Disolución y desfinanciamiento policial en EEUU

Escribe Emiliano Monge

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La crisis capitalista y sanitaria en EEUU, es el escenario en el que el violento asesinato de un afroamericano diseminó una protesta masiva en todo el país, sólo comparable a las movilizaciones de la mujer o contra la guerra. Trump lanzó una feroz cacería de manifestantes, y desbordado, pidió la intervención del ejército. Black Lives Matter (BLM), recibe más apoyo y financiamiento que nunca antes en su historia (NYT, 10/6). Según Washington Post, la policía mata a más de 1.000 personas por año, la mayoría no son negros (WP, 13/6).

Desde BLM, plantearon en distintas ciudades el desfinanciamiento y la disolución de la policía. En Minneapolis se pide desmantelar (‘disbanding’) el departamento de policía, pero sin definir quienes o qué lo reemplazaría. No es la primera vez que se plantea. En Camden (NJ) cerca de Nueva York, se disolvió la policía en 2012 por corrupción y violencia. Siete años después, recontrataron a más de 100 policías del antiguo departamento (CNN, 10/6). Deposit (NY) y Garden City (Missouri) disolvieron su policía debido a los costos. Algunos piden reemplazarla por CAHOOTS (Asistencia de Crisis y Ayuda en las Calles), entrenados en ayuda médica y mental (NYT, 9/6). En San Francisco también se avanza en separar el tipo de delitos (vox, 14/6). La “seguridad comunitaria” no reemplaza a la policía, atiende el 17% de las llamadas.

Nueva York reformó la policía muchas veces sin éxito, y ahora elimina una unidad “anti-crimen” de 600 policías (NYT, 15/6), con historial de violaciones a los derechos humanos, debidamente “reasignados”. La “guerra” contra el crimen y drogas implicó una militarización de la policía y su capacidad represiva. La implementación tecnológica, no logró mejorar el problema (LAtimes, 15/6). Ninguna reforma puede ser ajena al sistema de clase sobre el que se sustenta y todas sus determinaciones, que en el caso del Estado imperialista norteamericano es la guerra y la ocupación militar. Es por ello que la policía es abastecida militarmente, con sucesivas compras de armamento militar: desfinanciar la policía no puede ser posible sin desmilitarizarla, y esto va de la mano del reclamo por el retiro de tropas y la eliminación del gasto militar.

En Los Ángeles se redujo el dinero a la policía, pero sin ser reasignado a otras áreas, lo que constituye un ajuste en los hechos. Kshama Sawant, de Socialist Alternative, miembro del Consejo de la ciudad de Seattle propuso recortar a la mitad el presupuesto policial, expulsar a la policía del Consejo Laboral. Reasignando el presupuesto a áreas sensibles.

Por principios, Lenin se oponía a votar “reformas que involucren el tutelaje de la policía y de la burocracia sobre la clase obrera”, pero en casos excepcionales, “cuando no hay duda que los trabajadores se van a beneficiar, es posible votar por un ítem particular” (Lenin, “Instrucciones prácticas para el Presupuesto”, diciembre 21-27, 1908). Aún votando por algunos puntos en particular, siempre es necesario expresar cuál es la posición socialista.

Para muchos las reformas policiales se tratan de “un paso” para seguir peleando por más reclamos, aunque no se problematiza quién va a llevar adelante esas transformaciones. Muchos Consejos adelantan que van a realizar reformas (Filadelfia, Oakland, Minneapolis, Seattle, NY), para no ser superados por las movilizaciones. En Seattle, las masas ocuparon el departamento de policía y pasaron a la acción directa: se reclama la renuncia de la Alcalde y una seguridad que emane de la propia organización social y no del estado capitalista. Esto debe ser desarrollado con un programa socialista.

Otros apuntan a expulsar a los sindicatos policiales de la AFL-CIO y de los Consejos laborales. Para muchos activistas, como los portuarios (ILWU), plantean que los sindicatos deben levantar demandas para desfinanciar a la policía y revocarlos de los Consejos, porque una vez que los trabajadores comienzan una huelga, los policías son usados por los patrones para reprimirlos (ILWU, 10/6).

Pero también existen policías estatales, el ICE (departamento de inmigración), la patrullas fronterizas y las fuerzas de seguridad de las prisiones. La violencia estatal se expresa de muchas maneras. Los inmigrantes son perseguidos por la policía y deportados en masa. Las prisiones son enormes negocios capitalistas y del podrido aparato de inteligencia. Estos organismos de seguridad también deben ser desmantelados y puestos bajo el control obrero y popular.

Muchos piden educar a la policía y más afroamericanos a la cabeza de los departamentos. Sin embargo, en relación al porcentaje de afro-descendientes, la policía tiene una proporción superior y muchos jefes son negros. La jefa de la policía de Atlanta, que renunció tras el asesinato de Rayshard Brooks, era negra. El problema es más profundo que un tema de educación o representación racial.

El desfinanciamiento de la policía debe ser acompañado de un programa de transición que permita al proletariado tomar conciencia que la policía responde a los intereses de las patronales y sus gobiernos. Y para ser desmantelada necesita ser reemplazada por la organización de seguridad obrera y vecinal, revocable, decidida de manera colectiva. No puede haber planteos aislados o votaciones aisladas del problema del poder de clase.

Los revolucionarios estamos por el desarme de la clase capitalista y de su Estado y el armamento de la clase obrera y su Estado, como parte de una transición política.

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