Kimberly Clark: un balance para los trabajadores

Escribe Patricio Lara

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Comunicado el cierre de la planta Bernal por parte de la multinacional Kimberly Clark y resuelta la ocupación inmediata por parte de sus trabajadores, se produjo un proceso que sirvió como laboratorio para la lucha de clases de la última etapa.

En ella se probaron dos orientaciones, de las cuales deben surgir los necesarios balances de la clase obrera.

Desde el minuto cero hubo dos caracterizaciones totalmente opuestas sobre el conflicto: una que planteaba que había que convencer a la empresa Kimberly Clark de que se quedara y reabriera la planta, y la otra que planteaba que este era un ataque total contra la organización fabril que durante 12 años se desarrolló en esta planta, sirviendo de referencia a los trabajadores del gremio. De fondo, estas diferencias expondrían con el desarrollo del conflicto, dos estrategias opuestas.

Dos orientaciones

En el desarrollo de las asambleas se fueron evidenciando estas orientaciones. La impulsada por el oficialismo del PO apuntaba a parlamentarizar el conflicto y sumar electoralmente a la campaña del FIT-U. Esto consistía en buscar el apoyo de diputados de distintos partidos y en la elaboración de proyectos productivos, una suerte de "ajuste" laboral propio, que probablemente recibiría el apoyo de quienes ya en ese momento se alineaban con el ´pacto social´.

Nuestra orientación, en cambio, planteaba abrir el conflicto a los distintos sectores el movimiento obrero que salen a resistir los cierres de fábrica y despidos, marcando un canal organizativo y de acción directa, mediante el apoyo e impulso de coordinadoras que venían surgiendo desde sectores que luchaban aisladamente y procesaron la necesidad de agruparse.

El primer plenario convocado a horas de haberse concretado la ocupación de Kimberly mostró límites, puesto que sólo estuvo representada la izquierda alineada con el FIT-U, incluida una escasa representación del Plenario Sindical Combativo, del cual sus más importantes referentes no asistieron ni en ningún otro momento se acercaron a la ocupación al cabo de 70 días.

Posteriormente en las asambleas se fue procesando la necesidad de convocar a un plenario nacional donde todo el activismo obrero, sindicatos combativos, comisiones internas y delegados independientes. En definitiva, a todos aquellos sectores del momento obrero que resisten avanzadas y ataques patronales, mientras sus sindicatos aíslan esos conflictos y construyen un cerco a su alrededor para evitar el desarrollo de esas luchas y que los compromisos de la burocracia no se vean afectados.

Después de varias postergaciones el 1° de noviembre, finalmente, se concretó el plenario nacional, el cuál construimos yendo a debatir con todos los sectores del conurbano bonaerense e incluso recorriendo el cordón industrial de Santa Fe, el más importante del país, dónde recogimos apoyo político y económico.

El plenario también expresó la unidad de trabajadores industriales, estatales y desocupados. Varios sectores plantearon la necesidad de desarrollar la herramienta de resistencia obrera que significa el agrupamiento de trabajadores de distintos gremios, unificar sus reclamos y ganar las calles mediante acción directa en el conurbano bonaerense y la capital e ir a la lucha por nacionalizar está experiencia.

El desarrollo del conflicto sirvió para esclarecer además el rol de los distintos actores. Por un lado, la patronal asociada al estado y sus estamentos, como la Secretaría de Trabajo, donde articularon un preventivo de crisis trucho para extorsionar económicamente a los trabajadores mediante retiros voluntarios y, luego, producir despidos masivos. La Secretaría de Trabajo no convocó audiencias y habilitó a que el Juzgado arremetiera con la amenaza de desalojo, respondida por los trabajadores con una conferencia de prensa y una prueba productiva, en una jornada rodeada de la solidaridad de organizaciones sindicales, sociales, políticas y de derechos humanos.

La prueba productiva significó un hecho político. Los trabajadores rompieron la norma que dicta que los obreros producen exclusivamente bajo decisión patronal. Tomando está decisión por sí mismos, dieron un claro mensaje al Estado, la patronal y la burocracia sindical. Todo esto en medio de un cambio de gobierno plagado de límites y contradicciones.

La producción se entregó centralmente a hospitales, escuelas, jardines de infantes, comedores y bomberos voluntarios, mostrando que la necesidad de productos de higiene personal de amplios sectores sociales que dependen del Estado puede ser cubierta por la puesta en marcha de esta planta, bajo el paraguas estatal y de esa forma mantener 300 puestos de trabajo.

El desalojo del Estado, la burocracia y la patronal

El desalojo se produjo en la madrugada del 4 de diciembre a punta de pistola, con toda la violencia qué consideraron necesaria para dejar un claro mensaje contra las ocupaciones que – muy a pesar de ellos – seguirán desarrollándose como herramienta de resistencia de los trabajadores en todo el país.

La prueba productiva y las relaciones que se tejieron entre Kimberly y otros procesos importantes, como el de Molino Minetti, colocaron en la agenda de la transición entre el macrismo y los Fernández-Fernández la necesidad de ponerle un punto final a la ocupación.

Los "progres" tuvieron prácticamente un mes para pronunciarse políticamente contra el desalojo luego de que la justicia le diera vía libre, teniendo en cuenta además que los trabajadores de Kimberly en la última conferencia de prensa reclamaron dicho pronunciamiento. No lo hicieron y con ello dieron la venia para que se avanzara contra los trabajadores.

