Escribe Camilo Márquez
La OTAN bombardea territorio ruso, Putin amenaza con represalias a los imperialismos europeos
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El exministro de Defensa Mykhailo Fedorov ha planteado el más serio cuestionamiento interno al gobierno de Volodímir Zelensky desde el inicio de la invasión rusa. A través de un video difundido en YouTube, exigió la convocatoria de elecciones y advirtió sobre una crisis sistémica de gobernabilidad. “La democracia no puede ser rehén de Rusia”, afirmó, reclamando un mecanismo legal que permita recuperar el proceso constitucional incluso en condiciones de guerra. Según la legislación ucraniana, no se realizan elecciones durante la vigencia de la ley marcial, como ha sido establecida desde el inicio de la guerra.
Fedorov ha sido el artífice de la llamada “Guerra de Drones de 40 días”. Sin embargo, fue destituido en julio, tras apenas seis meses en el cargo, con el pretexto haber criticado públicamente al entonces comandante en jefe Oleksandr Sirskyi y haber expuesto diferencias sobre la conducción de la guerra. Miles de ucranianos salieron a las calles exigiendo la destitución de Sirskyi y la restitución de Fedorov; Zelensky no repuso a Fedorov pero echo lastre removiendo al jefe militar](https://politicaobrera.com/16640-crisis-en-kiev-zelensky-descabeza-a-los-mandos-de-la-guerra). Una encuesta reciente que indica que Fedorov derrotaría cómodamente a Zelensky, expone la fractura del poder político. Sin señalar responsables, Fedorov denunció que la corrupción estatal socava el esfuerzo bélico, como si el régimen ucraniano y el propio Zelensky no se hubieran repartido entre sus camarillas una porción importante de la ayuda de la OTAN.
Ucrania ha lanzado una ola de ataques contra el territorio ocupado por Rusia - el Donbás, los territorios de Zaporozhia y Jersón, Crimea y objetivos de infraestructura energética en el interior, incluso en Siberia.
Rusia, por su parte, enfrenta una crisis de combustible que la dejó sin suministro. El presidente Vladímir Putin admitió el daño que han causado los ataques contra la logística rusa, en particular contra refinerías y depósitos de la empresa de comercio electrónico Wildberries (un equivalente a Amazón). Los ataques de las fuerzas ucranianas han alcanzado al menos a nueve refinerías en lo que va de agosto. Numerosas estaciones de servicio se encuentran cerradas: “En Moscú Gazprom Neft limita el repostaje a 40 litros por vehículo” (El País de Madrid, 19/8). Según el diario Izvestia, el domingo pasado, sólo el 28% de las estaciones de servicio del país disponía de gasolina y diésel. En Sebastopol, la urbe más poblada de la península de Crimea, sólo se permite cargar hasta 20 litros mediante un código QR emitido por las autoridades; en otras zonas se asigna según la terminación par o impar de la matrícula.
Rusia, uno de los cinco mayores productores mundiales de petróleo, ha tenido que importar combustible desde Marruecos, país sin refinerías activas, y desde la India. Este último caso es paradójico, porque India era el principal comprador de crudo ruso a través de una flota no regulada que elude las sanciones. Ahora, India revende a Moscú combustible refinado obtenido de ese crudo.
Aunque la deuda pública de Rusia equivale a cerca del 20% del PBI, por debajo de los niveles de Occidente, el servicio de la deuda supera el 8% del presupuesto anual, y el gasto militar, que representa alrededor del 40%, continúa en aumento. Ante los daños en las refinerías, el gobierno ruso evalúa nuevos recortes sociales.
La escasez de combustible afecta la financiación estatal y acrecienta la cuenta de una guerra que dura ya cuatro años y medio.
