Abusos en la yeshivá

Escribe Olga Cristóbal

Las escuelas religiosas judías usan la misma fórmula que las católicas para encubrir las violaciones: amenazas y sobornos.

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Los abusos sexuales contra los alumnos, que se denuncian años o décadas más tarde, no son exclusivos de las instituciones cristianas: en las escuelas bíblicas (yeshiva) y sinagogas judías “también afloran cada vez más este tipo de escándalos” (La Vanguardia, 24-12-19).

Un rabino de Jerusalén, Shalom Hazan, fue condenado en diciembre a cuatro años de prisión por abusar repetidamente de por lo menos dos chicos y dos chicas de entre 6 y 16 años, informó YNetNews (24.12.19). El rabino describió su conducta como “el trato de un abuelo amoroso".

Días antes, el diario israelí Haaretz (22-12) informó que el rabino Abraham Mordejai Alter había sido denunciado por dos alumnos de la prestigiosa -y exclusiva- yeshivá Ner Yisrael, en Jerusalén. Alter es hijo de un poderoso líder de la comunidad jasídica Ger, el rabino Yakov Arie Alter. Los dos demandantes, violados durante años por Alter, mantienen su identidad oculta: temen las represalias.

Tanto el acusado como su padre negaron las acusaciones, formuladas hace dos décadas, y la comunidad Ger protegió durante años al paidófilo. Una comisión investigadora de la Ner Yisrael llegó a la conclusión de que Alter hijo –“una figura muy espiritual con la que era un honor estudiar”- solo "se acercó mucho", físicamente, a los estudiantes. Las autoridades no solo no denunciaron a Alter a la Justicia, sino que “les pagaron a las víctimas cientos de miles de shekels” para comprar su silencio, cuenta Haaretz.

Casas más casas menos, igualito al Vaticano.

Los jóvenes de las comunidades jaredíes (“los que temen a dios”) viven aislados del mundo, en barrios separados, entre severísimas restricciones. No trabajan, sino que reciben subsidios del Estado, no se suman al Ejército y consagran su vida al estudio de la Torá.

El temor a la tentación sexual es permanente, por eso las mujeres van cubiertas y no deben ser ni siquiera rozadas fuera de su entorno familiar. Tampoco pueden relacionarse con extraños y son sometidas a casamientos pactados, muy jóvenes. Sin embargo, son ellas las que acercan un salario a la familia, aunque solo puedan trabajar en sus barrios y con personas religiosas.

Todos -hombres y mujeres- deben obedecer a los rabinos, que guían la vida de los fieles hasta en los menores detalles. En su “lucha contra el Mal”, las comunidades jaredíes en Israel suelen agredir a homosexuales, golpear a las mujeres que no entren cubiertas a sus barrios o destrozar la cartelería que juzguen pecaminosa.

Se calcula que unos 1.200 jóvenes huyen de esas familias cada año. En Israel hay una sola ong, Hillel, que los ayuda a integrarse al mundo. Muchos chicos narran años de abuso sexual. “Fui víctima de abusos sexuales en la yeshivá. Fue asqueroso. Al principio creí que fue una equivocación mía, pero luego me di cuenta de a mi hermano gemelo le había ocurrido lo mismo”, cuenta uno de los jovencitos refugiados en Hillel. (https://www.hoy.es/sociedad/adios-tora-20181112001755-ntvo.html)

También en Nueva York

En agosto del año pasado Yeshiva University, una prestigiosa universidad de Nueva York, fue demandada por 380 millones de dólares. Treinta y ocho ex alumnos de la Escuela Secundaria Yeshiva, que funciona como preparatoria, afirman que fueron abusados entre 1969 y 1989.

Una reforma legal permite el juicio. Otro grupo de estudiantes había presentado un caso similar en 2013, pero los jueces dictaminaron que estaba prescripto. El periódico Jewish Daily Forward informó que la Universidad estaba al tanto de las tropelías de los rabinos George Finkelstein y Macy Gordon, “pero permitió que siguieran trabajando durante años” (The Washington Post 23-8-19). Finkelstein les decía a los chicos, hijos de sobrevivientes del Holocausto, que “iban a aumentar el sufrimiento de sus padres si les contaban el abuso”.

La violencia sexual contra chicos y adolescentes en las escuelas religiosas judías echa por tierra una de las justificaciones típicas de la paidofilia católica, que la explica por el celibato sacerdotal. Si les permitieran casarse eso no pasaría, arguyen. Pues bien, los rabinos no solo se casan sino que tienen en promedio 6,9 hijos.

La violación y el abuso sexual son inherentes a las instituciones religiosas, como el despotismo, el sadismo y el maltrato a los niños y jóvenes que están librados a la autoridad del que manda, use sotana o traje negro. Finalmente, son religiones fundadas en la idea de que es legítimo que un padre mate a un bebé si dios se lo ordena.

Si la violación nada tiene que ver con el erotismo, sino que es solo violencia ejecutada a través del sexo, es natural que se exprese como despliegue de poder, como arma de sujeción de los más débiles en instituciones basadas en la superstición, el temor, la ignorancia, jerárquicas, verticales, brutalmente sexofóbicas.

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