De las renuncias masivas del personal de Salud al corte en el Puente Pueyrredón

Escriben Maxi S. Cortés y Julián Asiner

Una crítica al rol del FIT-U.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Las renuncias masivas de trabajadores de la Salud están sacando a la luz el descalabro del sistema sanitario en el momento más duro de la pandemia. En CABA, renunciaron 60 enfermeras y enfermeros en el Fernández, 50 en el Durand, alrededor de 100 en el Pirovano, 48 en el Rivadavia, 30 en el Ramos Mejía y 30 en el Santojanni. La cifra global alcanzaría a los 1.000 enfermeros desde el inicio de la pandemia, que agregó riesgo de muerte a una profesión aplastada por salarios de 45 mil pesos, la falta de reconocimiento, el maltrato y la violencia institucional. En la zona noroeste del conurbano bonaerense, renunciaron 50 médicas y médicos del Larcade, hospital cabecera de San Miguel, lo que implicó el virtual cierre de los servicios de Clínica Médica y Cardiología. Un vaciamiento.

Mientras el gobierno y los empresarios de la salud privada se pelean por aranceles y subsidios, las renuncias masivas están expresando, por la negativa, el repudio de trabajadores de la salud a las condiciones laborales inhumanas que imponen tanto unos como los otros. Completa este cuadro la represión policial del viernes pasado al corte del Puente Pueyrredón, organizado por un grupo de trabajadores autoconvocados de la salud del AMBA, mayoritariamente de enfermería, para denunciar la situación límite que se vive tanto en la salud pública como en la privada. Todo este panorama pone en evidencia el abandono activo de la burocracia sindical -socia de los gobiernos y la medicina privada- pero también la falta de intervención en este contexto de los sindicatos y asociaciones combativas comandadas por la izquierda nucleada en el FIT-U.

El balance del Larcade

Sobre este último aspecto, es interesante el reciente intercambio por escrito de balances entre el PTS (lista Marrón) y el MST (lista Bordó, integrante de la conducción de CICOP) a raíz de la experiencia de lucha de los trabajadores del Hospital Larcade. En el balance que publica el PTS en Izquierda Diario, se acusa a CICOP y a ATE de imponer un método antidemocrático de “mesa chica” para dirigir el conflicto, que habría dejado afuera de las decisiones a los trabajadores de base, además de oponerse a la coordinación con otros sectores en lucha.

Según indica el PTS, ATE utilizó el conflicto del Larcade para desgastar a la intendencia macrista de JxC en San Miguel, en una especulación electoral ya que su dirigencia se encuentra en las listas del FdT. En relación a CICOP, el PTS dice que se jugó a una línea de negociación con el intendente, evitando impulsar una lucha de mayor escala que colocara al conflicto en la agenda bonaerense. Agregan que CICOP “llamó a un solo paro en todo el 2020” y que actualmente “no hay ningún plan de lucha en puerta” y que esto está relacionado a que “su presidencia (PCR) está abiertamente alineada con el gobierno” de Kicillof, aunque la conducción también incluye al MST e IS, aliados del PTS en el FIT-U.

La respuesta del MST es clarificadora. Frente al aislamiento del conflicto que denuncia el PTS, responde que CICOP coordinó con la Asociación de Licenciados en Enfermería (ALE) de CABA (de la cual el MST es parte de su dirección) para el Día Nacional de Enfermería, con la Mesa de Organizaciones de la Salud del AMBA (que el MST articula desde sus posiciones en CICOP, ALE, la Multicolor de la AGIHM del Moyano y la CI del Hospital Italiano) y con el Plenario del Sindicalismo Combativo (colateral sindical del FIT-U) en una marcha al Ministerio de Trabajo. Por si quedaba alguna duda, el MST remata que además coordinaron con el FIT-U para el acto del 1ro de mayo, al cual una delegación del Larcade envió un saludo. Para el MST, el mundo empieza y termina en el FIT-U, que el PTS encabeza.

La “Mesa del AMBA”

La “Mesa de Organizaciones de la Salud del AMBA” es otra muestra del rol que la izquierda asume en el movimiento de la salud. Este espacio se conformó tras la ruptura de la dirección de CICOP con la burocracia de la Federación de Profesionales de la Salud de Argentina (Fesprosa, CTA Autónoma). Desde entonces, el MST lo utilizó para bloquear la posibilidad de medidas de lucha coordinadas, olvidando que detrás de algunas seccionales de la Fesprosa hay miles de trabajadores autoconvocados, como en Tucumán, Misiones, Neuquén o Río Negro, y que en muchos casos sus “jornadas de lucha” son la respuesta a la presión que ejercen las bases de esas provincias. Se ha llegado al ridículo de armar fechas de lucha rivales entre la “Mesa del AMBA” y Fesprosa, con separación de un día y sin ningún tipo de organización ni participación de las bases.

