Persecución política en DOCA (Documentalistas de Argentina)

Escribe Ernesto Thuta

Tiempo de lectura: 6 minutos

Más de 50 socios y socias de la más importante asociación de documentalistas de la Argentina (DOCA) denunciaron con sus firmas, en una declaración pública, una grave profundización del proceso de purgas, agresiones, expulsiones y suspensiones contra la oposición de izquierda en esa organización. DOCA, advierten, se caracteriza por una tradición de lucha que hoy se encuentra abandonada (y combatida) por la actual dirección.

La creciente agresión y persecución a la izquierda tiene un objetivo muy claro: tener las manos libres para integrarse a los manejos del INCAA sin rendir cuentas a nadie. El Frente Gremial de la Base ha decidido manejar la asociación de espaldas al movimiento de documentalistas, para dar por cerrada la “etapa” de lucha por los intereses del conjunto de lxs realizadorxs y transformar a DOCA en una asociación de lobby y de “rosca” (la modalidad típica de los negocios en el INCAA), integrada a la “industria” y, sobre todo, al Estado. El Frente Gremial ganó las últimas elecciones de DOCA por menos de una decena de votos, luego de una purga unilateral e ilegal realizada con ese fin fraudulento y que significó la expulsión de más de 40 socixs activxs, el 20 por ciento del padrón.

Para poder llevar adelante esta política de abandono de la movilización, concentrarse en los intereses particulares de la camarilla dirigente y tener libertad para establecer acuerdos políticos ajenos a los intereses generales de los realizadores independientes, DOCA apuesta por sacarse de encima al amplio sector de la izquierda que constituye la mitad de la organización. Lo que se dice: una purga.

En el último período, y aprovechando cobardemente la relativa inmovilización que planteaba la pandemia y la cuarentena, la directiva de DOCA profundizó sus ataques macartistas y provocaciones; por ejemplo, suspendió por seis meses, sin derecho a defensa, a un dirigente del Ojo Obrero y último candidato a presidente de DOCA por la oposición, por haber mandado un sticker “ofensivo” (¡¡¡) en un grupo de Whatsapp, donde se estaba discutiendo el creciente ajuste y burocratización en el INCAA y de qué manera los jurados que evalúan los proyectos documentales parecían estar amoldándose a la política restrictiva al desaprobar proyectos que estarían en plenas condiciones de lograr un subsidio para su realización. La respuesta ante un debate que está en el centro de la problemática actual de lxs documentalistas fue la suspensión del socix, que simplemente interpelaba a la directiva por su posición frente a este tema. Un claro acto de censura y persecución.

La suspensión de este compañero anticipaba un recrudecimiento del macartismo, e incluso el inicio de nuevas expulsiones arbitrarias, por lo cual el Frente de Documentalistas en Lucha (la oposición en DOCA) denunció públicamente el hecho, y la persecución en general. Pero el proceso expulsivo continuó, y ya podemos hablar de una ruptura de DOCA por parte de quienes pretenden apropiársela ilegalmente para sus acuerdos inconsultos, y particularmente para integrarse al INCAA ya no como organización de lucha, sino como organismo representativo de un sector acomodado del cine documental. Justamente lo que denuncia la reciente declaración firmada por 50 socixs de DOCA es la expulsión, en los últimos días, de seis compañerxs (dos de ellos del Ojo Obrero) con una excusa administrativa: haberse atrasado en el pago de la cuota social… ¡en plena pandemia! Al tratarse incluso de socixs fundadores de DOCA, activxs militantes de la oposición, la expulsión plantea el abandono de la mínima legitimidad y legalidad de la directiva, con lo cual claramente hemos pasado a una etapa en que la propia existencia de DOCA está en peligro, así como sus conquistas históricas y su rol de vanguardia en la lucha del cine independiente por su derecho al fomento estatal.

La historia de DOCA nos remite a las movilizaciones, asambleas y piquetes frente al INCAA para lograr algo que hoy está en peligro: una línea de fomento para el cine documental de bajo presupuesto, mediante el cual cientos de realizadoras y realizadores han generado una increíble variedad de producciones, que no sólo expresan la propia visión del director o la directora, sino sobre todo temáticas políticas, sociales, históricas y culturales que no son abordadas por el cine comercial. Y este es un tipo de fomento que debería extenderse al cine de ficción, que no encuentra formas de financiamiento accesibles a lxs realizadorxs sin recursos propios ni una empresa productora que los respalde. Este tipo de subsidios no representan un esfuerzo financiero extraordinario por parte del INCAA, que está abocado al financiamiento de las grandes producciones multimillonarias; sin embargo, son significativos por el potencial de la producción que pueden generar, sobre todo para una inmensa cantidad de estudiantes de cine que no podrán incorporarse al mercado laboral sino por medio de una democratización y apertura de los fondos dedicados al fomento cinematográfico.

