Líbano: “El default implicará el fin del país que hemos conocido”

Escribe Norberto Flexer

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De Irán a Argelia todo el mundo árabe está sacudido por rebeliones populares. Cuando los escépticos daban por hecho el retorno al ´invierno´ tras las guerras civiles y las intervenciones imperialistas en Siria y Yemen, emergieron, primero, grandes movilizaciones populares en Irán contra el hambre y la política del régimen de los ayotallas; luego, la rebelión de Iraq –aquí abiertamente contra la ocupación yanqui, de un lado, y la de Irán, por otro lado, que lo hacía a través de milicias. En Irak el régimen prohijado por la invasión contra Saddam Hussein está acabado. En este marco irrumpe una bancarrota financiera en Líbano, centro bancario del Medio Oriente, y una rebelión popular.

Líbano se encuentra en la frontera norte del estado sionista y es refugio de una inmensa diáspora palestina que se refugia en ´campos´ de miseria. En los tres últimos años se ha sumado un gran flujo de refugiados de Siria. En los 80 y los 90 el Líbano transitó por una sangrienta guerra civil que sólo cerró en cierta medida. Su peso financiero en el desenvolvimiento del capitalismo árabe está en proporción inversa al tamaño del país y/o de su población, como una suerte de paraíso fiscal o especie de City de las finanzas regionales.

Pues bien, el Líbano vive desde hace dos meses una tormenta perfecta. Su gobierno de “unidad nacional” está jaqueado por inmensas movilizaciones populares. Ese gobierno reúne desde la extrema derecha cristiana, que históricamente dirigió el país, hasta el Hezbollah. Bastó un aumento del precio de mensajes por whatsapp para que estallara una rebelión generalizada. Ese aumento, como el de la nafta en Francia o el subte en Chile, estaba directamente ligado al ajuste que se pretendía imponer, como parte de una renegociación de deuda, en situación de default.

Las cuentas del “Líbano están en rojo profundo: su deuda externa es mayor al 155% de su PBI. En años recientes, el Líbano se ha mantenido a flote merced al auxilio de los depósitos en dólares de expatriados libaneses atraídos por exorbitantes tasas de interés. El sistema ahora ha colapsado frente a las protestas populares, la parálisis gubernamental y los temores de que el país no puede hacer frente a sus obligaciones por mucho más tiempo” (Haaretz, 16/1). El gobierno está “planeando pedir a los inversores un ´acuerdo voluntario´ frente al vencimiento, el próximo 9 de marzo, de una obligación por 1200 millones de euros” (ídem).

Un analista de la centroizquierda sionista dice que Beirut va camino a parecerse más a Damasco, la capital de la destruida Siria, que a la París mesoriental que supo ser. Los vientos de la crisis financiera de Líbano la sacuden más que su guerra civil precedente. El “default implicará el final del país que hemos conocido” ( ídem).

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