Chile: confluir hacia un programa de la clase trabajadora

Escribe Partido Obrero Revolucionario (Chile)

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La lucha por el 10% de los fondos de pensiones administradas por las AFPs logró movilizar -en medio de una pandemia con desastrosas consecuencias sanitarias en el país- a prácticamente la totalidad del pueblo chileno donde, inclusive, desarrolló dos grandes paros portuarios. Conquistada esta reivindicación por las masas y asestando un duro golpe al gobierno, durante todo el debate parlamentario, por un lado, y de lucha de masas en las calles, por otro, Piñera -que finalmente firmó a regañadientes el proyecto del retiro desestimando el veto presidencial- vió quebrarse, día a día, su coalición política derechista.

Por su parte, la última jornada de lucha por el retiro de parte de los ahorros jubilatorios coincidió con el masivo rechazo por el “caso de Antonia” donde, al dejar al victimario con arresto domiciliario, el régimen expuso nuevamente el carácter clasista y misógino de los tribunales pinochetistas. Al tiempo que la clase trabajadora celebraba el triunfo del 10% con cacerolazos y presionaba con barricadas a Piñera a promulgar la ley del retiro, miles de luchadoras se movilizaron exigiendo justicia para Antonia -y prisión efectiva para su violador- en una jornada histórica que recorrió todo el país. Así, frente a la presión de las masas, el gobierno -en extremo debilitado tras lo del 10%, con una coalición política quebrada y con las masas en las calles- dió un paso atrás y decretó prisión preventiva para Pradenas, el abusador.

Luego de asumir su derrota y descartar la posibilidad de un autogolpe por parte de la burguesía, en sintonía con las directrices de las AFP, el gobierno llamó a todos los partidos del régimen a reiniciar la discusión sobre la reforma de pensiones que, a su vez, no es más que un gran proceso de rescate y confiscación capitalista que buscará fortalecer el régimen de AFPs y, de paso, reponer el millonario retiro de los fondos; los capitalistas exigen aumentar la tasa de cotización, elevar la edad jubilatoria, e incluir como cotizantes a todos los trabajadores informales y a honorarios.

En este mismo sentido, el gobierno, arriesgando la vida de los trabajadores y trabajadores, impulsa un gran plan de desconfinamiento para reactivar la economía capitalista. Desde que este plan se anunció, tanto las bases de la CUT, ANEF, así como también otras organizaciones de trabajadores no afiliados ellas, se han declarado en “máxima alerta” contra las aspiraciones del gobierno -sumándose a esto los partidos de la oposición. Sin embargo, la burocracia limita este emplazamiento a medidas puramente administrativas y evita, a toda costa, organizar un congreso de trabajadores de cara a un paro productivo para movilizarlos contra el plan de desconfinamiento y ajuste capitalista.

Por otro lado, la promulgación del 10% y el encarcelamiento de Pradenas son acontecimientos que vienen a dar cuenta de un escenario político abierto que se desarrolla sobre las -profundas y vivas- tendencias de la rebelión de octubre; el proceso chileno es revolucionario porque la lucha de masas va dirigida contra el poder político. Un gobierno absolutamente debilitado, y unas masas que utilizan confiadamente la movilización como herramienta de lucha, abren camino a una situación muy favorable para el avance de una alternativa política revolucionaria de los y las trabajadoras; alternativa que, además, debe fortalecerse con un planteo político independiente y con un programa claro frente a la crisis.

El gran escollo lo siguen constituyendo las burocracias que, mediante orientaciones conciliadoras, insisten en oxigenar un régimen político el cual las masas se han empeñado en derribar. Hoy, estas fuerzas democratizantes -que pactaron con el gobierno la trampa constituyente que sirvió como dispositivo de desmovilización a fines del año pasado- impulsan, de cara al plebiscito de octubre y de la mano de Piñera y la CPC, someros “cambios constitucionales”. Los mismos que antes apoyaron leyes represivas, hoy tramitan la entrega más facultades represivas al Estado -guardando un siniestro silencio frente a la situación en las cárceles chilenas que se desbordan de prisioneros y prisioneras políticas. Mientras Chile se desploma con la crisis, a partir de una instancia electoral doble -en octubre con el plebiscito y en abril de 2020 con las municipales-, el PC propone progresar electoralmente en el plano institucional y disminuir la jerarquía política de la Constituyente: el plebiscito llevará a un simulacro, y no a la Constituyente que reclaman las masas, esta es, que sea libre y soberana. La burocracia busca explotar el plebiscito y las elecciones para devolverle al PC la representación electoral que hace mucho tiempo perdió.

Frente este escenario, la clase trabajadora debe desarrollar un despliegue político independiente detrás de un programa que, en materia previsional, luche por el fin de las AFPs; por el término de la cotización obrera; por la restitución de la cotización patronal; para que ninguna pensión esté bajo la canasta familiar; y para que se nacionalicen todos los ahorros jubilatorios bajo control de las y los trabajadores y pensionados.

El plano sanitario, es preciso luchar contra el plan de desconfinamiento del gobierno, por la organización de la cuarentena en las poblaciones y por la preparación de protocolos sanitarios para los trabajadores en centros de trabajo y barrios, medidas que sólo podremos realizar a través de la movilización y la confrontación con el gobierno y con el conjunto del régimen pinochetista, y llevando a cabo la lucha por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, genuina, que acabe con la organización económica del pinochetismo y abra paso a un gobierno de trabajadores y trabajadoras.

Detrás de esta perspectiva, impulsamos y desarrollamos una gran campaña por la realización de un gran Congreso de bases de movimiento obrero y por la conformación de una Asamblea Popular que abarque todo el territorio nacional para que los sindicatos y las asambleas territoriales -a través de métodos de democracia obrera- puedan llevar los reclamos de la clase obrera y el pueblo hasta el final.

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