La masacre de Gaza

Escribe Olga Cristóbal

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Desde hace una semana, cuando Israel comenzó la demolición de Gaza, en respuesta al sorpresivo ingreso a sangre y fuego de milicianos palestinos al territorio del que fueron expulsados hace 75 años, miles de árabes se volcaron día tras día a las calles del mundo islámico: desde Egipto a Yemen y desde Jordania a Irak y Pakistán. La situación en Medio Oriente avanza hacia un precipicio y la prensa discute la posibilidad de que la guerra de Israel contra Gaza se extienda por lo menos a El Líbano y Siria, y quizás a Irán, un escenario que explicaría la ridícula cantidad de armamento y los portaaviones que le ha prestado Biden al estado ocupante. En estos días, como testimonio de esa voluntad, Israel bombardeó ocasionalmente los aeropuertos de Aleppo y Damasco y ayer, en sus ataques cotidianos a la frontera libanesa, dispararon a un coche de periodistas y mataron a un trabajador de Reuter.

La convocatoria de Hamas a un viernes de furia tuvo como respuesta en Jordania una enorme movilización que se dirigía a la frontera con Israel cuando fue reprimida por el ejército. Cientos de jóvenes palestinos expulsados de la Ciudad Vieja rezaron al aire libre en Jerusalén Este y se enfrentaron a la soldadesca sionista. En Cisjordania hubo choques con militares y colonos que dejaron 16 muertos, siempre de un solo lado.

El sexto día de ataque masivo contra la población de Gaza incluyó el ingreso de fuerzas de infantería y blindados israelíes con el propósito de “atacar militantes” y localizar rehenes. Descartado en este contexto cualquier canje de prisioneros, los rehenes complican al régimen de Netanyahu que enfrenta dos demandas contradictorias: que liberarlos sea una prioridad y, a la vez, volver Gaza tierra arrasada. Es evidente cuál es la prioridad de un gobierno integrado por fanáticos religiosos que fundan su derecho a apropiarse de todo el territorio por mandato divino. A la tarde, el ejército dijo que había logrado recuperar “algunos cadáveres” de rehenes. Pero Hamas, en un comunicado, precisó que 17 rehenes murieron producto de los bombardeos sionistas.

“Reubicación forzoza”

Envalentonado por el apoyo sin fisuras de la OTAN, Estados Unidos y la Unión Europea, el ejército israelí ordenó (sic) la evacuación en 24 horas de un millón de palestinos hacia el norte de Gaza, que este sábado extendió hasta las 16. Obviamente, ni aunque los gazatíes quisieran obedecer semejante éxodo sería posible.

La orden obligó a pronunciarse hasta a las Naciones Unidas, que advirtieron que la “reubicación forzosa” (sic) tendría “consecuencias humanitarias devastadoras”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó la exigencia como “una sentencia de muerte” para muchos enfermos.

Hamás calificó la orden de evacuación como “guerra psicológica” destinada a romper la solidaridad palestina e instó a la gente a quedarse. Muchos palestinos permanecieron en sus hogares porque el sur tiene menos recursos y las carreteras fueron dañadas por una semana de bombardeos. Pero muchos otros se dirigieron a la carretera principal en automóviles, camiones y carros tirados por burros llenos de mantas y pertenencias. Horas después, Israel bombardeó en distintos puntos la caravana. Hamas informó que 70 personas, en su mayoría mujeres y niños, murieron y otros 200 fueron trasladados al hospital de Shifa.

El gobierno israelí también ordenó evacuar en dos horas el hospital Al Awda. La respuesta de Médicos Sin Fronteras fue contundente: "Nuestro personal todavía está tratando a pacientes. MSF condena inequívocamente esta acción, el continuo derramamiento de sangre indiscriminado y los ataques a la atención sanitaria en Gaza. La violencia que estamos viendo no tiene precedentes. Gaza está siendo arrasada y miles de personas están muriendo. Esto debe terminar ya”. Israel postergó a mañana la orden de evacuación.

Ante la orden de evacuación, los médicos del hospital de Shifa han resuelto que “nadie va a ninguna parte. El personal médico está comprometido hasta el final con los enfermos y, además, no tenemos adónde ir”. Medhat Abbas, su director general reclamó: “Necesitamos que abran la frontera ya. Que entren médicos y combustible, que salgan pacientes de extrema gravedad. No podemos aguantar mucho más. Hemos vivido muchas cosas terribles, pero nada como esto”.

En la misma línea, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) anunció que “13.000 miembros del personal de la UNRWA en Gaza, trabajadores de primera línea, profesores, médicos, enfermeras y personas que ofrecen servicios psicosociales se quedan con las personas a las que tienen la tarea de apoyar”. Escalofriante.

Consecuencias catastróficas

Las negociaciones para que Egipto abriera un corredor que permitiera salir civiles se redujeron a una posibilidad remota. Solo permitirían salir por el paso de Rafah solo al medio millar de norteamericanos que está en Gaza. En tanto, temerosos de ser desbordados por un aluvión de palestinos, Egipto colocó bloques de cemento en el paso fronterizo con Rafah. Pero miles de egipcios caminan por el desierto hasta la frontera llevando agua y alimentos en sus espaldas para los prisioneros en Gaza.

