17N: rebelión en los hospitales le arrancó el paro a la burocracia de Médicos Municipales

Escribe Julián Asiner

A hacerlo activo, nacional, con movilización y asambleas que fijen montos y continuidad.

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Y un día se colmó la paciencia del personal de salud. El manoseo paritario catalizó la bronca acumulada durante largos meses de sobrecargas, sobrexposición y destrato.

En los últimos días, asambleas masivas emergieron en los hospitales porteños. El rumor de que la burocracia de la Asociación de Médicos Municipales (AMM) aceptaría una oferta similar a la firmada por Sutecba, de un 15% en cuotas que en realidad es tan solo un 5% para 2020, atizó la necesidad de intervenir.

Las asambleas se convirtieron en acciones de protesta, con cortes y aplausazos. Los ambos y chaquetas, confinados durante meses en las guardias, salas de internación y terapias, ganaron las calles de la ciudad.

En 2020, mientras los trabajadores de la salud le poníamos el pecho a la pandemia, vivimos en simultáneo el derrumbe del poder adquisitivo de nuestros salarios, mal disimulado por bonos no remunerativos que no todos cobraron, y que incluso llegaron a descontar los días de aislamiento obligado.

Los residentes aguantaron las guardias infinitas en las salas cobrando sueldos de 45 mil pesos, casi la mitad de lo que vale una canasta familiar. El maltrato llegó hasta la agresión física, como ocurrió en la UTI del Hospital Tornú.

Con miras a un acuerdo con el FMI, el gobierno nacional desmanteló las medidas de aislamiento y pactó con UPCN un 7% para los trabajadores del Estado, contra una inflación del 40. A los pocos días, el presidente quedó convertido en contacto estrecho y los hospitales nacionales se poblaron de protestas, con epicentro en el Garrahan.

Siguiendo esta pauta ajustadora, Larreta de un lado de la General Paz, y Kicillof del otro, buscaron imponer sus propias paritarias a la baja a los trabajadores de la salud, ofreciendo porcentajes levemente superiores al nacional a costa de convertir los aumentos en sumas no remunerativas.

La rebelión de los hospitales porteños forzó a la burocracia de Gilardi de la AMM a convocar al paro, seguido a las horas por Federación de Profesionales, que también despertó de un largo letargo. El paro anterior había sido en diciembre de 2019, cuando la AMM debió rechazar la represión sobre residentes y concurrentes, que protestaban contra una ley que Larreta había pactado… con la propia AMM.

La interna de la burocracia médica jugó un papel en esta crisis. La lista 10 de Rojo impulsó asambleas en sus hospitales, aunque se cuidó muy bien de que el paro fuera arrancado desde abajo. Evitaron votar el paro en las asambleas, como antes habían rechazado participar de la movilización a la AMM que convocaron el Frente de Recuperación Gremial (FRG) y agrupaciones autoconvocadas.

El reclamo de Rojo fue “que se reúna el Consejo Central de la AMM”, no una asamblea general. Su mira está puesta en el desgaste de su ex aliado Gilardi frente a las próximas elecciones, no en el desarrollo de un plan de lucha en serio por el salario que implicaría la movilización de los trabajadores. Por eso formula reclamos sin medidas que lo sustenten.

Rojo le pateó la pelota a Gilardi, y Gilardi convocó al paro del 17N para poner en caja a la rebelión de los hospitales. Pero unos y otros nadan en río revuelto. La movilización por abajo condiciona sus maniobras, cada vez más de cerca.

La convocatoria al 17N plantea a los trabajadores de la salud nuevos desafíos. El primero es prepararla con asambleas en todos los hospitales y centros de salud, que borren las diferencias de especialidad y escalafón en un único reclamo paritario. Para ganar la pulseada por el salario, el paro debe ser activo, con movilización desde los lugares de trabajo y una asamblea general interhospitalaria que fije el monto a exigir y vote la continuidad del plan de lucha. Es el método para que la rebelión de los hospitales recupere la dirección de su propia lucha.

El 17N se reclamará también por el reconocimiento profesional de enfermería, que va al paro en todo el país el viernes 20. Es también la oportunidad para que se sumen los administrativos y nacionales que rechazan el 7% y para que hagan lo propio las provincias con paritarias en crisis, empezando por Buenos Aires donde CICOP se opuso al 15% en cuotas de Larreta. Perdón, de Kicillof.

Vayamos por un salario mínimo igual a la canasta familiar para todo el personal de salud, hoy en 100 mil pesos según la Universidad de Rosario. Ningún porcentaje por debajo del 40% de inflación anual. No a las sumas no remunerativas: todos los aumentos al básico. Por la indexación mensual del salario de acuerdo a la inflación. Reconocimiento profesional para enfermería y todo el equipo de salud. Salario y ART para concurrentes. Reincorporación de Laura al Hospital Tornú y sanción para sus agresores.

Por un pliego votado en asambleas y un plan de lucha hasta ganar. ¡Que no se firme nada a nuestras espaldas!

Al terminar de escribir esta nota, una asamblea general de residentes y concurrentes votó organizar una movilización para el martes 17 a las 10 hs., del Ministerio de Salud (Monasterio) a la Jefatura de Gobierno de CABA. Misma actitud adoptó una asamblea de médicos interhospitalaria. El reclamo: 100% de aumento, en blanco y retroactivo al mes de abril. ¡Adelante!

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