El 23, todos a la marcha de las universidades

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La marcha convocada por las universidades públicas para el próximo martes 23 ha sido precedida por una verdadera conmoción en las casas de estudio. Las universidades están siendo sometidas a un trabajo de liquidación implacable por parte de la camarilla de Milei-Caputo. La decisión de prorrogar el presupuesto 2023 se tradujo en un golpe de gran alcance a los salarios docentes y no docentes, que representan entre el 70 y el 80 % de los presupuestos universitarios. Los profesores han perdido alrededor del 50 % de su salario real, un despojo que solo se compara al que sufrieron los jubilados. Lo mismo ocurre con los trabajadores no docentes. El sistema científico-técnico del CONICET soporta el despido masivo de becarios e investigadores. La decisión posterior de “corregir” ese congelamiento con un aumento del 70 % de los “gastos generales” sólo afecta a una porción menor de las erogaciones de la universidad y es muy inferior a la marcha de la inflación y de los tarifazos en el gas, la luz y otros servicios. La mayoría de las universidades declaran que sólo cuentan con recursos hasta mitad de año. Medicina de la UBA permanece virtualmente a oscuras y sin ascensores, como resultado de los recortes.

Privatización

Es evidente que, más allá de la amputación de gastos -que el Gobierno aprovecha para sostener a rajatablas la hipoteca creciente de la deuda pública- la asfixia de la universidad pública se enlaza con un operativo de privatización. Los funcionarios libertarios se sirven de la asfixia que ellos mismos han creado para reintroducir el debate sobre el arancelamiento universitario y la consecución de fuentes alternativas de financiamiento, o sea, la conversión de la universidad en una tercerizada del gran capital en lo que refiere al empleo de fuerza laboral ultracalificada, instalaciones y laboratorios. En cuanto a las Ciencias Sociales, el propósito es proceder a una amputación lisa y llana de matrículas y carreras junto a la censura que todos los días ordena Milei con sus invectivas acerca del “lavado de cerebros”. El único gran “lavado” es el de los manipulados contenidos de la educación privada y el que sobrevendría con una privatización de la universidad estatal.

En las últimas dos décadas, la docencia universitaria logró un salto en su condición salarial a partir de luchas históricas (año 2005). Milei-Caputo pretenden retrotraer esos avances. Se sirven de la liquidación del salario de los profesores para promover otra privatización: la de la función docente. “El profesional universitario, dicen, debe vivir de otra cosa”, la universidad sólo debe servir de peldaño ´honorífico´ para sus carreras. La privatización de la investigación se completaría con la de los ingresos de los profesores, a partir de los convenios con el capital privado. La estructura salarial universitaria sería pulverizada, a partir de una diferenciación introducida por los convenios con empresas. La presente liquidación de los salarios está al servicio de esa estrategia.

Reacción en ascenso

La escalada contra la universidad ha despertado una reacción importante en el estudiantado y la docencia, que crece con el paso de las semanas y de las evidencias del vaciamiento universitario. Por un lado, los paros de la docencia universitaria han tenido un carácter masivo desde el inicio de clases. Por otro lado, se ha puesto en marcha un movimiento de clases públicas que, en algunos casos, ha ganado las calles aledañas a las facultades convirtiéndose en verdaderos piquetes. En facultades de la UBA, como Filosofía, las convocatorias y movilizaciones comienzan a ser masivas.

Siendo agudo el ataque a la universidad, es evidente, sin embargo, que esta reacción obedece a una cuestión de conjunto: los estudiantes, en definitiva, son parte de millones de familias trabajadoras que están soportando una agresión sin precedentes. En las aulas se refleja la inquietud desatada por la carestía de alimentos, los tarifazos, la penuria de vivienda. En muchas familias ya se ha instalado la angustia del despido, incluso entre los propios estudiantes. A nadie escapa que, en esas condiciones, la movilización del 23 será una gigantesca demostración contra el Gobierno. Como ha ocurrido en diferentes circunstancias históricas, el movimiento estudiantil puede ser la punta del iceberg de una reacción de carácter general, en este caso, contra un gobierno de naturaleza criminal en relación a toda la población oprimida.

La movilización, convocada por centros de estudiantes, federaciones y sindicatos universitarios, ha recibido la venia de los rectores. Tardíamente y cuando la política de proceder a recortes y autoajustes había fracasado, las gestiones de las universidades han resuelto ´acompañar´ un proceso de lucha que las bases universitarias ya habían puesto en marcha. En cualquier caso, el alcance de la movilización -y sus consecuencias políticas- superará en todos los planos al aparato universitario oficial, y ese es el empeño que debemos poner en todos los lugares de estudio. Las autoconvocatorias y las coordinadoras “interclaustro”, promovidas desde abajo, están a la orden del día en todas las universidades.

Llamamos a organizar la concurrencia masiva en todas las universidades y en todo el país, para convertir a la jornada del 23 en un golpe contundente al gobierno de Milei, que prepare otras acciones más profundas y definitivas hasta derrotarlo.

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