“Es un HDP… pero es nuestro HDP”

Escribe Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)

La sustitución de Vladimir Padrino por Gustavo González López.

Tiempo de lectura: 3 minutos

La destitución del ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, por parte de Delcy Rodríguez, es un nuevo paso en la “estabilización” del protectorado ‘de facto’ del trumpismo. Según el Financial Times la designación de Gustavo López, a quien el periódico identifica como “torturador en jefe” de Maduro, mantiene “el mismo régimen brutal, con rostros más afines a Washington”. Gustavo González López -el militar de “más confianza” de la presidenta encargada- fue el principal jefe de la Inteligencia venezolana. Junto a Padrino López, la presidenta encargada removió a gran parte de la cúpula militar.

La medida contaría entonces con el visto bueno de Trump y Marco Rubio. Hace poco, el matón de la Casa Blanca se jactaba: “Lo que hicimos en Venezuela, creo, es el escenario perfecto (...). Todos han conservado su trabajo, excepto dos personas” (New York Times, 1/3). Ahora la salida de Padrino López suma una tercera persona que perdió el empleo en el “narco-terrorista” ahora dirigido desde Washington. Trump podría utilizar la frase atribuida a Franklin Delano Roosevelt respecto al dictador Somoza: “Es un gran hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

La que se ha mantenido cautelosa es la cabecilla de la oposición derechista, María Corina Machado, quien aún no ha recibido el permiso de Rubio de regresar a Caracas. “De acuerdo con allegados a su entorno, la líder y Premio Nobel de la Paz espera por el visto bueno de Trump, quien no parece estar muy convencido de apoyar su retorno” (El País, 3/2). Como señaló algún analista, el protectorado de hecho encabezado por Delcy Rodríguez se beneficia de dos extracciones: el secuestro de Maduro y la prohibición al retorno de Machado. La dirigente derechista no ha emitido declaraciones públicas respecto al nombramiento de González López, aunque consultada por el Financial Times sostuvo que el nombramiento de “uno de los peores torturadores que tuvo el país” sería “insostenible”, pero… “a largo plazo”.

Padrino López, una pieza fundamental del gobierno de Maduro, está requerido por Estados Unidos como supuesto integrante de un cártel narco, al igual que el presidente secuestrado y el todavía ministro del Interior, Diosdado Cabello. Los Rodríguez -Delcy y Jorge- y el nuevo ministro de Defensa están sancionados por el Departamento de Estado, pero no acusados de narcotráfico. González López no era una figura menos cuestionada que Padrino, sino que estaba aún más denunciada por violaciones a los derechos humanos, en los cuales no tenía únicamente responsabilidad política, sino que además “ejercía dirección operativa directa” y participaba de interrogatorios.

Según el Financial Times, “Mientras que Padrino priorizaba las relaciones con Rusia e Irán, se cree que González cuenta con una red de contactos en Estados Unidos. Cuando el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó Caracas, fue recibido por González” (ídem). Según el FT, la posición de Padrino era “insostenible” tras la captura de Maduro y su esposa. “‘Personas como González López, que ocupaban altos cargos en los servicios de inteligencia, siempre han estado en contacto con los estadounidenses’, declaró un oficial de inteligencia venezolano, que prefirió mantener el anonimato. ‘Los estadounidenses debieron haber dado su aprobación para que obtuviera su nuevo puesto’.”.

El régimen chavista “residual” se autodepura para mantener la regimentación del Estado por parte del ejército y del aparato burocrático, con el visto bueno del fascista de la Casa Blanca.

Es la defunción de un régimen nacionalista militar en descomposición, que ha pasado de la retórica antimperialista a convertirse en un vehículo directo de la rapiña de los recursos naturales de Venezuela. Repite, en forma tal vez más nítida, el derrotero de los procesos nacionalistas de décadas anteriores que -tras estrangular la independencia del movimiento obrero y contener el alza de las masas- terminaron abriendo el camino a dictaduras abiertamente proimperialistas, como ha sido el caso del gobierno Perón-Perón. En el caso del protectorado trumpista en Venezuela, la retórica del gobierno yanqui ya no apela a la “democratización”, el eslogan preferido del imperialismo frente a la descomposición de las dictaduras militares en los 70 y 80 del siglo pasado, y también frente a la burocracia estalinista en crisis. Trump reivindica el modelo de apropiarse de un régimen bonapartista en decadencia, para instalar un protectorado que le permita confiscar sus recursos y expulsar a sus competidores del “patrio trasero” latinoamericano.

Suscribite al canal de WhatsApp de Política Obrera