El ejército israelí asesinó “por error” a tres rehenes que, semidesnudos y con una bandera blanca, le pedían ayuda en hebreo

Escribe Olga Cristóbal

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“Durante un combate en Shuyaia, en el norte de Gaza, el ejército identificó erróneamente a tres rehenes israelíes como una amenaza. Como resultado, las tropas dispararon contra ellos y murieron” dice el informe del Ejército de Israel que admite que fusiló “por error” a Yotam Haim, Samar Talalka y Alon Lulu Shamriz.

Los tres jóvenes, todos en la veintena, salieron de un edificio, desnudos de la cintura para arriba, pidiendo ayuda en hebreo. Portaban una bandera blanca casera para dejar claro que se estaban entregando. Aun así, el ejército de Israel “los consideró una amenaza” (sic) y los mató a tiros al grito de “¡terroristas!”.

Según la investigación militar, un francotirador israelí identificó a los jóvenes como “tres figuras sospechosas” y creyó que eran una trampa de Hamas. En principio mató a dos y un tercero, herido y atropellado, huyó hacia dentro del edificio del que procedía.

Según el informe, otros soldados que estaban en la zona declararon que se escuchó que alguien gritaba “Ayuda” en hebreo. Pero cuando el herido volvió a salir gritando en hebreo, lo remataron. Más claro: los rehenes que habían sobrevivido dos meses -bajo los bombardeos y la hambruna- al cuidado de Hamas, fueron asesinados en minutos apenas pidieron ayuda al Ejército israelí.

Ante los cadáveres, el comandante del batallón “se dio cuenta de que la apariencia del tercer hombre era inusual” y los llevaron a Israel para identificarlos.

Ocurrió el viernes en el barrio Shejaiya de la ciudad de Gaza, donde los israelíes también mataron a decenas de palestinos “desnudos y desarmados” (textual del informe castrense) ante la sospecha de que fueran miembros de Hamas.

El documento oficial reconoce que en los últimos días los sionistas no encontraron en el barrio de Shejaiya ningún civil pero sí a por lo menos a 38 “agentes terroristas palestinos que iban vestidos de civil, a menudo desarmados” (sic). Obviamente, los mataron. "Las fuerzas en Gaza están todo el tiempo enfrentando emboscadas, la presión es extrema", justificó el general Daniel Hagari, vocero del Ejército.

El informe reconoce también que el día anterior las tropas habían encontrado en un edificio vecino pintadas en aerosol que decían “Ayuda, tres rehenes” en hebreo y SOS en inglés. El Ejército israelí supone que los jóvenes se escaparon del cautiverio o que Hamas “los abandonó” al retirarse de la zona.

La máquina de guerra sionista, entrenada en masacrar campos de refugiados, escuelas y hospitales sin pestañear, no se detiene aunque jóvenes semidesnudos le griten en su idioma. Tampoco las leyes internacionales que obligan a respetar la rendición expresada por una bandera blanca significan nada para Israel, que suma las denuncias como criminal de guerra desde su fundación.

Finalmente, es la obediente aplicación del protocolo Aníbal, que indica que los rehenes israelíes en poder del enemigo no deben sobrevivir. El ejército reconoció esta semana que más del 10 por ciento de los soldados que están muriendo en Gaza lo hacen por fuego amigo (El País 16/12).

Tratando de morigerar el escándalo, el comunicado militar expresó su "fuerte arrepentimiento por el trágico incidente".

Sin embargo, la protección estatal contra los crímenes de guerra es absoluta, incluso en este caso: "Son nuestros rehenes, son nuestros soldados. En primer lugar, vamos a ayudar a estos soldados. No van a ser castigados: cometieron un error, cometieron un error", reiteró el teniente coronel Richard Hecht.

Estas muertes elevan a 22 el número de rehenes fallecidos confirmados, de un total de unas 250 personas que fueron llevadas por las milicias palestinas a la Franja de Gaza. De ellas, 110 fueron liberadas y 129 permanecen cautivas sin que se sepa si están vivas.

Inmediatamente, las familias de los rehenes hicieron un piquete en la autopista frente a la sede central del ejército israelí. Exigen un alto el fuego que permita el intercambio por prisioneros palestinos incluso “con sangre en sus manos”. “Los queremos de regreso vivos y no en bolsas”, gritaban.

Fuera del Museo de Arte de Tel Aviv, en la que se conoce como la "plaza de los rehenes, cientos de personas se congregaron en torno a la medianoche con pancartas como “No hay victoria sin el regreso de los rehenes” y coreando lemas como “Todos” y “Hasta el último”.

“Los rehenes no están en la agenda del Gobierno”, lamenta Guy Levy, que vive en el kibutz Nahal Oz y acompaña a familias amigas. Netanyahu, en su opinión, está más pendiente de los “fascistas de los colonos” que de los “abandonados en Gaza”. “El día más feliz no será cuando Netanyahu dimita, no. Será cuando lo entierren” (idem).

La conmoción por el asesinato de los rehenes se suma a las declaraciones de Hadas Dagan, publicadas por el Canal 12 de Israel. Dagan es la única sobreviviente de una casa donde estaban 14 personas, entre habitantes del Kibbutz Be'eri y milicianos el 7 de octubre.

Dagan rompió el silencio para corroborar lo que ya han descripto otros testigos, incluidos altos jefes militares sionistas. Durante la llegada de las fuerzas israelíes, se produjo un feroz intercambio de disparos, dijo, seguido de un ataque israelí con misiles.

Estas revelaciones se suman a un creciente cuerpo de evidencia de que el ejército israelí mató a cautivos en el kibutz Be'eri y otros asentamientos, en lo que es la ya mencionada implementación de la Directiva Aníbal, el protocolo militar en el que se mata a los cautivos israelíes para evitar que los palestinos logren intercambio de prisioneros.

La insoportable limpieza étnica ejecutada contra los palestinos en Gaza, Cisjordania y Jerusalén por el gobierno fascista de Netanhayu no tiene ninguna relación con la argüida protección ni de los judíos en general ni de los israelíes en particular. Es la embestida sin escrúpulos y por fuera de toda legalidad de un Estado ocupante, al que los militares de Estados Unidos no titubean en definir como “un portaaviones” de los intereses imperialistas en Medio Oriente.

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