Reconquista, Santa Fe: tomas de tierras, represión y crisis habitacional

Escribe German Gallo

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En las últimas semanas, se desenvolvieron tomas masivas de terrenos por parte de cientos de familias en distintos puntos de la ciudad de Reconquista. En una sola toma, por ejemplo, la del barrio Belén al sur, se contabilizaron 816 familias asentadas en el campo de un privado de apellido Cian. Este tiene un acuerdo firmado por el intendente Enrique Vallejos y avalado por el concejo municipal, que aprobó una ordenanza para la compra de 36 hectáreas desde noviembre del 2018, pero que el municipio no ha avanzado un milímetro con la operación, mucho menos con la urbanización y construcción de las 200 viviendas que se había comprometido a construir. A esta altura, claro, serian una gota en el mar. Si le sumamos las más de 100 familias que también tomaron terrenos en las inmediaciones de barrio Ombusal, Las Ranas y La Cortada, a solo 10 cuadras del centro de la ciudad el último sábado 19, estaríamos hablando de miles de personas afectadas.

El intendente y sus funcionarios extorsionan a los vecinos pidiendo que primero desalojen la toma para después dialogar. La respuesta generalizada ha sido no abandonar la toma hasta no obtener una respuesta que satisfaga sus necesidades. Todos coinciden en que quieren pagar por los terrenos, si las cuotas se encuentran al alcance de su bolsillo. Ante esta situación, la única respuesta que ha dado el Estado es la judicialización de los reclamos, abriendo causas a los vecinos, y la represión policial. En la toma de barrio Belén, un joven perdió un ojo por un perdigón de goma disparado por la policía local; también se produjo una violenta represión con grupos especiales en otra de las tomas en barrio Guadalupe sur, este lunes 21.

La mayoría de los que tienen que tomar esta decisión extrema y desesperada son parejas de jóvenes con niños muy chiquitos, cansados de anotarse una y otra vez durante años en la Secretaria de Tierra y Vivienda sin encontrar ninguna respuesta. La masividad de las tomas desnuda una realidad que lleva décadas, la de la falta de vivienda, de trabajo y la carestía sufrida, atraviesa a toda la clase obrera de nuestro país.

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