Trabajo agrario temporario, planes sociales y destrucción de los salarios

Escribe Daniel Blanco

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De manera recurrente, en los últimos años, los productores viñateros se han quejado por la falta de mano de obra para la cosecha. Quejas similares se han producido en otras producciones que requieren mano de obra intensivas en época de cosecha.

A una semana del comienzo de la cosecha -que se estima será un 24% superior a la del año pasado- fuera de la parte de la cosecha que se levanta por medios mecánicos (un 25%), el resto requiere alrededor de 18.000 cosecheros, que se compone un 50% de mano de obra local y el otro 50% por trabajadores migrantes provenientes de las provincias del norte y de Bolivia.

Al referirse a las razones de la escasez de mano de obra, algo que se ha reiterado en los últimos años, los empresarios señalan que el factor que determinante son los planes sociales, porque por este motivo prefieren cobrar el plan todo el año y no sumarse al trabajo registrado en la cosecha por temor a perderlo.

En virtud de esta situación recurrente, en agosto del 2021, el gobierno de Alberto Fernández dictó un decreto por el cual se aseguraba a los trabajadores temporarios o permanentes discontinuos que el plan social y otras prestaciones quedaba suspendidos durante el periodo laboral, pero luego se recuperaban. La experiencia laboral de estos últimos años, y más ahora donde está en curso una ofensiva feroz contra los beneficiarios de los planes sociales, ha reinstalado el temor a perderlo. Incluso está fresca la experiencia del decreto de octubre del 2023, también de Alberto Fernández, que estableció un nuevo IFE del cual no podían ser beneficiarios quienes fueran trabajadores temporarios, lo que ha reforzado la resistencia a registrarse. El presidente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este y otros referentes de entidades patronales se han quejado nuevamente por la falta de manos de obra para levantar la cosecha.

La razón de fondo para que un trabajador prefiera rechazar un trabajo temporario a perder el plan social miserable, radica en el hecho de que se trata de un trabajo a destajo, con jornadas laborales extendidas de 10 a 12 horas, sometidos a durísimas condiciones climáticas y de esfuerzo, que en pocos años dejan a los obreros con la salud resentidas. A la hora de hacer cuentas, son temporadas de pocos meses, en condiciones de extremas precarización laboral. En el caso de los cosecheros de la uva, la mayoría están tercerizados, agrupados por cuadrilleros, en condición de trabajadores no registrados, y con jornales que no están garantizados. Los ingresos anualizados que se pueden lograr como cosecheros son inferiores a los que se puede sumar por los beneficios acumulados de un plan de social reforzado por algunas changas ocasionales.

En el pasado reciente, los cosecheros denunciaron la complicidad del sindicato que agrupa a los trabajadores viñateros y desenvolvieron distintos reclamos por medios de acciones autoconvocadas.

Esta es la vía para poner en pie a los trabajadores e imponer un jornal garantizado para una jornada de ocho horas equivalente a un salario mensual que cubra el costo de la canasta familiar, y para el período intercosecha, un subsidio a costa de las ganancias patronales equivalente al 80% del jornal de temporada de cosecha. Todo ello es perfectamente posible. Las ganancias de los grandes viñateros son siderales.

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