Las “consecuencias humanitarias devastadoras” del ataque sionista tiene responsables directos. Por ejemplo, el jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ha proclamado el total apoyo de los Estados que la integran al genocidio. A los pertrechos militares ofrecido por Estados Unidos se suman ahora los de Alemania y otros países de la Unión Europea.

En el sexto día de ataques aéreos la situación es dantesca. Gaza está a oscuras, casi no queda agua y los muertos son enterrados en enormes fosas comunes porque no hay otro lugar. En las afueras de los hospitales los heridos aguardan horas en la calle y se apilan decenas de cadáveres en tiendas de campaña o directamente sobre el cemento, bajo el sol. El Ministerio de Salud de Gaza dijo que 1.799 palestinos, incluidos 583 niños, habían muerto desde el sábado y que 7.388 personas habían resultado heridas. El 40 por ciento de los muertos son mujeres y niños, lo que desmiente que los ataques se dirijan a milicianos.

El 20 por ciento de la población (unas 400.000 personas) deambula por las calles sin saber a dónde ir ni dónde refugiarse. La comida y los medicamentos se acaban. Naciones Unidas advirtió que sin luz ni agua “los hospitales se convertirán en morgues”. Dejarlo todo y huir significaría recorrer más de 20 kilómetros, probablemente andando, porque no hay vehículos para todos, por carreteras bombardeadas, sin ninguna seguridad de que no van a ser tomados como blanco, y cuidando de niños y ancianos con movilidad reducida.

“Olvídate de la comida, olvídate de la electricidad, olvídate del combustible. La única preocupación ahora es si lograrás sobrevivir, si vas a vivir”, dijo a El País Nebal Farsakh, portavoz de la Media Luna Roja Palestina en la ciudad de Gaza, mientras rompía a sollozar.

En la cabeza de miles de gazatíes, dice El País, este viernes se repetía una palabra: Nakba, “catástrofe” en árabe, concepto que se refiere al desplazamiento forzoso de 750.000 palestinos con la creación en 1948 del Estado de Israel.

Cisjordania

Lo que ocurre en Gaza eclipsó que esta semana soldados y sionistas han matado 44 palestinos en la Cisjordania y causado más de 600 heridos. El viernes, el Ejército mató por lo menos 11 palestinos en la represión de las movilizaciones de apoyo a Gaza.

No obstante, la mayoría de los ataques fueron perpetrados por colonos que llaman a vengar el ataque de Hamas y actúan con la complicidad del Ejército, que observa impertérrito como asesinan a personas desarmadas (EP, 13/10).

Por los grupos de WhatsApp circuló ayer una convocatoria a evitar el entierro de palestinos. Criticaba a las autoridades militares por “cerrar los ojos e imaginar que los nazis de Cisjordania son distintos a los nazis de Gaza”. Una imagen mostraba a nueve jóvenes enmascarados con bates, un hacha y un bidón de gasolina.

Los muertos esta semana en Cisjordania son una sexta parte de los 250 palestinos asesinados en lo que va de un año que ya era el más sangriento registrado en la zona en dos décadas. Ningún militar ni civil israelí ha muerto allí.

Un gabinete de criminales de guerra

El miércoles, Netanyahu y el líder opositor Benny Gantz -un criminal de guerra que dirigió en 2012 y 2014 sendas masacres contra Gaza- anunciaron la formación de un gobierno de emergencia y la creación de un gabinete de gestión de guerra integrado por Netanyahu, Gantz y el actual ministro de Defensa, Yoav Gallant. Otro general, Gadi Eisenkot, que también dirigió ataques en Gaza, se suma al gobierno. La nueva alianza pactó que, mientras dure la guerra, no se podrán impulsar leyes ni tomar decisiones gubernamentales que no se vinculen al conflicto. Poco antes de la ofensiva de Hamas, Gantz había exigido la dimisión de Netanyahu por sus causas judiciales abiertas y por abrirle las puertas del gobierno a la ultraderecha, representada en Itamar Ben Gvir.

No aceptó integrarse al nuevo gabinete, sin embargo, el principal líder de la oposición, Yair Lapid. Lapid, ex primer ministro, dijo que Netanhayu debe antes "sacar a los extremistas del gobierno de extremistas", según informó el periódico The Times of Israel. Lapid achacó el jueves a Netanyahu, el "imperdonable fracaso" de no haber logrado impedir la ofensiva de Hamás contra Israel.

En la presentación del nuevo gobierno Netanhayu prometió que todo militante de Hamas ya es hombre muerto (sic) y que van “a borrar a Hamas de la faz de la Tierra”. Es lo mismo que prometieron en el ataque a Gaza de 2014, recuerda el diario israelí Yediot Ajronot, que critica la lentitud del gobierno en el despliegue de las tropas.

El gobierno de Netanhayu ha cosechado el más vivo apoyo de la OTAN y la Unión Europea pero se ve jaqueado por las críticas internas. Lo acusan de un humillante fallo en la seguridad y no haber previsto el ataque de los milicianos palestinos, de haber respondido muy tardíamente a ese ataque y de una enervante lentitud para entrar a Gaza.

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