Funcionarios y expertos advierten que se avecina el invierno más duro para Ucrania desde el inicio del conflicto, con escasez de calefacción y alimentos. En la margen izquierda de Kiev, las temperaturas dentro de los bloques de apartamentos podrían calefaccionarse apenas hasta los 12°C, sin contar el perjuicio que ocasionarían los nuevos ataques a la infraestructura energética. Medios locales muestran estantes vacíos en los supermercados, consecuencia de los ataques rusos a centros logísticos. Desde la OTAN, en estas circunstancias, se planifica una guerra terminal contra la mayor parte del territorio de Rusia. Los violentísimos ataques lanzados por Putin, a la luz del día, cuando el flujo de personas es mayor, contra la población civil de Kiev, deben entenderse como una represalia preventiva contra esos planes. La intervención descarada de las potencias de la OTAN, como ocurre con los ataques a la flota “en la sombra” de Rusia, o las bases y ejercicios militares en los estados del Báltico, han llevado a Putin a reforzar sus amenazas de bombardeo a objetivos selectivos de Europa occidental. Concretamente, a Gran Bretaña (que persigue a la flota rusa en el norte de Europa), Alemania e incluso Francia. La guerra por la anexión del territorio de Ucrania (a la OTAN, de un lado, o a Rusia, del otro) ha ingresado a una etapa sin precedentes, aunque predecible. Tiene, definitivamente, el alcance de una guerra europea. Lo mismo está ocurriendo con la guerra contra Irán, pues las amenazas de sanciones ilimitadas lanzadas por Trump, apuntan abiertamente a China – el principal adquirente del combustible de Teherán.
En los diferentes teatros de la guerra se repite un patrón: el impasse del imperialismo para desarrollar una guerra victoriosa sin declarar el estado de guerra total y declarar la moviliización de toda la población. Es lo que disimula el columnista estadounidense Thomas Friedman, entre tantos otros, en un artículo de opinión publicado en el New York Times, para quien la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán estaría demostrando que los estados pequeños y los “actores no estatales” son capaces de infligir daños importantes a adversarios mucho más fuertes mediante misiles de precisión, drones, inteligencia y tecnología de bajo costo: “Los iraníes han causado daños reales a Estados Unidos, tanto en el campo de batalla como en la economía, en una escala que Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, han intentado ocultar” (NYT 18/8), escribe Friedman. Trump, sin embargo, no tiene la intención de batirse en retirada sino lo contrario, desarrollar los medios para una guerra total o ilimitada. La desvergonzada crisis en los portaviones norteamericanos es de naturaleza política: el imperialismo yanqui no ha movilizado ni el 5% de las tropas que envió a Vietnam en los años 70. Y la razón es obvia: sigue bajo el temor de una rebelión en su propio país (y que ya se refleja en la actualidad, precisamente en la denuncia del genocidio a Palestina). Es lo que explica que, a diferencia de aquellos años, el imperialismo busque el recurso del fascismo. Friedman se conforma con "observar cómo Hezbollah ha dañado a Israel y cómo Ucrania ha desgastado a Rusia". En realidad, el estado sionista ocupa ya tres países, Palestina, Líbano y Siria, y ha emprendido la anexión de Cisjordania. Es cierto que Ucrania, un país sin armada propia, ha utilizando drones marítimos para obligar a la flota rusa del Mar Negro a alejarse de la costa ucraniana. Pero lo hace gracias a los satélites de la OTAN y al temor de Putin de declarar una movilización total que podría llevar a las masas al ‘Palacio de Invierno’ y al Kremlin.
“Estas nuevas tecnologías permiten que «los muchos y los pequeños» esquiven los golpes de rivales mucho más poderosos porque permanecen ocultos y pueden responder con ataques precisos. Mientras tanto, Estados Unidos sigue dependiendo de sus enormes divisiones y grupos de portaaviones” – dice Friedman. El cuadro describe la decadencia histórica del imperialismo, expulsado dos veces por los mujadines de Afgniatán. Lo que el columnista presenta como fracasos ‘tácticos’ de Trump-Hegseth (pérdida de logística en Bahréin, destrucción de radares, ataques a embajadas) describe en realidad una transición a la guerra total y al fascismo y, alternativamente, a una movilización histórica de masas y a la revolución en los mismos países avanzados. Existe una crisis irreversible de la dominación política mundial del imperialismo Friedman ofrece un diagnóstico preciso y actualizado de la superficie táctica de la crisis, lo que denomina la “nueva física del poder”; el marxismo en cambio asigna una explicación de la estructura histórica que produce esa superficie.