Esta situación marca que la lucha de los trabajadores no puede ser solamente contra la patronal, sino también contra el estado y sus administradores – léase gobiernos de turno.

Ocurrido el desalojo y la mecánica con que este se produjo, a la fecha no hubo una palabra de rechazo del actual oficialismo en contra de esta situación, lo que constituye un obvio mensaje al capital.

La represión y las balas como herramienta de "resolución" brutal de los conflictos laborales que se expuso plenamente en la ocupación de Kimberly, muestra la política de los distintos gobiernos que se alinean con las patronales, las cuales mediante cierres truchos buscan optimizar sus rentabilidades y negocios, descartando a sus trabajadores como si fueran desechables. En la etapa por venir el poder gubernamental se verá enfrentado a la respuesta que comienzan a forjar los trabajadores mediante las coordinadoras de sectores que resisten y se agrupan para dar la lucha política contra el estado, los sindicatos entreguistas y las patronales.

Párrafo aparte merece la burocracia papelera del Sindicato Papelero de Bernal y la Federación del Papel, quienes en ningún momento convocaron al paro papelero votado por la asamblea de la ocupación ni apoyaron económicamente el fondo de lucha, pero sí embolsaron importantes descuentos de las indemnizaciones obreras.

Pero el rol de la burocracia sindical es aún más carnero, ya que en la etapa de la ocupación se produjo el cierre de las papeleras Ansabo, Kimberly Clark, Acevedo, Hélice y Ledesma. Ante esta masacre laboral no llamaron a un paro papelero, ni siquiera de una hora, sirviendo de rueda de auxilio de las multinacionales y empresarios, del estado y del gobierno.

El papel nefasto que juega la burocracia sindical papelera, que abandonó la defensa de los puestos de trabajo, el salario, la defensa de las condiciones de trabajo y de seguridad, la representación de víctimas de crímenes laborales como Mechi Cantero, son la evidencia palmaria de esta política totalmente entreguista.

El retiro del PO

Luego del fracaso de la línea parlamentaria y el desbarranque electoral, comenzó a expresarse la quita del apoyo político al conflicto por parte de la dirección del PO, que planteaba que el sostenimiento económico de los acampes debía hacerse con el fondo de lucha de la ocupación.

Párrafo aparte merece el día mismo del desalojo, dónde la dirección del PO dejó correr cinco horas de oro, sin avisar al resto de la comisión interna ni al colectivo obrero sobre el dato filtrado de un desalojo inminente, lo cual impidió a todas las organizaciones rodear de solidaridad y apoyo al acampe para resistir y hacer retroceder el desalojo como en su momento se logró en la lucha de AGR, considerando, además, que faltaban horas para el traspaso presidencial.

Esto constituye una situación grave. Consumado el desalojo, coloca a los trabajadores de Kimberly en una posición mucho más compleja para enfrentar el cierre anunciado por la corporación.

Pero no sólo significó un golpe para la ocupación de Kimberly, ya que la ocupación batalló por el desarrollo de otras ocupaciones como herramientas de resistencia de los trabajadores y la coordinación entre estos sectores. Esta es la magnitud que tiene la pérdida de esas horas claves donde se definía el futuro de la ocupación de Kimberly.

La estrategia parlamentarista, electoral y de aparato del PO expuso su peor faceta. Significó el abandono del método histórico con el que la lista Gris intervino en la fábrica, el de la asamblea y la democracia obrera, sustituyéndolo por las decisiones de una camarilla ajustada sus propios intereses.

Adónde va a lucha de Kimberly

En medio de todos estos factores adversos, la actuación decidida de los trabajadores de Kimberly contra una multinacional, el Estado y la burocracia significó un importante aprendizaje para la clase trabajadora de cara a las batallas fundamentales que tiene por delante.

Para el distrito de Quilmes la industria papelera es vital. Sin embargo, en el último año, se produjo el cierre de dos papeleras y numerosos despidos en las demás, que se suman a los cierres de fábricas de otros rubros, como metalúrgicas, químicas, gráficas, etc. Cuatro de estas estuvieron ocupadas simultáneamente, mostrando una enorme disposición a la lucha de sus trabajadores.

La primera movilización de Kimberly posterior al desalojo al palacio municipal fue importante al igual que la reciente movilización a la gobernación, en La Plata. Si bien fuimos recibidos para las cámaras, no recibimos ninguna respuesta concreta.

¿Cuál va a ser la respuesta de la camporista Mayra Mendoza, quien conduce ahora el distrito? ¿Qué determinaciones va a tomar el Consejo del Trabajo puesto en pie por el gobierno municipal?

La enorme fábrica de Kimberly, preparada para una producción tan específica, probablemente esté en busca de un comprador. Deben ser reinstalados todos los trabajadores papeleros despedidos.

La lucha de los trabajadores de Kimberly Clark, luego del desalojo, ingresó en una etapa compleja que sólo puede ser resuelta agrupando e impulsando las luchas actuales de la clase obrera y aquellas por venir, para avanzar en la acción directa y movilización que imponga al Estado nuestras conquistas y prepare las condiciones para la respuesta colectiva de los trabajadores argentinos junto a los de Bolivia, Chile y Colombia, frente al cuadro que se desarrolla en el sur del continente.

La clase obrera latinoamericana tiene un gran desafío por delante: resistir y quebrar las políticas anti-obreras de los capitalistas y sus estados, que buscan resolver las irresolubles contradicciones de un régimen en su crisis terminal.

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