El paro en el Sarmiento

Escribe Belén

En defensa de las ocupaciones y el derecho de huelga, absolución del secretario general de la comisión interna de AGR

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El pasado martes 4 de diciembre se realizó un paro en el ferrocarril de la línea Sarmiento por el reclamo de un vestuario para las compañeras guardatrenes en condiciones para asearse, vestirse y esperar sus relevos de servicio.

El reclamo de un vestuario apto y acorde a la normativa legal lleva tiempo, 5 años desde que las compañeras ingresaron al ferrocarril y fueron colocadas en un contanier de forma "transitoria" hasta que se construyera el vestuario que nunca llegó. Realizaron asambleas y medidas de fuerza para que se cumpla este derecho laboral. Ante esta exigencia, la Directiva Nacional representante de la Línea Sarmiento, había ubicado un container al costado de una vía general con solamente un paragolpes de madera como protección, en el mismo lugar donde hace 10 años una formación había embestido y destruido una boletería. Ante los reclamos de las trabajadoras y delegados, la empresa decidió clausurar la vía y colocar una trampa de descarrilamiento para casos de emergencia, pero sin dar una salida real al problema del vestuario.

En el ferrocarril de la masacre de Once y de la muerte de Sebastián Carranza -el empleado de telecomunicaciones que perdió la vida trabajando en lo alto en Castelar en marzo de este año-, queda claro que importa poco la seguridad de las trabajadoras, que es puesta en riesgo constantemente por la empresa.

Desde hace años que la empresa viene realizando campaña con el “Área de la Mujer”, creada supuestamente para atender las problemáticas que pudiera surgir con las trabajadoras de la línea. Sin embargo, continúa sin resolver los problemas de las compañeras, que son muchos. Prueba de esto es que, a comienzos de 2018, la empresa había despedido 'por faltas injustificadas' a Gisela Herrera, una trabajadora que había faltado en diversas oportunidades por ser víctima de la violencia de género. Cuando la compañera explicó la razón de sus inasistencias, los gerentes le contestaron que debería haber renovado la licencia por violencia de género que había pedido en 2017.

La indiferencia -cuando no directamente la hostilidad- de la empresa ante los reclamos reales de las trabajadoras, y ante un reclamo tan básico como un lugar donde cambiarse no exija jugarse la vida, no es una distracción. Es una política consciente para mostrar quién manda en el lugar de trabajo. Un “Área de la Mujer” creada por la patronal por su propia iniciativa no se propone resolver las demandas “de género” de las ferroviarias sino salir al cruce de una posible organización autónoma. La patronal es la responsable de la explotación, los bajos salarios, la precarización: ¿qué violencias pueden evitar quienes promueven semejantes violencias?

La medida de lucha del pasado martes fue cumplida por los hombres y mujeres de la línea. Luego del paro, las trabajadoras organizadas junto a sus compañeros conquistaron que el cuerpo de delegados esté en la discusión sobre un nuevo vestuario para las guardatrenes. Una lección de unidad de clase para quienes tratan de oponer a compañeros y compañeras. Y la forma más efectiva de arrancar las reivindicaciones de género, y todas las demás.

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