La guerra económica de Trump en todas las direcciones

Escribe Aldana González

Tiempo de lectura: 5 minutos

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció una escalada en la guerra económica, a través de la Operación “Paria”, que consiste en ampliar e intensificar las sanciones económicas a Irán con el objetivo de ahogarlo financieramente.

A Estados Unidos no le quedan muchas sanciones por ensayar contra el país persa. Sus activos en el extranjero fueron confiscados en tandas, por primera vez hace cuarenta años y, más recientemente, en 2018. La compra de sus hidrocarburos está vetada en el mundo. Irán subsiste por la venta de petróleo y gas a través de buques fantasma con banderas de otros países. Hace las transacciones por fuera del sistema SWIFT de intercambio internacional. El 80 % de sus ventas tienen por destino China, a quien Estados Unidos no tiene manera de obligar a desistir de esas compras. Beijing las paga en yuanes y a un precio por debajo de la referencia de mercado. Antes, Trump había tenido que desistir de imponerle aranceles exorbitantes a China debido a la dependencia que tiene de las tierras raras que monopoliza el país de Xi Jinping. Por esta dependencia, no está en condiciones de exigirle qué petróleo comprar. Además, Xi es muy consciente de que la guerra contra Irán es, para Estados Unidos, un eslabón en la guerra final contra su país.

Las sanciones sí hicieron mella en otros países como Turquía, India, Pakistán y Emiratos Árabes, los cuales no tienen espaldas o ganas para enfrentar a Trump. En general, han reemplazado los hidrocarburos iraníes por rusos, que también están sancionados, pero sin tanto seguimiento. India importa más del 80 % de los combustibles fósiles que utiliza. Trump pretendió que la India reemplazara esta provisión con barriles venezolanos hace unos meses, pero los costos de traslado de atravesar medio planeta no son competitivos con el crudo de Medio Oriente. Además, las refinerías indias están adaptadas al petróleo iraní. El fracking en Estados Unidos tampoco permite una provisión de la magnitud que necesita Asia. Las sanciones de Trump están condicionadas objetivamente por las necesidades energéticas del planeta.

Donde las sanciones de Trump están desatando una crisis es en el campo de sus aliados. Emiratos Árabes Unidos tiene dos centros principales que hoy están en conflicto. Abu Dabi domina políticamente la Federación y explota los hidrocarburos de la estatal ADNOC. Está atada a Estados Unidos y prioriza su alianza con Washington. En cambio, Dubái es un centro financiero que creció siendo puerta de entrada y salida de las finanzas y el comercio iraní. Es el socio comercial más importante para Irán después de China. Por Dubái pasan productos de importación, pagos, divisas, seguros, logística y empresas intermediarias. Los activos iraníes se lavan allí a través de criptomonedas.

Al mismo tiempo, Emiratos ha sido el aliado más obsecuente del imperialismo en la región. Uno de los pocos países que firmó los Acuerdos de Abraham, que lo colocan como aliado incondicional de Israel. Sin embargo, la decisión de Abu Dabi de suspender todo comercio y transacciones financieras con Irán golpea al centro financiero de Emiratos, que es Dubái. Por eso Trump tuvo que habilitarle un swap de monedas a Emiratos hace unos meses para evitar que sacaran a la venta los bonos de la deuda estadounidense, lo que hubiera creado una crisis de la deuda soberana en el corazón del imperialismo.

Reuters pone en duda los alcances de las medidas de Scott Bessent. Plantea que el secretario del Tesoro solo emitió advertencias vagas, sin establecer plazos para las sanciones y sin mencionar a los países en cuestión. Para Reuters, el alcance real del anuncio va a estar dado por una fáctica presión a los reguladores del Golfo sobre la titularidad real y las redes de empresas fantasma en terceros países. O, si por el contrario, Estados Unidos considerará suficientes los embargos generales como el que hizo Emiratos, sin ir más allá, dejando así el pulmón financiero de Irán abierto. Sin Dubái, a Irán solo le queda China. La continuación de la relación comercial con los países mencionados más arriba depende de que Dubái continúe habilitando las redes financieras para triangular las operaciones con empresas fantasma.

Trump está haciendo tiempo con este anuncio debido a sus imposibilidades, de momento, de escalar con munición pesada. Las filtraciones del Pentágono sobre la escasez de misiles son continuas. Las crisis en los portaaviones por las deficiencias en el mantenimiento de la infraestructura, la falta de provisiones y la salud mental de la tripulación son la expresión de los problemas del imperialismo para sostener un conflicto de larga duración. Se ha quedado sin radares ni bases militares operativas en la región.

Trump creyó que asesinar al ayatolá y provocar un cambio de régimen en Irán eran una misma cosa y, en cambio, la República Islámica le provocó una crisis energética de alcance mundial con el cierre del estrecho de Ormuz. Acorralado por el derrumbe de su imagen en las encuestas, a menos de tres meses de las elecciones de medio término, Trump no tiene salida. Está incapacitado, de momento, para escalar, y no puede retirarse y admitir una derrota. Hace tiempo con anuncios mientras prepara el escenario para futuros ataques.

El Pentágono mantiene un bloqueo naval a Irán que redujo las exportaciones persas, más allá de las sanciones. Reuters informa que las exportaciones iraníes hacia China bajaron fuertemente, hasta unos 534.000 barriles diarios en agosto, frente a alrededor de 1,4 millones diarios de promedio en 2025. La falta de divisas desploma al rial a niveles récord y encarece el costo de vida. La inflación, según la estimación del FMI para 2026, ronda el 69 %. Irán sigue comprando alimentos, medicamentos, maquinaria, tecnología, etc., pero lo hace con mayores costos y a través de intermediarios. La ruptura con Dubái acorta estos circuitos.

Frente a las amenazas de Trump, el gobierno iraní declaró que considerará el apoyo de cualquier país a las sanciones como un “acto de guerra”. Esto ya lo demostró en el pasado inmediato, bombardeando las bases militares estadounidenses ubicadas en sus países vecinos y sus infraestructuras energéticas. Además, hizo una lista de 45 buques plausibles de decomiso y avanzó en la regulación de los papeles del paso por el estrecho de Ormuz en conjunto con Omán. El acuerdo habla sobre el cobro de aranceles, pero no puede ser puesto en marcha debido al bloqueo naval del Pentágono.

Irán exporta sus hidrocarburos a través de un oleoducto que evita el Golfo Pérsico y por tierra, lo cual esquiva sanciones, pero hace al transporte muy engorroso. A la par, el renovado conflicto entre los hutíes y Arabia Saudita bloquea la salida de hidrocarburos por el mar Rojo, cerrando la otra compuerta que les quedaba a los combustibles saudíes. Esto agrava la crisis energética en el mundo.

Además de amenazar con ataques asimétricos, Irán está amenazando con militarizar su desarrollo nuclear y con bloquear por completo el paso de los combustibles.

Con el ataque a Irán, Trump espiralizó la crisis. Con cada movimiento, acrecienta el desabastecimiento de combustible y la carestía mundial. Acrecienta también, la escasez de misiles para sus aliados, en especial para Ucrania. La crisis financiera de Dubái es una amenaza para los bonos del Tesoro de Estados Unidos. La política de sanciones coloca a parte de la economía al margen del dominio del dólar y pone a prueba a un mundo que no necesita a Estados Unidos sino energía. El socio comercial predominante para la mayoría de los países es China.

Trump pretende resolver la crisis de dominación del imperialismo con escaladas improvisadas.

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