Abandonar el camino de la lucha política y reivindicativa que hizo de DOCA la entidad de documentalistas más representativa y respetada del país no debe interpretarse, sin embargo, como un “suicidio político” por parte de la directiva de DOCA, ya que este intento de darle un cambio definitivo al carácter de la asociación les promete jugosos beneficios. Beneficios para unos pocos; retroceso para el conjunto del movimiento.

El actual presidente de DOCA fue recientemente designado como representante en el Consejo Asesor del INCAA, lo que es una prueba de que el ataque a la izquierda y el rol de contención que DOCA está jugando tiene su recompensa por parte del “sistema”. Mantener a la vanguardia política del cine (los documentalistas) quietitos en sus casas es todo un “logro” que merece su premio por parte de quienes necesitan de esta quietud para socavar los derechos de lxs trabajadorxs de la cultura y avanzar en un reparto cada vez más concentrado de los recursos. Está en juego la financiación del cine documental independiente, pero el verdadero caldo que se cocina tiene que ver con la reconfiguración del fondo de fomento ante las nuevas plataformas de distribución (Netflix, etc.) y de qué manera el dinero que surja de allí va a ser acaparado por la gran industria del cine, la televisión e internet. Si no intervienen de manera decidida en esta etapa, con sus métodos de discusión, lucha, y sobre todo independencia política, lxs realizadorxs de a pie quedarán fuera de esta película.

La tarea de la izquierda

La oposición en DOCA a este grupo dirigente ha logrado organizarse en un frente único: el Frente de Documentalistas en Lucha, con una gran representatividad y un gran potencial organizativo. Conviven allí desde la izquierda parlamentarista hasta sectores independientes que, incluso por motivos meramente democráticos e instinto de supervivencia, consideran que la actual política de DOCA representa el fin de los métodos y perspectivas históricas de la organización: es decir, el fin del funcionamiento democrático y la unidad de acción por los reclamos e iniciativas del conjunto.

Ante la ruptura de hecho que plantea la directiva de DOCA por medio de sus ataques expulsivos, la tarea del momento parece ser fortalecer este frente único y encontrar un camino para desarrollar su propia política y desplegar sus propias acciones, para escapar al inmovilismo y visibilizar el debate y las persecuciones ya no sólo dentro de DOCA, sino de cara al conjunto del movimiento de cine independiente, lxs trabajadorxs y lxs estudiantes, que no hace mucho supieron jugar un rol sumamente activo y movilizador en la lucha del sector audiovisual.

La ruptura de DOCA es un hecho, y plantea la necesidad de recuperar a la asociación como una valiosa herramienta de lucha. El desafío es que el Frente de Documentalistas en Lucha se desempeñe como tendencia independiente, para no quedar anclados en una asociación que, hoy por hoy, no ofrece ninguna posibilidad de participación. Ante el gobierno de Berni y el FMI, y previendo un panorama de crisis y catástrofe social en el cual la organización independiente de lxs documentalistxs va a ser más necesaria que nunca, para seguir haciendo las películas que construyen un relato verdadero de la historia viva, hay que retomar la iniciativa democrática, independiente y combativa.

Está pendiente la tarea de organizar una Asamblea Abierta del cine independiente, lxs trabajadorxs del sector y lxs estudiantes, que debata un nuevo plan de fomento y un esquema de financiación basado en impuestos directos a las plataformas de streaming y los proveedores de internet. Y que debata y tome cursos de acción para lograr, en definitiva, que los fondos del INCAA sirvan para financiar el cine independiente (que realmente necesita ese financiamiento) y no a las grandes productoras y sus asociaciones, ese club parasitario al cual la directiva de DOCA aspira a “pertenecer”. ¡Fuera la burocracia de DOCA! ¡No a las purgas en sindicatos ni asociaciones, ni en los partidos de izquierda ni en las organizaciones de lucha! ¡Viva el cine documental, reflejo de la historia y el presente de lxs trabajadorxs y sus luchas!

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