La OTAN, Rusia y la guerra nuclear

Escribe Sergio Escalas

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Ante la determinación de la OTAN de permitir al gobierno de Zelenski el uso de su armamento en suelo ruso, no tardó en llegar la respuesta de Putin, anunciando el comienzo de ejercicios con armas nucleares tácticas. De este modo, las formaciones de misiles del Distrito Militar Sur se entrenan para recibir munición especial para el sistema de misiles tácticos Iskander y equipar con ella los lanzadores, entrenándose para acoplar ojivas especiales al armamento de aviación, incluidos los misiles hipersónicos aerobalísticos Kinzhal, y realizar salidas a las zonas de patrulla designadas.

Recientemente, EE.UU., Alemania, Francia, Polonia y otros países decidieron permitir a Ucrania que utilice las nuevas armas que ha comenzado a recibir, acompañadas de adiestramiento, también en territorio ruso. Sobre esta última posibilidad, el Kremlin no descarta que sus fuerzas puedan atacar a los instructores franceses que participarían en el entrenamiento de soldados ucranianos, cuyo envío está actualmente en discusión entre París y Kiev. En ese contexto, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha planteado repetidamente la posibilidad de enviar tropas occidentales para asistir a Kiev.

En una reunión con los comandantes de los distritos militares, Putin resumió la situación tras el fracaso de la contraofensiva ucraniana. El presidente explicó que Rusia incrementó los gastos militares al 8,7 % de la riqueza nacional y que para gestionar esta nueva situación el nuevo ministro de Defensa ha pasado a ser Andrei Belousov, un economista.

Un serio episodio ocurrió recientemente cuando drones ucranianos llegaron hasta la región rusa de Orenburg. Luego de atravesar 1.800 kilómetros, atacaron y dejaron inservible a un radar de alerta temprana. Se creó así un “agujero” ciego en el sistema de detección de ataques nucleares a Rusia. Putin respondió dando a conocer el comienzo de los ejercicios en las zonas fronterizas con el nordeste de Ucrania, utilizando bombas y misiles nucleares tácticos. Cada día que pasa las amenazas recíprocas empeoran.

Las ojivas tácticas aluden a las diseñadas para usarse en un campo de batalla limitado, por ejemplo, para destruir una columna de tanques o un grupo de batalla de portaaviones si se usan en el mar. Estas ojivas, con rendimientos explosivos de 10 a 100 kilotones de dinamita, también se llaman "de bajo rendimiento". Por el contrario, las ojivas nucleares "estratégicas" más poderosas de Rusia tienen potencias explosivas de 500 a 800 kilotones y están diseñadas para destruir ciudades enteras e incluso producir una mayor devastación.

El arsenal de armas ruso integra un estimado total de 5.580 ojivas nucleares (desplegadas, no desplegadas, almacenadas o esperando desmantelamiento), de las cuales poco más de 1.800 son ojivas "no estratégicas", también conocidas como armas nucleares tácticas, según la Nuclear Threat Initiative (NTI). Con esas más de 1.800 ojivas nucleares no estratégicas, Rusia es el país con la mayor reserva de armas en el mundo en dicha categoría, agrega la NTI.

Por su parte, la OTAN está conformada actualmente por 32 países y tres de ellos -Francia, Reino Unido y Estados Unidos- poseen armas nucleares. Este último desplegó sus arsenales nucleares en los territorios de varias naciones europeas -Alemania, Bélgica, Países Bajos, Italia- y en Turquía.

Estados Unidos y Rusia están vinculados por el tratado START III de armas nucleares, que limita los arsenales nucleares de las dos potencias a un máximo de 700 misiles desplegados, 1.550 ojivas nucleares y 800 vectores, desplegados y en reserva. El pacto expira en 2026 y hasta la fecha las negociaciones para renovarlo están en el aire. Los estadounidenses desataron la alarma en el mundo con sus pruebas nucleares a mediados de mayo en Los Álamos, Nevada, pese a haber firmado el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

Hoy en el mundo una sola detonación nuclear muy probablemente mataría a cientos de miles de personas y lesionaría a muchas más, la lluvia radiactiva podría contaminar grandes áreas en varios países, colapsando los servicios de emergencia y generando el pánico en toda la población. Las detonaciones múltiples, por supuesto, serían mucho peores. La amenaza de una confrontación nuclear está planteada, poniendo en peligro a la humanidad entera. Si el ajedrez es semejante a la vida, en el tablero que dominan el capital y el imperialismo, ante la posibilidad de que se desate una jugada que ponga en jaque la existencia de la vida, el camino está en organizar la unidad de los trabajadores contra la guerra, contra la OTAN, contra las oligarquías periféricas encabezadas por Putin, contra la UE y su política militarista.

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