Neuralink y el desarrollo tecnológico bajo el capitalismo: la receta para la distopía

Escribe Mel Juárez

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Neuralink, una de las empresas de Elon Musk, ha dado un paso más en su ambición de vincular cerebros humanos con una computadora a través de una interfaz. Durante la primera semana de febrero, el magnate multimillonario anunció en su cuenta de X que las primeras pruebas de su prototipo Thelepathy en humanos ha sido un éxito.

Se trata de un artefacto estéticamente invisible, un chip cerebral, compuesto por 1024 electrodos organizados en 64 pequeños filamentos que poseen recarga inalámbrica (con batería de litio). Éstos van conectados al cerebro y envían señales eléctricas a las neuronas. Promete, a largo plazo, el control de aparatos electrónicos con la mente, pero en un principio estaría destinado exclusivamente a personas con dificultades motrices.

La polémica se inició antes de las pruebas en humanos, en 2022, cuando la agencia de noticias Reuters indicó que la empresa de Musk había estado llevando a cabo experimentos en animales. Se habló incluso de la muerte de 1.500 especímenes, pero finalmente el APHIS (Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas de los Estados Unidos) desmintió esta información.

Mas allá de eso, las inquietudes de la comunidad científica van desde la posibilidad de migración de alguno de los componentes del chip a otras zonas del cerebro a la posibilidad de su extracción sin dañar el tejido. Indudablemente las reacciones adversas de un implante de estas características son a corto, mediano y largo plazo. “Se desconoce cuáles pueden ser los riesgos de tener un implante cerebral a largo plazo” (Zavala, MN 146.986, Página/12).

El desarrollo de estas tecnologías bajo el sistema capitalista son extremadamente preocupantes, pues los llamados beneficios que se destacan, como podrían ser los paliativos para alguna condición médica, estarán limitados a sectores sociales de altos ingresos; o sea, a quienes puedan costearlos. Por otro lado, cabe la posibilidad de que, gracias a este nuevo producto, quienes tengan capacidad de acceder a él puedan llegar a desarrollar capacidades cognitivas y físicas diferentes e incluso superiores al común de la población.

De esta manera, Telepathy se comienza a perfilar como un producto destinado al usufructo por una élite reducida y, en consecuencia, un elemento que viene a profundizar las desigualdades entre los seres humanos.

Tecnología al servicio del bien común

Bajo el capitalismo, los avances cientificos y tecnológicos, lejos de buscar aumentar la calidad de vida de la sociedad, apuntan a maximizar las ganancias del capital, monopolizando esos avances tecnológicos y los productos que se derivan de ello en el mercado mundial, al mismo tiempo que apuntando a acrecentar la productividad y con ello una de las vías de superexplotación de la clase obrera.

Los avances científicos bajo la etapa decadente del capitalismo no representan una salida para las necesidades sociales del pueblo trabajador. Como quedó demostrado en el pasado, para citar un ejemplo, los avances de la fisión nuclear presentados como una variante de energía limpia, tuvo como debut y destino la fabricación y el uso de la bomba atómica y el exterminio masivo en Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. O más recientemente, en la pandemia, la aparición de las vacunas contra el Covid-19 dio lugar a una guerra por el mercado entre un puñado de laboratorios y Estados imperialistas, mientras la economía mundial se derrumbaba y los muertos se contaban por millares, dejando a miles de millones de seres humanos al margen de acceder a esos insumos preventivos de la enfermedad.

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