le encajó a la AFA y a los jugadores. El espectáculo de desubicación política de Milei no pasó desapercibido para los llamados inversores, pues en ese marco tuvo que dilatar el proyecto de ley de propiedad privada que tanto interesa a la oligarquía financiera internacional para alojar en Argentina, con los fuertes subsidios del RIGI y el Súper RIGI una parte de las centrales de datos para la Inteligencia Artificial. Al final, luego de la derrota, la recepción de la Selección fue acompañada de varios reveses, como el no retorno a Argentina de varios de sus principales jugadores. Sin la Copa, quedaron al desnudo muchos de los agujeros de la crisis política nacional.
La diatriba contra el ‘chovinismo’ de Argentina que se lanzó en ocasión del partido contra Inglaterra, en especial por la prensa colonialista británica, continuó con la derrota en la final; un triunfo de Argentina lo habría mantenido soterrado. Son precisamente los estados imperialistas quienes desarrollan una ofensiva racista y criminal contra los migrantes, acompañados por los ultraderechistas como Milei. el PP y Vox en España y el chileno Katz. Todo nacionalismo esconde una tendencia al “chovinismo”, pero es característico de los estados imperialistas y de los antagonismos nacionales que ha dejado el imperialismo en las ex colonias – como India, Myanmar o el Estado de Israel, impuesto por un decreto de la ONU, o sea el imperialismo anglo-francés. El “chovinismo’ es central en la crisis del estado español, donde la promoción del odio colonialista va en perjuicio de África y América Latina, y está presente en la histórica opresión nacional del estado español.
El “chovinismo” anti-argentino (“argie” o “argento”) se descargó sobre la Selección, pero, insistimos con esto, sólo después de la derrota; antes, todo fue elogio para Messi, Scaloni, Julián Álvarez o Enzo Fernández.
La principal crítica de los medios internacionales fue dirigida al planteo táctico del director técnico Lionel Scaloni, que fue presentado como “indigno” de un campeón, al plantear un juego como puramente defensivo y sin iniciativa ofensiva. Los medios coincidieron, sin embargo, en que Argentina pagó las consecuencias de un desgaste futbolístico y una falta de renovación en su plantel de jugadores, señalando que ese había sido el gran logro de Scaloni en su exitoso ciclo previo con 3 títulos obtenidos – dos Copa América y un Mundial. El desempeño futbolístico de la Selección no fue el mejor, careció de un planteo claro a lo largo de los ocho partidos disputados que muchas veces fueron suplidos por destreza técnica y física de sus jugadores. La remontada heroica versus Inglaterra, con 25 minutos de un brillante juego, no pueden dejar de lado que los otros 75 minutos fueron de un nivel entre mediocre y malo.
Para el medio estadounidense The Athletic, “Argentina se deshonró a sí misma y a la final de la Copa del Mundo con su petulancia sin encanto”. Una fuerte afirmación que el medio estadounidense omitió para otras selecciones que también mostraron un bajo rendimiento, como la Francia de Mbappé. Al enfrentarse ante Inglaterra, el equipo galo salió decidido a no jugar, lo que se trasladó directamente al resultado: 4-0 en los primeros 45 minutos. Sin embargo, los medios internacionales se fijaron en el abultado resultado final, 6-4 en favor de Inglaterra, para definir al partido como “histórico”.
Los medios ingleses calificaron al conjunto nacional de “delincuentes”. La victoria de España fue decretada “como una victoria del deporte y de todo el mundo” – “Nadie llora por ti, Argentina”. Respecto de la cantidad de fouls cometidos por Argentina a lo largo del torneo (“maltratar a los rivales”), es cierto que Argentina culminó el torneo como la mayor acumuladora de fouls cometidos a sus adversarios, pero fue seguida en el segundo lugar por España. Entre los diez jugadores que más faltas recibieron, en contra de ellos, no figura ningún jugador español; por el contrario, Lionel Messi y Nicolás Tagliafico ocupan los primeros lugares de jugadores “maltratados” por sus rivales. En las estadísticas del partido, ambos equipos cometieron múltiples faltas (19 para España y 24 para Argentina).
