El PTS denuncia el “punitivismo sanitario” en Bolivia

Escribe Norberto Malaj

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La Izquierda Diario reproduce una declaración de la Liga Obrera Revolucionaria (LOR) de Bolivia, organización hermana del PTS, que denuncia como “punitivismo sanitario” las disposiciones que adoptó el gobierno del MAS en defensa de la salud pública, ante el recrudecimiento de la pandemia de Covid. La LOR defiende sin ningún escrúpulo al “importante sector de la población (que) se niega a vacunarse”, esgrimiendo el derecho de esa población a “la libertad individual, rechazando por principio cualquier reflexión colectiva sobre la crisis sanitaria”. La LOR no se declara anti-vacunas pero coquetea con quienes reclaman “certificar también la medicina tradicional” (sic). La LOR por supuesto no dice que tal cosa es un subterfugio a favor del contagio. El gobierno "indigenista" del MAS, por lo menos en esta cuestión, está a la izquierda de estos "trotskistas".

¿De qué “punitivismo sanitario” se acusa al MAS? De la exigencia de portación del Carnet de Vacunación o, en su defecto, la obligación de presentación de prueba RT-PCR negativa con una antigüedad máxima de 48 horas para la realización de trámites oficiales, para el uso del transporte público, etc. “La liberación de las patentes permitiría producir vacunas sin estar atados a los negocios de los laboratorios y así empezar un plan real y efectivo e informado de vacunación masiva”, dice la LOR, que acaba de defender la libertad de elección de los "anti-vacunas". Trascartón, repiten: “El problema de querer resolver una situación tan crítica (sic) como la que se viene atravesando con esta política, es que tiende justamente a reforzar el carácter punitivo del Estado”. Firmado, Donald ("apertura")Trump, Jair Messias ("gripecita”) Bolsonaro. Calcado de Javier Milei.

La LOR-PTS no tiene idea de lo que habla. “La liberación de las patentes” permitiría producir vacunas a quienes no han conseguido elaborarlas, es cierto, pero incluso esto depende de un proceso capitalista – la autorización de los Congresos y la acción ejecutiva del Estado. De otro lado, es necesario que los laboratorios que la produzcan estén dispuestos a romper con su dependencia de los monopolios internacionales. Tercero, a que no condicione a los estados receptores a seguir los lineamientos geopolíticos de las potencias que liberen las vacunas. Por último, que la LOR obligue a los anti-vacunas a vacunarse, para que no contagien a otros. Desde el punto de vista de la clase obrera, la “libertad individual” está condicionada, como principio, al voto de la mayoría, de lo contrario sería invocar el derecho al carnereaje.

Cuba y otros países han desarrollado vacunas pero su producción se encuentra condicionada al acceso al mercado de insumos farmaceútico-medicinales, que invoca la "libertad" de no proveerlos. La liberación de las patentes no resuelve los problemas de provisión de vacunas, sino que ofrece un poder excepcional a los estados que subsidian a sus laboratorios en caso de liberación de las patentes, para condicionar políticamente al resto del mundo. En el caso de la LOR-PTS, el reclamo de liberación de patentes es un subterfugio para no plantear la expropiación de los monopolios y rescatar los procedimientos legislativos. De la posición inicial de oposición a los confinamientos, para no coartar la libertad individual, y reclamar las vacunas para ese propósito, el PTS ha pasado a reclamar la libertad individual de no vacunarse. Han adoptado la posición de aquellos que reivindican la libertad de no trabajar, sin importar que el beneficiario de esa libertad se muera de hambre. Es tan bizarra esta oposición a la vacunación obligatoria, por parte de quien se reclama trotskista, que no queda otra alternativa que atribuir este "descalce" político al fanatismo que exhibe el PTS por la libertad de drogarse, o sea, pregonar el efecto emancipador de la droga.

La cuestión del carácter punitivo del estado está traída de los pelos. Cuando el estado interviene en defensa de la fuerza de trabajo, no es punitivismo. Al menos no para Marx, que elogia a los inspectores de trabajo en Inglaterra. ¿Es punitivismo la vacunación obligatoria establecida en el calendario para niños y jóvenes? ¿O lo fueron aquéllas que han erradicado el sarampión, la polio y tantas otras enfermedades? La LOR-PTS se ha puesto a la derecha de Bergoglio.

La resistencia a una vacuna, en la clase obrera, debe vencerse, como en tantos otros casos, como por ejemplo la adicción a la droga, por medio del debate y la persuasión. Luego, hay que pasar a votar, ¿o el voto también sería punitivo? En Política Obrera se ha denunciado, por caso (ver “Pase sanitario: de instrumento para alentar la vacunación a instrumento contra los vacunados”, de Ana Belinco, 08/01), que en nuestro país el “pase sanitario” se ha transformado “de un instrumento para concientizar en la necesidad de la vacunación o proteger a la población que viaja en el transporte público”, en un instrumento de trabajo forzado para los contagiados que cuenten con vacunas, inclusive en el delicado personal de salud.

Durante la primera ola de Covid, en marzo-abril de 2020, el PTS, igual que todas las fuerzas del FI-U, se declararon a favor del “presencialismo responsable”, sin vacunas, en nombre de la libertad, contra el estado de excepción, repitiendo a los intelectuales de la llamada “sopa de Wuhan”, y por supuesto a Johnson, Bolsonaro y Trump. Luego hicieron una ruidosa campaña por la vacuna nacional y popular, sin aclarar que defendían a los anti-vacunas. Al final, aquello de "liberal-trotskismo" no fue una chicana de adversarios sino una sorprendente caracterización rigurosa.

Los liberales del FI-U nunca relacionaron la pandemia con una crisis de la sociedad capitalista, y por lo tanto como un terreno donde estaba en juego la explotación del trabajo por el capital. La "libertad" y otras yerbas fueron despojadas de contenido; era una adaptación electoral a la pequeño burguesía, cambiemita y/o kirchnerista. Los movimientos anti-vacuna son impulsados por las corrientes fascistas para explotar a su favor la crisis de conjunto desatada por la pandemia. Los izquierdistas que supimos conseguir, lo ven de otro modo: el intervencionismo sanitario, dicen, "le hace el juego a la derecha". No, la derecha hace su juego, con la complicidad dialéctica de una izquierda sin norte ni sur.

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