La “Mesa” logró acercar a distintas asociaciones profesionales de CABA, como la de trabajadores sociales (APSS), de antropología, sociología y comunicación (APACSA) y de musicoterapia (AMdeBA), que buscaban una alternativa a la fosilizada Federación de Profesionales, cuya dirección está adaptada a la burocracia de Médicos Municipales (AMM) y se muestra hostil a los procesos de lucha y hasta de mero carácter deliberativo. Sin embargo, su vinculación no alteró esta política ni permitió abrir nuevos canales de lucha. A pesar de que muchos integrantes de la “Mesa” trabajan en los mismos efectores, no se promovió el armado de asambleas inter-sectoriales en ellos, que superaran las fragmentaciones existentes por disciplina o forma de contratación.

Autoconvocatorias independientes

En este contexto, las grandes luchas de la salud del período de pandemia se organizaron de forma autoconvocada. Así ocurrió con la marcha de enfermería de septiembre pasado, que emergió de las autoconvocatorias en el conurbano bonaerense. La intervención de ALE en este vasto movimiento fue para intentar circunscribirlo a las autoridades de CABA, en un primer momento, y para adecuarlo al reclamo específico del pase a carrera profesional de los licenciados, después, a través de un proyecto en la Legislatura porteña. Los licenciados son quienes están afiliados a la asociación, pero representan una minoría en el colectivo de enfermería.

Otros procesos importantes de organización fueron las asambleas en las Áreas Programáticas del Piñero o el Penna, que vincularon a los profesionales de los CeSacs con los activistas de las villas en las que están emplazados. De allí surgieron cortes y coordinaciones interhospitalarias. En diciembre pasado, tuvieron lugar las huelgas y movilizaciones autoconvocadas por la paritaria de la carrera profesional de CABA, que fueron votadas por las asambleas interhospitalarias de médicas y médicos y por las asambleas de asociaciones profesionales combativas como las del Fernández y el Gutiérrez, en conexión con sus residentes y concurrentes.

Autorrefencia y divisionismo

En el caso de estos últimos, la intervención del “PO aparato” u “oficial” fue convirtiendo a la asamblea de RyC de CABA en un espacio hostil para los activistas que escapan a su línea política. En el conflicto de los residentes del Tornú contra el bloqueo a las rotaciones, o ahora frente a la amenaza de cierre de las concurrencias, hubo una resistencia a los planteos de ampliar el movimiento coordinando con sectores de trabajadores de planta o de otras provincias, a pesar de que había una voluntad manifiesta para avanzar en ese sentido. La prioridad del aparato es dictar comunicados de acuerdo a las bajadas del aparato y el copamiento de las actividades con sus dirigentes, en franco carrerismo electoral. En el caso de la provincia, la intervención de CICOP en residentes ha servido para involucrarlos en la negociación de un nuevo reglamento con el gobierno, que no es acompañada por acciones de lucha.

En un comunicado reciente, la “Mesa del AMBA” destaca una larga crítica al gobierno de Larreta y Quirós, pero no menciona en ningún momento al gobierno de Kicillof y Gollán, a pesar de que las condiciones de trabajo en la provincia de Buenos Aires son, como todos saben, ciertamente peores. En plena crisis sanitaria, la conducción de CICOP se desentiende de sus responsabilidades como sindicato. En lugar de proponer medidas de lucha, el comunicado finaliza haciendo un llamado autorreferencial a “sumarse a la Mesa del AMBA” -una entelequia imposible, ya que las reuniones de la “Mesa” tampoco son abiertas. Quienes no registran que la mayoría de las luchas de la salud fueron autoconvocadas, decidieron ‘no sumarse’ al corte del Puente Pueyrredón. A esta falta de disposición a la coordinación, el PTS le opone “jornadas” convocadas por ellos mismos desde Madygraf, en una suerte de una autorreferenciación al cuadrado.

Conclusión

El balance de las luchas de la salud en el AMBA plantea una reorientación de la política de la izquierda. En el momento más álgido de la pandemia, las renuncias masivas de trabajadores de la salud retratan a un movimiento que no está encontrando una salida y una respuesta de lucha a la altura de las circunstancias. El bloqueo de las burocracias sindicales aliadas a los gobiernos y a las patronales debe ser superado con la más amplia deliberación entre los trabajadores a través de asambleas, coordinadoras y congresos de bases, desterrando la autoproclamación y el divisionismo. La representación parlamentaria de izquierda no puede subordinar ni limitar la lucha del movimiento, sino que el movimiento de lucha debe contar con estos parlamentarios para denunciar la situación extrema que se vive en el sistema de salud y ampliar el radio de solidaridad entre los trabajadores.

Las renuncias masivas constituyen un alegato fulminante contra un régimen anti-obrero en la salud, que solo puede ser derribado por la acción de los trabajadores mismos. La intervención de la izquierda ligada al FIT-U se constituye en un factor más de contención, cuando su rol debería ser contribuir a desarrollar este proceso de autoorganización de los trabajadores. Tribuna de Salud Tendencia plantea el desafío de desplegar la fuerza que anida entre los trabajadores de la salud, agrupando sus luchas bajo un programa que abra un nuevo norte histórico.

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