Docentes: el fracaso de la ´revinculación´ en CABA

Escribe Gisela Dorado

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La puesta en marcha del plan de apertura de actividades presenciales en las escuelas, acordado entre el gobierno de Larreta y Nación, ha redundado en un fracaso rotundo. Así lo demuestra el relevamiento llevado adelante por Ademys, que da cuenta de una concurrencia insignificante de alumnos, muy por debajo de lo previsto por los funcionarios. Asimismo, la continuidad de las asambleas por distrito, por sector y por escuelas que se siguen organizando da muestra de la disposición de lucha que anida entre la docencia.

El fiasco para Larreta y Acuña se explica, en buena medida, por el resultado de las reuniones y asambleas que los docentes llevamos adelante con las familias, que no han mandado a sus hijos a las escuelas y han expresado su oposición a la medida mediante pronunciamientos y cartas abiertas. Por otro lado, en las medidas gremiales votadas en las sucesivas asambleas que ha convocado Ademys, el paro se ha impuesto como la única herramienta efectiva para quienes han sido convocados a las actividades presenciales. UTE-CTERA había llamado a una medida individual de retención de tareas, pero luego de que el gobierno contestara que en ese caso se les descontaría el día y el presentismo, se ha llamado a silencio.

Como respuesta a su fracaso, el gobierno porteño ha decidido doblar la apuesta: presentó protocolos de vuelta de sala de 5 de nivel inicial, 1er grado, 1er año y nivel superior. A la par, ha reforzado las presiones sobre supervisiones y directivos para garantizar escuelas piloto y desarticular reuniones con las familias, con amenazas de sumario de por medio.

Pero las comunidades educativas e niegan a ser carne de cañón en la política improvisada que ya ha tenido consecuencias en la escuela técnica 15 de Barracas, con un trabajador auxiliar infectado y el cierre provisorio de la escuela. También con el caso de la escuela 10 del Bajo Flores, donde luego del primer día de apertura, la casera fue diagnosticada positivo de covid, teniendo que aislar a la conducción de la escuela, los auxiliares y dos maestras que habían mantenido contacto estrecho con ella. Esto es un botón de muestra de que la decisión de abrir escuelas implicará el crecimiento de los contagios. En primer lugar, porque la circulación comunitaria del virus aún es muy elevada en CABA; también porque las reaperturas se despliegan sin la infraestructura escolar adecuada para el desenvolvimiento de las “burbujas” de estudiantes, en relación a la cantidad de alumnado y el distanciamiento que se debiera respetar; tampoco se ha resuelto la entrega de elementos de protección, higiene y desinfección. De las 190 escuelas que debían abrir esta semana, muchas no lo hicieron por falta de estos elementos o porque el termómetro láser no funcionaba.

Todo pronóstico que apostaba al agotamiento y la disolución de la lucha docente ha sido desmentido. Las escuelas técnicas (las primeras en abrir) se han puesto de pie, pese a la entregada de los sindicatos UDA, AMET y de la misma UTE que, con gran inserción en este sector, han intentado frenar todo ápice de combate a las aperturas. Esta semana tendrán la tercera asamblea intertécnicas, que ha coordinado medidas de al menos 26 técnicas.

Otro de los sectores que ha salido a luchar es el nivel inicial. En este nivel está enquistada buena parte de la burocracia de Camyp, UTE y otros de los ´sindicatos-kiosco´ del gobierno porteño. La semana pasada se ha viralizado un video donde las docentes de inicial le decían en la cara a los funcionarios del gobierno que de ninguna manera volvemos en pandemia, mientras estos intentaban presentar materiales educativos.

Rápidamente brotaron las asambleas por escuela y, ante el bloqueo de la organización por parte de las representantes celestes de UTE, motorizaron una asamblea autoconvocada e impulsaron el paro de Ademys y la participación en la caravana a la Jefatura de Gobierno y otras actividades distritales. La docencia porteña redobla la apuesta sin esperar que las conducciones sindicales se apresten a salir a luchar. La pandemia, como crisis humanitaria, tiene al conjunto de los trabajadores docentes y las familias a la cabeza de la lucha en defensa de la vida, la salud y la educación.

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