El planteo pacifista del PO (oficial) frente a la guerra imperialista

Escribe Marcelo Ramal

Un informe internacional de último momento para su Congreso.

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El aparato del Partido Obrero (oficial) ha publicado tardíamente un informe internacional para el congreso que ha convocado para fines de junio. Seguramente será aprobado en trámite exprés, dada la imposibilidad de leerlo y debatirlo con el tiempo debido. Se trata por cierto de una improvisación. La demora expresa, por lo tanto, el desconcierto del aparato frente a una situación histórica excepcional como lo es la guerra imperialista en el terreno europeo e internacional. Confirma lo que hemos escrito con anterioridad, acerca del “informe nacional”, que este oficialismo carece de una estrategia política y que opera con pasos cortos frente a cuestiones verdaderamente decisivas.

Lo que destaca a este “documento internacional”, sin embargo, es que es un pretexto para atacar a mansalva al FITU y sus partidos. Las exaltaciones al FITU como “excepción mundial en materia de independencia de clase”, que abundaban en los documentos del congreso anterior, se han transformado ahora, inesperadamente, en denuncias de “electoralismo ”. Hace tan poco como el último Primero de Mayo, el PO oficial declaró su apoyo al FITU sin la menor reserva. El electoralismo tiene poco que ver, sin embargo, con las posiciones de unos y otros frente a la guerra imperialista internacional. El hecho de que, al cabo de más de cien días de guerra, el FITU o sus partidos, no hayan usado la tribuna del Congreso y las legislaturas para denunciar la guerra y su condición imperialista, demostraría un desprecio por la lucha parlamentaria, una adaptación vergonzosa ante la opinión pública que apoya a la OTAN y una estafa a los militantes internacionalistas. Las elecciones y el parlamento son herramientas fundamentales de la propaganda y agitación políticas. Sin esto, se convierte en una colaboración de clases en la gestión del Estado.

El aparato del PO denuncia ahora que las fuerzas de la “izquierda democratizante” “no han pasado la prueba de la guerra”, e incluso asegura, ante la sorpresa, que ello “no debe sorprender”. Alega que “su militancia cotidiana (del FITU) está inclinada a favor del democratismo y lo que predomina es el electoralismo y parlamentarismo y no una perspectiva revolucionaria”. Pero el PO (O) fue a la campaña electoral de 2021 con un programa común con el FITU, tal como ocurriera en 2017 y 2019. Luego de esto, en la pandemia se autoproclamaron “una corriente internacional” a favor de la presencialidad educativa. El sacrificio de la vida de los trabajadores, en las condiciones del Covid y el acaparamiento de medicamentos, instrumental y vacunas por los grandes monopolios y sus estados, fueron un antecedente político cristalino de la guerra imperialista que estalló enseguida, incluso cuando la pandemia esté lejos de ser superada.

La “divisoria de aguas” que se pretende trazar, entre democratizantes, de un lado, y revolucionarios en perspectiva, del otro, es un embuste. El cortejo a la burocracia cegetista de la línea K, en los últimos días, sería suficiente prueba de ello. Del otro lado del mostrador del FITU ha comenzado un fuego graneado contra el PO (O), que se ha verificado en las elecciones de Suteba y, como de costumbre, en la prensa de cada grupo. Más allá de este tiroteo cruzado, el “informe internacional” del oficialismo es genuinamente “democratizante”.

