El colapso del Líbano

Escribe Norberto Malaj

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“Líbano se derrumba, junto con sus bancos y hospitales” titula Haaretz (16/1). El periodista Zvi Bar'el lo describe así: “El país está bajo toque de queda por el coronavirus, el desempleo supera el 30 por ciento, los pacientes infectados quedan abandonados fuera de los hospitales, los robos se disparan y no hay gobierno”.

Líbano supo ser, literalmente, la Suiza del Medio Oriente – hasta mediados de los años ´60 el PBI per cápita libanés era más alto que el israelí. El sistema bancario de la gran burguesía católica maronita aceitaba los movimientos comerciales de los jeques y economías árabes de toda la región. No más.

“Los pacientes con coronavirus que necesitan atención urgente llaman a las ambulancias que los llevan a la puerta del hospital. Las ambulancias los dejan allí en sillas de ruedas, asumiendo que el hospital no les permitirá el ingreso.” (ídem). El Líbano, 7 millones de habitantes, diagnostica más de 4.500 casos diarios. “En cuanto a las vacunas, los libaneses actualmente solo pueden soñar con ellas. Según el Ministerio de Salud libanés, el primer envío de vacunas Pfizer llegará solo en febrero, y bastará con vacunar solo alrededor del 20 por ciento del país” (ídem). Las arcas del estado están exangües. Desde octubre de 2019 el país está bajo un corralito bancario. “Algunas familias reciben el apoyo principalmente de las remesas de familiares que trabajan en el extranjero, principalmente en los estados del Golfo. Las remesas representan el 36 por ciento del producto interno bruto, y el Líbano ocupa el tercer lugar en el mundo (detrás de Tonga -país de Oceanía- y Haití) en términos de remesas per cápita. Sin embargo, esa fuente de ingresos también se redujo el año pasado, en más del seis por ciento, a alrededor de u$s 7 mil millones” (ídem). “Como cualquier otro país, Líbano está esperando la entrada de Joe Biden a la Casa Blanca” - dice el periodista.

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