Cristina Fernández, gestora del voto contra Venezuela

Escribe Jorge Altamira

Los intereses ´nacionales´ del gobierno.

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La “guerra” que Clarín libra contra Cristina de Kirchner impide a sus columnistas entender asuntos que son elementales. Ahora, por ejemplo, aduce que el voto de aprobación del Informe sobre derechos humanos en Venezuela no habría contado con el acuerdo de la Vicepresidenta. Exhibe como evidencia sucesos circunstanciales – la denuncia del informe por parte del embajador de Argentina ante la OEA, Carlos Raimundi; la renuncia de Alicia Castro a una embajada, Rusia, para la cual no contaba con el acuerdo del Senado; los desbordes verbales de Hebe de Bonafini o los menos enfáticos de D´Elia. Que la Cámpora no hubiera abierto la boca para pronunciarse en contra, lo relega a una curiosidad. La trascendencia del voto en cuestión, junto a Trump y Bolsonaro, exime de toda duda que la decisión fue tomada por el gobierno en su conjunto. Cristina Fernández es presentada por la prensa ´destituyente´ como una ideóloga fundamentalista, cuando toda su trayectoria apunta a lo contrario – a una oportunista sin contención. Así pudo pasar del menemismo a la doctrina ´nacional y popular´; del neoliberalismo de los ´90 a un falso keynesianismo en la primera década del nuevo siglo; y hasta presentar la deuda impagable que cargó sobre Anses y el Banco Central y el Nación, como una cruzada emancipadora de ´desendeudamiento´. ¿Cómo se puede adjudicar principismo a la coalición con dos personajes como Alberto Fernández y Sergio Massa, que trabajaron con fervor por la derrota de su ´pollo´ Scioli, en octubre de 2015? Los diarios anti-kirchneristas debieran rendir tributo a CFK por haber superado el fracaso de los Monzó y los Lousteau para evitar el hundimiento del gobierno de Macri, así como los esfuerzos frustrados de Lavagna, Schiaretti y otros para establecer una salida alternativa. La coalición que movió CFK cubrió, aunque en forma transitoria por supuesto, el “vacío de poder” que había aterrorizado a la misión del FMI que se encontraba en Argentina después de las últimas PASO. Se diría que el Fondo estaba reclamando un adelantamiento del traspaso de gobierno al binomio Fernández. Tampoco hay que adjudicar principismo a los fundamentalistas de Maduro – que ya habían transitado por la Alianza cuando la experiencia del chavismo ya había transitado tres años.

Como lo admite todo el mundo, el voto favorable de Argentina al informe de la ONU obedeció a la necesidad de evitar una crisis con el FMI. Todo el mundo debe convenir, sin embargo, que la renegociación de la deuda externa con todos los protagonistas ha sido la agenda de los Fernández desde un principio y la razón de la elección de Guzmán para Economía. Salir del default era el motivo estratégico del kirchnerismo; incidentalmente, Cecilia Todesca acaba de confirmar a Clarín que el endeudamiento del capital local en divisas era el que hemos señalado en reiteradas ocasiones en Política Obrera, entre u$s80 y 100 mil millones – no los números ridículamente bajos que se habían hecho trascender hasta ahora. El programa “nacional” de la burguesía y el gobierno es conseguir ´dos años de respiro´, algo que no está consiguiendo porque la crisis tiene un alcance mayor al que se presenta en forma oficial. Para ese ´respiro´ CFK necesita al FMI, incluso para conservar el gobierno un tiempo suficiente para librar sus otras ´batallas´ en las arenas tramposas del Poder Judicial. Kristalina Georgieva, la jefa del FMI, ha prometido una línea de acción ´benévola´ que ha sido, sin embargo, mal comprendida – cuando dice que no viene por un ´ajuste´ se refiere al ´sector privado´, para el cual está dispuesta a rescatar incluso a las compañías insolventes, con un fondo que acumula un billón de dólares, para todos los estados periféricos.

El voto con Trump y Bolsonaro echa por la borda los “intereses nacionales” de América Latina para defender los más estrechos de Argentina. Como ocurrió con la deuda extranjera y nacional, el gobierno se verá obligado a echar por la borda también esos intereses argentinos, que desde el comienzo se refieren por sobre todo solamente al de los capitalistas. Es probable, como ha ocurrido con la asignación por hijo, que financia en parte el Banco Mundial, que el FMI ofrezca un financiamiento limitado para las IFE y ATP, con fecha inmediata de vencimiento. Georgieva se distingue en el ´establishment´ financiero por destacar el impacto demoledor de la pandemia sobre la organización capitalista mundial. La diferencia entre la gestión albertista, de un lado, y la macrista, del otro, consiste en esto: Macri ha sido el agente de los fondos que endeudaban a Argentina con el llamado ´carry trade´ y el pago de intereses y deuda con más deudas y, por lo tanto, más intereses (“esquema Ponzi”); mientras que el alberto-cristinismo se hace cargo de sacar del default al que llevó el macrismo a la burguesía y al conjunto de la economía capitalista – por supuesto que a costa de los trabajadores y los jubilados. Cuando este intento colapse, la crisis política ordenará a los nuevos gestores de la bancarrota y sus salidas alternativas.

El desarrollo de esta crisis tiene un impacto en la política latinoamericana, en primer lugar, en Bolivia, donde habrá elecciones generales el domingo 19. Los Fernández e incluso el FdeT apoyan a Luis Arce, el candidato del MAS. Pero las elecciones no serán ´tranquilas´; el gobierno fascista, acompañado de las Fuerzas Armadas, acaba de reivindicar la vigencia de los métodos del asesinato a sangre fría al Che. La tendencia del MAS a un compromiso con la reacción política quedó de manifiesto en la legitimación del gobierno golpista por parte de la Asamblea Nacional, bajo control absoluto del MAS. El silencio del gobierno de los Fernández contra las ´apretadas´ que está sufriendo el proceso electoral boliviano se inscribe en la misma línea del voto contra Venezuela y de las sucesivas concesiones que caracterizaron la negociación reciente de la deuda externa. No se trata de ´ideología´, se trata de intereses de clase – hay que recurrir a todas las trapisondas para rescatar a la burguesía nacional y su estado del default en el que se encuentra.

Alicia Castro, Raimundi, D´Elia, Bonafini se rasgan las vestiduras por el voto pro-yanqui contra Venezuela, pero cubren al gobierno policial de Maduro contra los trabajadores venezolanos. Mientras amnistía a opositores encarcelados, la represión se descarga sin límites jurídicos en las calles de Venezuela y en los domicilios más pobres. Todos los mencionados arriba han saludado el acuerdo de deuda externa y la desvalorización de las jubilaciones y salarios – en este caso con el argumento de que los menos pobres deben financiar a los más. ¡Maduro también acaba de convocar a renegociación de la deuda de Venezuela, cuyo default no ha sido declarado oficialmente por los acreedores, debido a un decreto suspensivo de Trump! Los críticos K del voto de Argentina no tienen objeciones para con el FMI, quizás porque Georgieva es una preferida de Bergoglio. En definitiva, todo este episodio, muy esclarecedor, de un lado, es una farsa estupenda.

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