Las muertes obreras en el Cordón Industrial de San Lorenzo, una discusión colectiva

Escribe Roberto Vila

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El viernes 20 pasado, otro trabajador aceitero, Guillermo Fabián Cardoni, murió en la planta de producción que Vicentín tiene en San Lorenzo, aplastado por una pala mecánica. Es el tercer ´accidente´ de dimensiones en los últimos días en el Cordón. Antes, una enorme explosión en Terminal 6 hizo temblar a varias ciudades de los alrededores y un incendio en los polvorines de Fábrica Militar puso en vilo a toda la población de la región. En el mismo período, en Bunge, murió otro camionero mientras esperaba en las playas de la planta (el segundo camionero muerto en cinco meses).

Las muertes obreras en el Cordón son innumerables en los últimos años. Aunque la mayoría se produjo en las aceiteras y sus puertos, el resto de los sectores no está exento de grandes accidentes. Decenas y decenas de casos. como de los dos operarios muertos en Fábrica Militar; en Papelera Andino, poco antes de su cierre. Las muertes las sufrieron principalmente contratados, tercerizados o precarizados de algún otro tipo. A la lista de obreros muertos "in situ", que son los más evidentes, hay que sumarle los muertos por enfermedades laborales y las muertes producidas "in itinere", es decir en viaje hacia el trabajo o de regreso, en las transitadas rutas de la zona por dónde circulan diariamente miles de obreros hacia los puertos, fábricas y grandes obras.

Disminuir el ´costo´ de las ART producto de la cantidad de obreros muertos y accidentados en el sector portuario e industrial de Santa Fe, es un motivo fundamental de la adhesión que promovieron pejotistas y "socialistas" a la ley de ART modificada por Macri, en Santa Fe. Es el muro con que se chocan los comités mixtos que fueron anunciados en 2009 por el Partido Socialista cuando gobernaba la provincia, presentados como la solución a los problemas de "accidentes laborales". En la práctica, sólo funcionaron a medias allí donde los trabajadores pudieron organizarse y ejercer la presión suficiente para que los reclamos se efectúen. Los comités, en lugar de resolver las cuestiones favorablemente al trabajador, empantanaron los reclamos dónde se daban y, dónde no existían, no aportaron un ápice.

Sin dudas el problema de la salud, los accidentes laborales y las muertes obreras no pueden resolverse mediante gestiones administrativas. Se manifiesta, por cierto, la cuestión de poder. Es decir que sólo podrá ser resuelta de manera parcial en la medida que la relación de fuerzas vaya favoreciendo a los trabajadores, y de manera definitiva cuando los obreros tengamos el poder de decidir sobre la producción misma.

La discusión de la seguridad empresa por empresa impide generalizar la fuerza que modificaría la relación en favor del obrero. Debilita el poder de acción en cada lugar de trabajo. Así la burocracia logró disgregar la fuerza de los reclamos que inicialmente se dieron al conocerse los primeros casos de coronavirus en la región; en lugar de hacer planteos generales, la burocracia llevó la discusión en cada fábrica y, de esa manera, los protocolos, en general, fueron impuestos por los patrones a su conveniencia.

Sin embargo, la pelea por evitar más accidentes y muertes ha recibido un impulso inesperado que podría ser explotado para este fin. La pandemia de Covid-19 colocó en las mesas de discusión y en la conciencia de los trabajadores la necesidad de efectuar y discutir frente a las patronales los protocolos sanitarios. Aunque en este caso se limitaba a la prevención y detección de contagios, el proceso de discusión de protocolos llegará más temprano que tarde a aplicarse en todos los aspectos de salud, seguridad e incluso de calidad, en resguardo de la integridad de los clientes y consumidores.

La discusión decidida de protocolos generales de seguridad, salud y calidad, puede poner en apuros el monopolio patronal de las decisiones que rigen la producción, permitiendo a los obreros intervenir en ella: bajo qué condiciones comenzarla y en qué momento detenerla. Podría abrir así una etapa de doble poder que reforzaría, además, el resto de los reclamos pendientes.

Como dijimos, el problema no puede resolverse empresa por empresa. La formación de coordinadoras fabriles sería un punto de inicio para aglutinar reclamos y acciones con la perspectiva de organizar un congreso de delegados electos en asambleas de todas las fábricas y lugares de trabajo del Cordón que ponga en debate estos planteos y resuelva un plan de lucha colectivo para conquistarlo.

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