Schiaretti, una política criminal

Escribe Ángel Villa

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El gobernador Schiaretti anunció la suspensión de las clases presenciales por dos semanas. La política criminal del “Córdoba no para” sostenida hasta la semana pasada, llevó a la provincia a un colapso sanitario. La cuarentena “light”, dictada por Schiaretti, es la confesión de ese colapso.

La ocupación de camas de terapia intensiva supera el 80%, a la vez que no existe personal para atender las que restan desocupadas. Aún si existiese ese personal disponible, el requerimiento de internaciones de los próximos días, se prevé, será muy superior. En 11 días -del 22 de mayo al 2 de junio-, fueron internadas 900 personas. Una proyección augura, para los próximos diez días, un flujo de pacientes que duplicaría el número de camas disponibles. Se han puesto en circulación las recomendaciones éticas para la toma de decisiones sobre a quién atender y a quién dejar morir.

En este cuadro, la multisectorial de la salud salió a denunciar que serán insuficientes los respiradores y reclaman que se exima de responsabilidad al personal sobre la toma de decisiones en momentos críticos.

Paremos el desastre

La política sanitaria del gobernador de Córdoba es producto de su compromiso con la Unión Industrial. Como explicó el presidente de la UIC, Marcelo Uribarren, “el gobernador (señalo) que para que cierre tiene que haber una disposición nacional que los obligue o una situación de desastre (sic)”. A la afirmación del empresario le siguió una declaración del Grupo de Entidades Empresarias de Córdoba (G6) que rechazaron cualquier medida de confinamiento, reclamando “una Argentina libre” y “recuperar la libertad para trabajar, producir, comerciar, exportar, construir, generar empleo”. El ejecutivo provincial y el conjunto de los partidos patronales responden a estos intereses, con los resultados a la vista. El gobierno nacional, por su parte, es el que ha habilitado absolutamente todas las actividades económicas industriales que con asiento en la provincia. Pensar que AF pueda exigirle a la provincia un confinamiento mayor que salve vidas es una ilusión.

Es en este marco, ha comenzado a sentirse una reacción entre los trabajadores de la salud, la docencia y parte de la población. Esta se manifestó recientemente en una importante caravana contra la presencialidad escolar. Lo único que podría evitar una agudización de la catástrofe sanitaria sería un estricto confinamiento, que solo se mantenga en funcionamiento la producción esencial con estrictos protocolos establecidos por sus trabajadores. Que los recursos económicos de la provincia y de Nación se vuelquen al sostenimiento de la población trabajadora impedida de trabajar. La burguesía y sus políticos han establecido una hoja de ruta. Los trabajadores tenemos que discutir la nuestra. La debacle de este régimen social nos lleva a la barbarie.

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