La implosión del NPA arrastra a sus corrientes

Escriben Ana Belinco y Emiliano Monge

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Un artículo reciente del diario *Le Monde** advertía acerca de “la amenaza de implosión” en el Nuevo Partido Anticapitalista de Francia. En un boletín de discusión interna posterior al último CPN (Consejo Político Nacional del NPA), un miembro del mismo explica que ya no hay un “proyecto común” y que “es necesario registrar la separación de hecho”. Sectores opositores a la dirección reclaman, por el contrario, una “refundación del NPA”. Un artículo de Fredy Lizarrague, del PTS (que integra el NPA con la Corriente Comunista Revolucionaria), evita el tema de la debacle que se anuncia, con el propósito de deslindar a su organización de la responsabilidad política en este fatídico desenlace. La nota de Le Monde destacaba el grado de dispersión de la oposición, para invalidar que pudiera representar una alternativa viable.

Liquidacionismo al cuadrado

La Liga Comunista Revolucionaria (LCR) ha sido la que propició la fundación del NPA y su dirección mayoritaria durante una década. “Siguió, en el campo de la IV Internacional (SU), el mismo derrotero de la socialdemocracia, primero, y el stalinismo después, en el desarrollo de su integración al estado”, en el sentido de sustituir la revolución proletaria y la dictadura del proletariado por una “democracia”, a veces ´social´, a veces ´plural´, sin salir nunca del marco del régimen existente (Altamira, “El Nuevo Partido Anticapitalista hacia la disolución”. Es sobre esta base contrarrevolucionaria que se funda un partido ´nuevo´, adaptado a una nueva estrategia política. Lizarrague admite que el NPA es “liquidador” (LID, 10/8), lo cual es una crítica terminante, pero la entierra enseguida con el argumento de que no cometió “traiciones”. Liquidar un programa es una traición, que abre un rumbo subsiguiente de otras ´traiciones´.

El NPA no está solo en esta política. En los últimos años se formaron otros partidos amplios “anticapitalistas”, integra gobiernos, como el Bloco de Esquerda en Portugal o Podemos en España. El primero sostiene al gobierno con sus votos parlamentarios, el otro ya está adentro del gobierno. Lizarrague tiene la expectativa de que el NPA tenga la oportunidad de hacer algo parecido en Francia, para después acusarlo de ‘traidor’. Quizás esto no ocurra nunca, si se confirman algunas previsiones de que el NPA acabará disolviéndose. El NPA llamó a votar a Jean-Luc Melenchon (Francia Insumisa) y al PCF, ya en 2017, dos organizaciones nacionalistas, con el pretexto de que estarían “a la izquierda del PS” (npa2009, 26/6/17). En el balotaje o segunda vuelta, no ocultaron su voto a favor de Macron, bajo el slogan hipócrita de “ningún voto para el Frente Nacional (Le Pen)”, o sea, todos a Macron.

En el 4° Congreso (2018), Krivine, Besancenot y Poutou no descartaron unirse en un futuro próximo a Melenchon. El NPA no apoyó a los chalecos amarillos, firmaron una declaración con la CGT, criticando los “métodos” de los chalecos (precisamente lo que tenían de más avanzado) y dijeron que sus movilizaciones eran reaccionarias (npa2009, 1/11/18). El 1° de mayo acordaron con la CGT (que venía de entregar la lucha contra la reforma previsional de Macron), los Verdes (ganadores de las últimas legislativas) y los “altermundistas” de Attac, una plataforma de “alternativas al capitalismo neoliberal, productivista y autoritario” (Attac, 28/4). Esto es liquidacionismo puro y duro.

“Recomponer la extrema izquierda”

Frente al argumento de que el NPA es un proyecto liquidador del marxismo, el PTS afirma que tal vez el “NPA (no) sea perfecto, ni mucho menos, pero puede convertirse en un instrumento de recomposición de una extrema izquierda” (LID, 4/8). Todo puede convertirse en otra cosa y hasta en su contrario, a condición de que niegue lo que es. Este principio elemental no entra en la cabeza del PTS, dispuesto a violentar la lógica para justificar sus maniobras. Se justifica una política que tiene el propósito declarado de bloquear el desarrollo de una vanguardia revolucionaria – para eso nació el NPA, más allá de todo lo que hiciera en esa dirección su predecesora, la LCR. “Recomponer la extrema izquierda”, debe partir de una delimitación política, de decir lo que el NPA es – la finalidad explícita de su creación.

El PTS practica un “entrismo permanente”, en realidad, una política de maniobras en tiendas ajenas; el entrismo parte, al revés, de una política de principios. El PTS (MRT) planteó ingresar dos veces al PSoL en Brasil, “para luchar”, declaró, “contra el régimen golpista” (LID, 7/8), mientras el acordaba un frente popular con el lulismo y los golpistas. Tiene a su dirección dentro del DSA (Socialistas Democráticos) en EEUU, que es una de las patas del Partido Demócrata, una corriente que históricamente es llamada “State Department Socialists” (´socialistas del Departamento de Estado´), por sus vínculos con los servicios de inteligencia. No existe “núcleo leninista” rescatable. ¿A quién apoya el SDS? ...a Biden.

El PTS se presenta como “los que luchan contra el centrismo y el liquidacionismo”, pero en las elecciones municipales francesas recientes, hicieron campaña desde su prensa (Corriente Comunista Revolucionaria en Francia), por el frente con el soberanista Melenchon, que levantaba un programa “ecológico, social, unido y democrático” (Le Parisien, 23/1). El PTS no encabeza una resistencia a la “integración” del NPA al movimientismo, sino que la refuerza. De hecho, hace poco llamaron a reunificar el NPA sobre las conquistas “electorales” de la campaña de Poutou, el ex candidato del NPA a las elecciones presidenciales. Dado que Poutou no llegó al 1%, no se entiende lo de los éxitos electorales. Como denunciaba Trotsky, desempolvan el programa en los Congresos, y lo guardan o rebajan durante la lucha de clases.

El FIT-U y el NPA

Los tres partidos del FIT-U han estado dentro del NPA en diferentes momentos (el PTS continúa siendo parte). Ahora se ha sumado, en la declinación, el aparato del PO. Más allá de esto. El NPA y el FIT-U conservan similitudes peligrosas. Porque el NPA es, en realidad, un frente electoral, no un partido. De otro lado, el FIT-U se ha convertido en un frente permanente, como un partido, con reglas establecidas para asignar candidaturas, lo que es peor que un partido. La existencia regular del FIT-U se caracteriza por la disputa permanente, incluso la descalificación, y a veces el boicot en el trabajo sindical, como ocurre con el PTS en el SUTNA. Al lado de la descalificación recíproca se coloca la complicidad: ninguna corriente se pronuncia ante la violación de la democracia en el PO y la expulsión sumaria de centenares y centenares de militantes, ni tampoco, más groseramente, por las combinaciones parlamentarias con Capitanich o incluso en la legislatura porteñas. En esto el FIT-U está por detrás del NPA – al menos por ahora. El negacionismo del FIT-U a esta realidad, bloquea cualquier clarificación política superadora. Tiene reservado entonces el destino del NPA.

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