Geopolítica o lucha de clases

El “informe” no logra romper el molde de todas las caracterizaciones -de izquierda o de las otras- sobre la guerra, donde se opta por la geopolítica en oposición a la lucha de clases. La guerra en curso obedece, para la geopolítica, a una puja por territorios o espacios. El “informe” señala que la guerra actual “no es una simple (sic) repetición de (…) guerras que han tenido lugar en la periferia del planeta”, por la sencilla razón de que tiene lugar “en la propia Europa, uno de los corazones del capitalismo”. Esta descripción restringida omite lo fundamental – que la humanidad se vuelve a enfrentar ante una explosión, de infinita mayor intensidad que en el pasado, del impasse del capitalismo mundial. Es el punto más alto de la decadencia capitalismo. El democratismo de la izquierda internacional, incluido, ni qué decir, el FITU, parte de ocultar este carácter histórico de la guerra, el cual reduce a un enfrentamiento entre potencias. De los conflictos ´locales´ que no se repiten “simplemente”, pasa a un conflicto más extendido territorialmente. Desaparece así la conclusión acerca de la actualidad del socialismo y la caducidad del democratismo pseudo parlamentario y pseudo electoral. No advierte el desarrollo de las premisas de una guerra civil internacional contra el capital, como respuesta a la guerra civil internacional desatada por el imperialismo mundial.

Esta guerra civil ha salido a la luz luego de tres décadas de “globalización”, que pretendía “integrar” a los ex estados obreros al circuito capitalista mundial por medio de la colonización financiera e industrial. La guerra ha puesto en evidencia que ese propósito sólo puede ser alcanzado por la violencia, o sea la destrucción masiva de fuerzas productivas, la muerte y el hambreamiento. La crisis del capitalismo en declinación se vuelve a convertir en una “crisis de la humanidad” (programa de transición de la IV° Internacional). La destrucción final de la Revolución de Octubre y de sus conquistas sólo puede ser alcanzada por la destrucción de la clase obrera internacional y de la humanidad misma. Esta conclusión demuestra la superioridad histórica de la revolución socialista sobre el capitalismo, más allá de los obstáculos y sacrificios que enfrentó aquélla, y de las curvas de crecimiento y depresiones de éste. La guerra da vuelta de pies a cabeza el ´relato´ del último medio siglo.

El “informe” invoca la proximidad a la “tercera conflagración mundial”, pero no repite que no será “la simple repetición” de la segunda y la primera. Es claro que no las repetirá, y no solamente porque podría derivar en una guerra nuclear. La distinción más importante es que plantea la alternativa de socialismo o barbarie luego de la disolución de los estados que nacieron de poderosas revoluciones sociales. Esto significa que el capital lleva la guerra de destrucción y demolición en sus entrañas. Aunque no pensara en estos términos, es indudable que Henri Kissinger tiene más razón que toda la izquierda junta, en que la humanidad asiste a “un cambio de época”. Debe saber mejor que nadie que se refiere a un derrumbe del capitalismo y a una época de mayores guerras y de revoluciones, en su condición de intelectual político y operador estatal de las peores tropelías cometidas por el imperialismo.

El “informe” no se indaga acerca la incapacidad del FITU para movilizarse frente a la guerra imperialista, ni en la tribuna parlamentaria, ni acerca de la centralidad que otorga a las maniobras para las elecciones del año que viene. La guerra imperialista es una condena política al zigzagueo democratizante.

Lenin caracterizó, acertadamente, como un “cambio de época” al estallido de la primera guerra. Fue esta caracterización la que lo capacitó para orientar al bolchevismo, en especial contra los democratizantes ´internos´ – la dirección del partido en Rusia en la revolución de febrero. La que acercó a Lenin y Trotsky. La guerra internacional es, por encima de todo, la expresión brutal del final histórico del régimen capitalista; la expresión más aguda del antagonismo irreversible entre el capital, de un lado, y los trabajadores y la humanidad del otro. Condiciona la línea política de todos los países, incluso bajo el prisma de las realidades particularidades de cada uno.

El “informe” dice, sin sacar la menor conclusión, que “La guerra es parte inevitable del proceso de agotamiento histórico del capitalismo y de la tendencia a su descomposición”. La guerra es confundida aquí con cualquier otro acontecimiento, donde todo es parte de todo. El texto logra lo que se propone – vaciar a la guerra de su carácter de estallido del conjunto de las contradicciones históricas – “un cambio de época”, una guerra civil contra los pueblos, una crisis de la humanidad. El texto abunda en afirmaciones vacías – es el salvoconducto para salvar su zigzagueo democratizante.

