Escribe Comité de Redacción
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Las elecciones del domingo pasado, 18 de enero, en Portugal, para presidente de la república, no dieron un resultado concluyente, por lo que deberá realizarse una segunda vuelta el 8 de febrero próximo. El primer lugar le correspondió a José Seguro, del Partido Socialista, quien obtuvo el 30,6 % de los sufragios; su contrincante será André Ventura, el jefe del partido ultraderechista Chega (“Basta” en castellano), el cual se había convertido en el principal partido de la oposición en las elecciones parlamentarias de abril de 2024, el 24.7 %. El tercer lugar lo obtuvo el derechista Partido Socialdemócrata con el 14,8 % de los sufragios. La proliferación de las denominaciones ‘sociales’ en la política portuguesa constituyen un rezago del impacto histórico de la Revolución de los Claveles de abril de 1974, que destruyó el aparato del régimen totalitario y colonialista salarazista, por Antonio de Oliveira Salazar, quien gobernó el país entre 1932 y 1968, como cabeza del Estado Novo, una suerte de régimen franquista anticipado, impuesto en 1926 como desenlace de sucesivas crisis revolucionarias.
Un aspecto fundamental de las elecciones fue el derrumbe de la izquierda democratizante, el Bloco de Esquerda, una cruza de trotskistas y maoístas a la moda junto a otros grupos menos relevantes. El Bloco obtuvo un 1,98 % de los votos, un desplome en relación al 10,2 % de 2015. Otro derrumbe fue el del Partido Comunista, una de los protagonistas principales en la Revolución de 1974, que sacó menos votos aún: 1,46 %. Ambas formaciones coincidieron, aunque separadamente, en el apoyo a los gobiernos del Partido Socialista, disfrazados de la necesidad oportunista de bloquear “a la derecha”. Bregaron, en este sentido, por concesiones menores en los programas de ajuste implementados por esos gobiernos. Han apoyado, asimismo, a la burocracia de los sindicatos y a sus “diálogos sociales”. El resultado ha sido una caída impresionante del nivel de vida de los trabajadores. Frente a la contrarreforma laboral que impulsa el actual gobierno de derecha, la burocracia convocó a un paro aislado hace un par de semanas, con destino a las tribunas. La burguesía de Portugal y sus partidos son parte de la política de guerra de la UE y la OTAN contra Rusia. Como es de público conocimiento, la izquierda acompaña esta política de guerra con el alegato del pisoteo de la independencia de Ucrania por parte del régimen de Putin, pero no de Zelensky y la OTAN, cuyo propósito es anexar a Ucrania a la Unión Europea y a la OTAN y preparar una guerra directa contra Rusia.
Aunque el presidente no ejerce facultades ejecutivas en Portugal, en manos del gabinete y el primer ministro, tiene sí la prerrogativa de disolver el Parlamento en situaciones de crisis o de maniobras para presentarlas como tales. No es de importancia menor que el ultraderechista Ventura alcance ese lugar. El escrutinio ha puesto de manifiesto una clara fragmentación política; Portugal ha tenido un solo ballotage presidencial en 60 años. Los dos candidatos más votados reúnen, por otra parte, apenas el 55 % de los votos, en una elección en la que compitieron once listas. A Chega no le alcanza con atraer la mayor parte de los votos “socialdemócratas”, que gobiernan en este momento; la posibilidad de que llegue a la presidencia la ultraderecha podría encadenar votos hacia José Seguro. No es algo extraño en Portugal la coexistencia de una presidencia socialista y un gobierno derechista ‘neoliberal’. La crisis social, el ajuste contra los trabajadores, la militarización de Europa y, ahora, la guerra multidimensional entre Trump, de un lado, y una UE fragmentada junto al Reino Unido, del otro, diseñan hacia adelante un panorama convulsivo y potencialmente revolucionario.
