Los "spots" del FIT-U

Escribe Marcelo Ramal

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Los spots de la campaña hacia las elecciones generales no han podido zafar del constante agravamiento de la crisis de régimen.

El spot “catastrófico” de Bullrich muestra las imágenes de una Argentina devastada, mientas llama a “terminar con el kirchnerismo”. Milei, con otras palabras, reflota el “que se vayan todos”. Los postulantes del capital desarrollan una agitación vinculada a la crisis de poder. La excepción la constituyen los spots presidenciales del FIT-U, con el mensaje de Bregman y Del Caño. En el spot más difundido, Bregman señala: “A las mujeres siempre nos dicen que hay que esperar, que primero hay que resolver la crisis”. Para Bregman la crisis es solamente un pretexto, o un recurso de las patronales para imponer su agenda. “Pero somos nosotras- agrega- las que sufrimos las consecuencias del ajuste y del machismo”. Bregman no choca con los planteos de sus rivales – se limita a cavarse el nicho electoral de un feminismo de bajísima graduación. En las reuniones del FIT-U, sin embargo, el PTS ataca al PO oficial por “no nombrar a los candidatos del FMI”.

El FIT-U refuerza un ángulo identitario en vez de desarrollar un planteo de conjunto frente a la crisis. En realidad, el mensaje opone la agenda de la mujer a una salida obrera a la crisis, empezando por ignorar a ésta, que es una crisis histórica del capital. En esta separación artificiosa consiste su planteo identitario. El escenario de derrumbe general de las relaciones sociales constituiría una molesta piedra en el zapato para los reclamos de “las mujeres”.

Pero si efectivamente existe una crisis de conjunto del régimen y de sus relaciones sociales, entonces las reivindicaciones de la mujer sólo pueden ser parte de una salida de conjunto, o sea de un gobierno propio de los trabajadores. En ese caso, esas aspiraciones dejarían de ser excluyentes de “las mujeres”, para fundirse con las del conjunto de los explotados.

“Nos dicen que primero hay que resolver la crisis”, se queja Bregman. A quien quiera que sea que “se lo dice”, Bregman no llama a que “la crisis” se “resuelva” con métodos revolucionarios y objetivos socialistas. La respuesta que da es otra: ‘machistas’, no me vengan con la crisis. Es una exposición crudamente corporativa y antisocialista.

Para el PTS la crisis no existe, es sólo una excusa para sacar a la mujer de la agenda general, que entonces no tendría otro lugar que en el Congreso, con el cual cierra el spot. Pero una crisis de conjunto o histórica es incompatible con el “orden del día” de una sesión parlamentaria.

Para reforzar esa confusión deliberada, la candidata señala que “somos nosotras las que sufrimos las consecuencias del ajuste y el machismo”. Pero el “ajuste”, si lo llamamos así, es la confiscación que el Estado ejecuta contra la clase obrera a cuenta del capital. El machismo es una construcción histórica que, bajo el capitalismo, se funde con la violencia laboral y social general. Hay machismo entre los obreros y los explotados. Aislar las reivindicaciones de las mujeres de la lucha de clases en la que intervienen obreros ‘machistas’, convierte a la separación de la mujer de la clase obrera en un método político.

“Ajuste”

El “ajuste” es, a esta altura de la historia, una suerte de queja, no un reclamo político, ni una orientación; “más ajuste” y “más devaluación” se ha convertido en un comodín que llena un vacío de ideas políticas. Lo que ocurre, en cambio, es un estallido de mayor profundidad y extensión de las contradicciones económicas y sociales capitalistas. Una hiper no sería apenas un ‘ajuste’ sino una expropiación a gran escala. Los spots de Política Obrera, en las PASO, llamaban a la clase obrera a “tomar las riendas del poder político en nuestras manos” . El FIT-U, por el contrario, es la única corriente del país que rechaza la perspectiva de una crisis terminal y prerrevolucionaria (“helicóptero”, “gobernabilidad”, desaparición del Presidente y la Vice, default, son los términos en danza). Las fuerzas del capital se preocupan por la gobernabilidad, el FIT-U por un corte de boleta. Blandir un feminismo vulgar en una campaña política es rehuir la lucha política contra los adversarios y poder decirle a los kirchneristas: “no atacamos al candidato de ustedes”, y menos a Kicillof. En el lenguaje del aparato del PO esto sería “evitar el ultimatismo” o “tener el oído pegado a las masas” (el “voto peronista”, que perdió a cuatro millones de votantes, a razón de un millón por año).

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Entrevista a Jorge Altamira en "A río revuelto" por LU6 (19/9/23) Publicada en el canal de YouTube de Política Obrera.

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