Disolvamos la OTAN

A pesar de todos los calificativos que desgrana contra el imperialismo y la “burocracia restauracionista” rusa o china, el documento renuncia a adoptar una conclusión elemental, a saber, la necesidad de una agitación para transformar la guerra internacional en guerra civil contra el capitalismo. Lo contrario sería dar apoyo a uno de los bloques en guerra o asumir el neutralismo. Una parte del FITU caracteriza a una victoria de la OTAN como una conquista de la independencia nacional de Ucrania. El “informe” convierte a la consigna de “guerra a la guerra”, vacía de contenido, en una consigna pacifista. Lo demuestra su llamado al “retiro de las tropas rusas”, por un lado, y a la “disolución de la OTAN”, por el otro. Esto supone que la casta putiniana podría renunciar a la anexión de Ucrania y el imperialismo a la OTAN, por medio de un acuerdo imperialista entre ambos. En este caso tendríamos una paz imperialista, seguida del interregno de guerras diversas que culminarían, a corto plazo, en otra guerra mundial, infinitamente más destructiva. Llamar a la clase obrera a luchar, por medios revolucionarios, por objetivos reaccionarios de esa naturaleza, desnuda a una corriente liquidada o en ´proceso´ de liquidación. Por el contrario, es necesario orientar la desmoralización que cunde entre las tropas de ambos bandos y la desesperación por la carestía y el hambre de las grandes masas, hacia el derrocamiento de los estados capitalistas. Donald Trump ha caracterizado a la OTAN como “un cadáver” y planteó su disolución, para acabar con la política de compromisos con la UE (Francia, Italia y Alemania). La guerra actual ha puesto de relieve las contradicciones inter-imperialistas al interior de la OTAN. El aparato pacifista ni ha advertido que su planteo es funcional a Trump. El retiro de Putin y la “disolución de la OTAN” es un “alto el fuego” y una suerte de retorno al status quo anterior, que llevará inexorablemente a una nueva guerra. Las “perspectivas revolucionarias” que el aparato del PO reivindica para sí, se limitan a un imperialismo sin OTAN y a una casta de restauracionistas sin anexiones.

Esta posición pacifista no es un “desliz”. El PO (O) ya había escrito “Fuera la OTAN de Europa del Este, Fuera Rusia de Ucrania”. Nosotros, entonces, señalamos: “No se trata de que alguien se vaya a ningún lado, sino de convertir a esta guerra entre explotadores en una lucha de clases internacional para acabar con el conjunto del imperialismo. Lo que propone el aparato oficial es reemplazar la guerra imperialista por una paz imperialista, como si el imperialismo no fuera la base de todas las guerras modernas”. “El Partido Obrero (oficial) “invita” a la OTAN y a Putin a “irse” de Ucrania”, Julián Asiner y Jorge Altamira, Politica Obrera, 25/04/2022.

Polarización

El documento se anoticia de la “completa disgregación” de “las formaciones políticas que gobiernan desde la Segunda Guerra Mundial”, de las cuales “han surgido fuerzas por derecha y por izquierda” y, por lo tanto, “una tendencia a la polarización política”. Es lo que opina también Fernando Rosso, como se lo explicó indoloramente a Carlos Pagni. En la derecha, menciona a “Le Pen, los Trump, los Bolsonaro, los Salvini (…), como aquí los Milei”. Pero en el otro polo, el de “izquierda”, estarían las “nuevas corrientes colocadas en la centroizquierda y/o en el nacionalismo burgués (Perú, Chile), que se abren paso como dique de contención o preventivos de rebeliones populares”. Esta polarización es un poco extraña, porque revela, por el contrario, una convergencia, en un terreno parlamentario común; el italiano Salvini, por caso, ya gobernó con el centroizquierdista Cinque Stelle, y Boric lo hace con la anterior Concertación y guiños a Piñera. Una polarización política supone, en el campo de las masas, un partido revolucionario en ascenso. Engels señaló que, en vísperas de una revolución, se une contra ella todo el campo democrático – como ocurrió en la Revolución de Octubre. Los redactores del “informe” han confundido la realidad con el desconocimiento de esta premisa crucial. En cuanto al “giro a la derecha”, el ´ascenso´ de Le Pen, hace dos meses, se ha convertido en el ascenso de Mélenchon – el cual, como buen izquierdista, pretende convertirse en primer ministro de Macron.

