El costo humano de la “inmunidad de rebaño” en las villas

Escribe El Be

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Desde hace varias semanas, el Gobierno de la Ciudad hace alarde del “éxito” de la política sanitaria en las villas de CABA, donde se habría logrado aplanar la curva de contagios. La cantidad de nuevos infectados se encontraría estancada en cerca de 1.900 casos en la Villa 31 (Retiro), 2.400 en la 1-11-14 (Bajo Flores), 2.600 en la 21-24 (Barracas), 1.700 en Villa 20 y 1.500 en Villa 15 (Lugano). Como explica el diario La Nación (14/07), “en mayo, los contagios en la Villa 31 y 31 Bis, se duplicaban cada 19 días. En junio, pasaron a duplicarse cada 84 días”. La situación de las villas es a la inversa del resto de la ciudad: pasaron de ser el epicentro de la crisis sanitaria a ser el “modelo” de contención de la propagación del virus, cuando en el resto del país la curva de contagios se encuentra en su punto histórico más alto. Luego de que las villas porteñas desaparecieran de las noticias diarias, los periódicos comenzaron a preguntarse “¿Cómo se logró mitigar la propagación del virus?” (Clarín, 2/7).

La respuesta a este interrogante por parte de los funcionarios del gobierno es que el Plan DetectAr logró frenar la curva exponencial de contagios. De ser así, nos encontraríamos ante un método exitoso de contención del virus que debería ser exportado al resto del mundo. Contrariamente, la curva de contagios en la ciudad sigue creciendo, a pesar de que Larreta dice contar con la fórmula del éxito para la contención del virus.

La realidad es otra, y sobre ella arrojó luz el mismo ministro de salud porteño, Fernán Quirós, quién señaló que “cuando uno hace la serología [en la villa 31], identificamos que el 53% de las personas del barrio tuvo la enfermedad. Eso hace una relación entre los que pudimos identificar y los que efectivamente tuvieron la enfermedad de 1-9”. En mentado Plan DetectAr, entonces, apenas si confirmó una décima parte de los casos de coronavirus en la 31. Estamos hablando de que más de la mitad de la villa ha sido contagiada por la enfermedad, que en una población de 40.000 personas da como resultado que hubo más de 20.000 contagiados. El caso de la Villa 31 es representativo de lo que ha pasado en todos los barrios en donde la curva de contagios se ha “amesetado”. Es que, con tan alto porcentaje de la población inmunizada, el virus ya no tiene mayores posibilidades de propagarse.

En conclusión, no “contención” del virus, sino lo contrario: se lo dejó propagar hasta alcanzar su propio techo. Es, en realidad, la política que Trump y Bolsonaro quieren aplicar en sus respectivos países, a escala de una villa porteña. Sin embargo, la catástrofe sanitaria en las villas no puede darse por superada, ya que un rebrote encontraría a la población en las mismas condiciones de precariedad que al comienzo, agravadas.

En el caso de las villas no hubo ningún tipo de control de nada: no se garantizó el ingreso económico para aquellos que necesitaban aislarse ni existió una política de aislamientos preventivos para las personas que se encontraban en los grupos de riesgo. La política de “inmunidad de rebaño”, aplicada a nivel nacional, haría colapsar el sistema de salud, que ya se encuentra desbordado, y elevaría los niveles absolutos de muertes por coronavirus.

El costo de alcanzar la “inmunidad de rebaño” en la Villa 31 fue, por caso, la muerte de Ramona, luchadora de La Poderosa, y de tantos trabajadores de las villas que perdieron la vida. No hay hoy un número oficial de los fallecimientos en las villas porteñas por covid19, pero hasta el pasado 2 de julio, según Clarín, la cifra alcanzaba las 89 muertes. Sin contar, claro, los casos de vecinos que han fallecido por otras enfermedades a causa del desborde del sistema de salud, como el caso de María Rosa Lencina, mujer embarazada de la Villa 31, recientemente fallecida luego de que no la atendieran en un hospital público cuando se presentó con fuertes dolores.

Las tasas de mortalidad no fueron mayores, según el infectólogo Ricardo Teijeiro, porque “en las villas hay más población joven y niños que adultos mayores. La franja etaria mayoritaria es la que puede transitar el virus con menos posibilidades de complicaciones graves. Por eso es baja la letalidad. Si la población de las villas fuera mayormente mayor de 70 años el cuadro sería muy distinto con el nivel de contagio que tuvieron” (Diario Z, 20/07).

En resumen, la política oficial para las villas fue completamente criminal y puso al desnudo la estafa que el gobierno quiere presentar como de “urbanización” de las villas, ya que el hacinamiento y la falta de servicios básicos (principalmente de agua potable) fueron sin duda algunos de los factores que empujaron hacia arriba la curva de contagios.

La situación actual de las villas porteñas vuelve a poner sobre la mesa las reivindicaciones más sentidas de los vecinos, que incluyan un verdadero plan de urbanización y que una la lucha de los desocupados con los trabajadores ocupados por la vivienda, el trabajo y la salud.

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