Francia: la izquierda en su laberinto

Escribe Emiliano

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La izquierda mundial perdió la brújula, y el ejemplo más rotundo es su política frente a la rebelión popular en Francia – huelga interprofesional, adhesiones a ella, manifestaciones multitudinarias. La caracteriza como ‘defensiva’, alegando que la iniciativa estratégica está en manos de la burguesía. Se trata de una falacia ideológica, es decir interesada. Es que una huelga ‘defensiva’ de esta magnitud y duración es, en todo caso, la manifestación de una crisis completa de esa ‘iniciativa’, y la oportunidad por excelencia para quebrarla. Para eso hay que dejar de ir a la rastra de la ‘iniciativa’ de la burocracia sindical, que es justificada por el carácter ‘defensivo’ que se atribuye a la huelga, y lanzar la consigna sesentayochentista, huelga general y ocupación de lugares de trabajo.

Aparato conservador

El oficialismo del PO explica que la huelga no se ha extendido en el movimiento estudiantil francés, debido a las “vacaciones” (PO, 16/1). En otra nota se refiere a un “planchazo” de la huelga (PO, 24/1) , y propone un “nuevo curso de lucha”, que no es la huelga general. Agrega que “el movimiento de los chalecos amarillos retrocedió por los efectos de la represión y sus dificultades de estructuración” (ídem). Todo ‘mala onda’. Propugna la generalización de la huelga, o sea su avance por agregados sucesivos, como lo hace toda la izquierda en Francia, pero no plantea que CGT convoque a la huelga general, incluidas las ocupaciones de fábrica, y el desarrollo de piquetes y comités de base. Una huelga general significa, de imediato, una huelga política. No discute las perspectivas de una huelga política, ni las conclusiones que ella plantea para la agitación política (Fuera Macron), intimidados por la posibilidad de que la derecha aproveche la crisis del gobierno imperialista para crecer en reclutamiento y votos – o incluso que los aproveche la izquierda soberanista (‘France, avant tout’), del ex trotskista y ex socialdemócrata, Jean Luc Mélenchon.

El oficialismo sopla, como se dice en Francia, “frío y caliente’, o ‘una de cal y otra de arena’. Reivindica por un lado, la tradición histórica de ocupaciones de los secundarios y las universidades “como en mayo del 68”, pero inmediatamente alertan acerca de “las debilidades de intervención de este período. La movilización actual no es todo lo masiva que podría ser (…) los años 2019-2020, signados por la lucha de la reforma de las jubilaciones, parece indicar un retroceso” (PO, 16/1). La huelga del 68 también tenía ‘debilidades’, incluso mayores que ahora, de modo que la comparación, en estos términos, solamente busca inspirar derrotismo. La advertencia de los observadores del oficialismo, se encuentra en esa misma línea de derrota.

No podía faltar en todo esto la “contención” de la burocracia, “el obstáculo”, sin ofrecer ninguna política para derribarlo. Por el contrario, la apuntan cuando plantean lo mismo que ella – no la huelga general sino el avance por agregación de sectores. Hace unas semanas, el oficialismo del PO decía que el “obstáculo” era la “ausencia del partido”. Depende de cómo se levanten para que nos informen del obstáculo de ese día.

El oficialismo sentencia que la “experiencia” de los chalecos amarillos está “agotada”. Advierten también acerca de la caída del número de huelguistas en el transporte, y se consuelan con la posibilidad de que eso genere “nuevos métodos, que no indican, y que no sería la huelga general, incluida la ocupación de reparticiones y empresas.

PTS: preparando las elecciones de abril

Daniela Cobet, dirigente de la CCR (PTS), expresa la expectativa, en una entrevisga, que “la huelga se despliegue como un verdadero movimiento popular y quede en manos de los propios huelguistas a través de asambleas, comités de huelga y coordinadoras, que a su vez permitan garantizar la paralización y organizar la autodefensa” (Ideas de Izquierda, 19/1). Pero si “la guerra es “la continuidad de la política con otros medios”, las autodefensas deberían servir para defender la huelga general y las ocupaciones, que sin embargo no se reivindican o reclaman. Tendríamos ‘los otros medios’, pero no la política de ellos.

Para el PTS las “Asambleas Generales interpro” serían embriones de “soviets”, pero soviets ‘interpro’, el poder político de los trabajadores del sector público. El desarrollo de los soviets está ligado a la huelga política de masas. .

Las interpros son animadas por militantes de extrema izquierda, pero también dirigidas por activistas del PC, “La Francia Insumisa” de Méĺenchon o equipos sindicales. Falta todavía la clase obrera.

Cobet enuncia que la tendencia de la huelga es “decreciente” para pasar un aviso: la necesidad de aprovechar las “brechas (electorales) por arriba”. El vocero de coordinadora RATP-SNFC, Anasse Kazib, había dicho, al contrario, que “hay que hablar de una situación revolucionaria, de cómo tomar del poder”. De la crisis de orientación política del PTS surgen evidencias de crisis en el PTS.

Cobet dice que “desde la CCR venimos dando la pelea (sic, francés rioplatense) por esta perspectiva (de las brechas electorales) dentro del NPA, no solo ahora, claro, sino desde su propia fundación (…) tanto el NPA, prosigue, como el otro partido histórico de la ‘extrême gauche’, Lutte Ouvriere (LO) tendríamos que impulsar un partido revolucionario unificado que se proponga nuclear a toda la nueva camada de trabajadores y trabajadoras que está protagonizando los duros combates actuales detrás de un programa y una estrategia revolucionarios” (ídem). Un calco de la propuesta de 2018, en Argentina, para formar un partido electoral único de toda la izquierda y el nacionalismo izquierdista, efectuada por el PTS vernáculo.

La imaginación de la izquierda no es algo que sobre. Otra diferencia con Mayo del 68.

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