La polarización entre las masas, de un lado, y el gran capital, por el otro, se manifiesta, en primer lugar, en las rebeliones populares engendradas por la crisis capitalista y las guerras imperialistas. Pero ella sólo puede desarrollarse sobre la base de una propaganda y una agitación revolucionarias; por el desarrollo de la conciencia y organización de clase. El PO (O), por el contrario, se ha puesto a reivindicar la lucha “por un movimiento popular con banderas socialistas”. Ya no se trata de la conciencia y organización clasista sino de un movimiento pluriclasista. En un acto de reconocimiento que ha demorado seis años, el oficialismo adopta el punto de vista de una revolución socialista que no tiene por qué ser proletaria, como uno de sus exponentes lo planteó en la polémica acerca del carácter de la revolución cubana, que tuvo lugar en 2016. La tesis de una polarización sin sujeto proletario conduce al frente popular, como se manifiesta en la caracterización de los movimientos feministas, ambientales y de otro orden. En el PTS, la “juventud precarizada” ha desplazado a la clase obrera a la que ella pertenece.

Qué queda

A despecho de estas posiciones pacifistas, el “informe internacional” asegura que la guerra de Ucrania “pone a prueba” al FITU. Es la misma y vieja pulseada que viene practicando en su seno para proteger su condición de segundo socio del frente. Denuncia a sus co-frentistas por “ecosocialismo vulgar” y al “ambientalismo”, que califica “en crisis”. Los denuncia por no luchar contra la guerra imperialista, contra la que el aparato no fue capaz de presentar una declaración en el Congreso y legislaturas, y que pretende solucionar con la disolución de la OTAN y el retiro ruso de Ucrania. En cuanto al movimiento de la mujer, convoca a “retomar (sic) el objetivo de poner en pie al movimiento de la mujer trabajadora”. El aparato acompañó el documento kirchnerista del 8M del año 2020, que pedía el “desendeudamiento” del país, o sea pagar la deuda externa con el dinero “inter-estatal” de los jubilados, o sea el Anses.

El documento dedica un renglón telegráfico a la crisis del Partido Obrero y de la CRCI : “No hemos permanecido inmunes al impacto de la crisis de la izquierda en nuestras propias filas”, dice, sin caracterizar qué posiciones defendió y defiende el aparato en esta crisis, ni hablar del quorum dado a Capitanich para que pueda pagar la deuda de la provincia con el capital financiero o la privatización de terrenos públicos. ¡O el voto sionista en la Legislatura para atraer el voto de ese sector a la “tercera fuerza”! Ninguna presión de la crisis justifica expulsiones sumarias de centenares de militantes que presentaron por escrito sus posiciones. Los redactores del texto no dedican una línea a su tesis de que el imperialismo ejerce “la iniciativa estratégica”, y de que ello inhibe cualquier potencialidad revolucionaria a las masas, esto, dicho en las vísperas de la rebelión chilena de octubre de 2019, de la rebelión norteamericana contra la brutalidad policial y de la rebelión popular en Colombia en 2021. Los redactores del “informe” han buscado borrar las huellas de sus dislates.

El “informe internacional” es un armado verborrágico y presuntuoso, que expone una posición complaciente con el imperialismo en la guerra – el pacifismo más vulgar. En los aspectos sustanciales, es un faro político para toda la izquierda democratizante. La reunión con la burocracia de la CGT, la aliada más importante del gobierno que firmó con el FMI y defensora a rajatablas de la guerra de la OTAN, no cae de la nada.

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