La mayor desaprobación de los medios ha estado centrada en lo sucedido una vez finalizado el partido, por “su rechazo a la coronación española resultó particularmente desagradable, una muestra de falta de respeto hacia los vencedores del evento deportivo más prestigioso del mundo”. Es una referencia a la actitud de los jugadores que decidieron mirar de frente a su hinchada tras recibir la medalla de segundo lugar, en vez de observar al equipo español levantar el trofeo en el podio. A los medios extranjeros, sin embargo, se les escapó otro gesto, el más importante. Es recurrente ver a los jugadores de fútbol quitarse las medallas de segundo lugar apenas le son colocadas, sin embargo, los jugadores de Argentina recibieron la medalla y la portaron con orgullo. Tanto el DT Scaloni, como el propio Messi reconocieron la justeza del vencedor, España, públicamente.
Este trato adverso con la Selección argentina tiene lugar tras la derrota. Si el resultado hubiera sido otro, lo que Telegraph sentencia como “crimen” habría sido reemplazado por “logro”, al verse obnubilado por la primera selección bi-campeona del Mundo en mucho tiempo. Para encontrar un logro similar, es necesario retroceder al Brasil campeón de Suecia 1958 y Chile 1962.
España fue saludada por su funcionamiento colectivo, que no mostró grandes individualidades a lo largo del torneo. Lamine Yamal, condicionado por fuertes lesiones previas, solo logró encabezar el podio de jugadores con más faltas cometidas (16). The Athletic recogió esta cuestión, para marcar un contrapunto con la “albiceleste”: “España representa, en muchos sentidos, la contracultura de Argentina. Es un equipo sistemático; organizado, lógico y preciso en su juego. Si España mantiene la calma, Argentina se desata; un equipo apasionado, emotivo y a menudo caótico, donde el rendimiento fluctúa enormemente dentro de un mismo partido, por no hablar de entre un encuentro y otro”. Sin embargo, a renglón seguido expresa un fastidio: “Nunca un equipo ha parecido tan vulnerable y, sin embargo, ha sido derrotado tan raramente”. La actitud de entrega de los jugadores argentinos, reconocida en el pasado como un logro, en la derrota es convertida en caos y sentimentalismo. Un equipo que logra llegar de manera consecutiva a dos finales del mundial, incluso en su versión ampliada de 48 seleccionados, es desprestigiado como un equipo que tuvo suerte y su desempeño en el torneo no ha valido nada.
El kirchnerismo ha aprovechado la derrota, incluso histéricamente, para resaltar, en los medios, “la unidad nacional” del pueblo argentino. La unidad nacional en el deporte en el síntoma más pobre de una pseudo conciliación de clases. Los campeones de esta ‘unidad nacional’ fueron alevosamente repudiados, en 2022, cuando una multitud de cinco millones de personas no quiso pasar ni cerca por la Casa Rosada de los Fernández. Mientras los gobernadores peronistas se juntan a Milei en el Congreso, los portavoces del kirchnerismo se adjudican una unidad política nacional recurriendo al deporte o a la causa de Malvinas, usada siempre para encubrir las fechorías del nacionalismo burgués. Repetimos lo dicho desde estas páginas: durante una década y media, el kirchnerismo estuvo pagando un tributo colonial (la deuda externa) a la City de Londres,
La selección argentina afrontará, por diversas razones, un recambio de jugadores. Los logros futbolísticos logrados por este plantel serán difíciles de superar, al menos en el corto plazo.
El chárter que trajo de regreso al país al combinado nacional tuvo importantes ausencias, comenzando por el propio capitán Messi. De los 26 convocados, 17 decidieron retornar a la Argentina acompañando al cuerpo técnico y al resto del staff. Nuestros ´héroes´ serán recibidos por la lluvia y una banda del regimiento de Granaderos. El Mundial puso de manifiesto la crisis de dominación política internacional del imperialismo, la precariedad del gobierno de corruptos y fascista de turno y la total nulidad de la oposición que se adjudica un rol “nacional y popular”.
