IMSA: patronales millonarias, trabajadores pobres

Escribe Julio Gudiño

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IMSA es la empresa de conductores de energía más grande del país. Está ubicada en el partido de Merlo y cuenta con una unidad productiva de 50.000 metros cuadrados. Produce 25.000 toneladas al año de cables de los más diversos tipos: baja, media y alta tensión; conductores para usos electromecánicos; conductores para la industria petrolera, minera y aviación.

Esta empresa de capitales nacionales, fundada en 1947, es “socia vitalicia” de la obra pública y de los subsidios estatales impulsados por todos los gobiernos de turno. El crecimiento y enriquecimiento de esta “patronal nacional” contrasta con la situación laboral y salarial de sus trabajadores. Los obreros de la planta de Merlo denuncian que un operario inicial “cobra quincenas de 90.000 pesos por mes”. Es decir, un obrero de la UOM que trabaja en IMSA percibe un salario 30% más bajo que la línea de pobreza valuado hoy en 280.000 pesos. Estos salarios de miseria obligan al metalúrgico a deslomarse trabajando 12 horas por día para apenas rozar la línea de pobreza. A esta situación no escapan ni siquiera los obreros con mayor antigüedad y máxima categoría ya que “un oficial múltiple con antigüedad mayor a 10 años su quincena ronda los 130.000”. Sin embargo, el hundimiento del salario no es la única problemática ya que la patronal tiene un tercio del plantel obrero precarizado bajo la modalidad de agencias. Los ritmos de producción son otro de los frentes de batalla. La productividad del trabajo (producción por obrero) no para de crecer y esto se palpa en el aumento constante de la producción y caída del personal ocupado y, también, en la intensificación de los ritmos de producción extenuantes en no pocas secciones con condiciones de trabajo insalubres.

Este estado de cosas que destruye las condiciones de trabajo y de vida de los metalúrgicos es responsabilidad directa de la colaboración política de la UOM de Caló-Furlán con las patronales a lo largo de décadas. Esta conciencia de la situación empieza a emerger entre los trabajadores de base que, por medio asambleas semi-autoconvocadas, le impusieron a la Comisión Directiva de la seccional oeste elecciones de delegados uninominales y no por lista completa como pretendía la burocracia. En este cuadro, una docena de activistas se presentaron a elecciones de delegados y tendrá el desafío de agrupar a los trabajadores detrás de un pliego reivindicativo para comenzar a revertir la miseria salarial y la superexplotación a la cual los somete la patronal con la colaboración de la burocracia sindical.

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