Milei sube a la Argentina a la guerra imperialista, para encubrir el desbarranque del gobierno

Escribe Comité de Redacción

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“Total y absoluto”. Así definió Milei al apoyo del gobierno argentino a Estados Unidos y al Estado de Israel en la guerra imperialista contra Irán, el Libano y el pueblo palestino. En esa línea, expulsó de Argentina al único representante diplomático de Irán y estableció la virtual ruptura de relaciones diplomáticas. Se trata del “apoyo total” a los crímenes de guerra ya perpetrados por los agresores imperialistas en todo Medio Oriente; y a los crímenes por venir, considerando la destrucción masiva que Trump ha anunciado en sus ultimátums y posteos.

Del mismo modo que Trump, Milei se ha arrojado a la guerra imperialista para sortear el impasse monumental de su gobierno. Si las denuncias agravadas sobre las corruptelas del jefe de Gabinete no han llevado todavía a su desplazamiento, es porque Milei, al bancar a Adorni, está protegiendo su propio pellejo. Es probable que esté vinculado a la causa $Libra. Mahiques, el operador de la AFA está trabajando febrilmente para impedir o al menos retrasar la indagatoria de Milei en esa causa. La saga de robos se completa ahora con los préstamos “especiales” del Banco Nación a la primera plana del gobierno. La Nación se equivoca fiero cuando caracteriza que el gobierno liberticidad atraviesa “una crisis de identidad”, porque contrasta con el discurso anti-casta. La camarilla de Milei se ha ‘forjado’ en el mundo de los negocios digitales, en la operaciones con información reservada, en las cripto monedas – un mercado clandestino de estafadores; sólo está revelando su única “identidad”. La casta digital es infinitamente más ambiciosa y delictiva que la de las maquinas de escribir y los archivos en papeles.

Barranca abajo

La lumpen burguesía que ejecuta y vive de estos atracos no necesita una crisis financiera para pelearse entre los suyos; es su régimen de vida. Los politólogos que ‘compraron’ la honestidad de Milei y su camarilla, atribuyen las rencillas entre Karina y Santiago Caputo; los manejos de “Lago Escondido’ Mahiques; las manos en la lata de Espert antes y de Adorni ahora, a la inflación, la carga de la deuda pública y la insuficiencia de reservas. De ninguna manera: la lumpen burguesía es pródiga en políticas financieras que la ayudan a enriquecerse, en especial el “carry trade”, que consiste en bicicletear dólares contra pesos a tasas elevadas de interés. En este sentido, Milei y Caputo no difieren de Trump y Bessent, dos lúmpenes burgueses; el primero asociado al delito sexual (y también a las cripto monedas Melania). La lumpen burguesía del siglo 19 lucraba con el ascenso del capitalismo – la del siglo 21 con su declinación.

El parate de la economía en su conjunto y la creciente insatisfacción popular, es una característica de toda la economía mundial, que se expresa de modo diferenciado. En Argentina, la carga de la deuda pública y sus elevados intereses es insuperable. Caputo camina por la cuerda del default. La intervención de emergencia de Scott Bessent y Trump en setiembre-octubre 2025, tuvo por finalidad sortear una cesación de pagos. Caputo sostiene la deuda con los “carry” y los “repo”. El ingreso de divisas -que alcanzó un récord de 4.500 millones de dólares en un trimestre- es una verdadera “puerta giratoria”, ya que los dólares salen rápidamente para cancelar vencimientos de deuda antigua y nuevas (devolución de ‘carrys’ y de ‘repos’) ganancias cosechadas en cuestión de semanas. En el primer trimestre del año, el beneficio obtenido por las colocaciones en pesos de los dólares que entran con ese fin (carry trade) alcanzó la friolera del 15 al 18% en “moneda dura”. La contraparte de estos rendimientos es la paralización del crédito interno; los dólares siguen en los colchones y no van a los bancos, aunque estos tampoco los prestan por temor al “descalce” entre los dólares en depósito y los créditos en pesos . La retracción industrial y comercial que resulta de esta peculiar “reconversión” de la economía (de la industria a la finanza derivada) está hundiendo la recaudación fiscal, y comprometiendo la capacidad de pago de una deuda que se mueve en espiral. Sin encontrar una alternativa para compensar la caída de ingresos del Tesoro, el gobierno sigue aferrado a la motosierra, que es una forma de forzar la privatización de actividades del Estado que no se pueden financiar. Por el deterioro de la infraestructura, los incidentes climáticos -como en Bahía Blanca o Tucumán- alcanzan dimensiones de desastre. En suma, el gabinete de los mesadineristas ha llevado a la Argentina a otro colapso económico y social.

En este escenario, Milei continúa desconociendo leyes y fallos judiciales, con el sólido respaldo de los editoriales de la ultraconstitucionalista La Nación, que convocan a un asalto del Poder Judicial (domingo 5 de abril). Esas sentencias obligan al gobierno a ejecutar la ley de financiamiento universitario (votada dos veces por el Congreso) o a cumplir con las prestaciones por discapacidad. Lo mismo ocurre con el 80% de los artículos de la ley de contrarreforma laboral, que ha obtenido una cautelar para que su inconstitucionalidad no se transforme en un hecho consumado. La Nación sostiene que este freno a la contrarreforma beneficia “a la CGT”, no a los trabajadores, en tanto que perjudicaría “a la gente”, no a las patronales.

La guerra imperialista, en definitiva, se ha introducido con fuerza en la crisis política argentina, como en todos los países. Como ha ocurrido con todas las tropelías anteriores de la administración de Trump y Netanyahu, el peronismo no ha cuestionado ni, por supuesto, combatido el alineamiento de Milei con esos dos criminales de guerra. El peronismo esta tejiendo alianzas con declarados, aunque oscilantes, seguidores de Milei, y no puede enemistarse con Trump, al cual reivindica como “un nacionalista económico”, para no correr el peligro de un veto trumpista al gran frente opositor que aspira a construir con esas alianzas. En medio de las peleas de camarillas a su interior, el hilo conductor del “gran frente opositor” que intenta vertebrarse, pasa por la defensa de un “equilibrio económico” antipopular, que además tampoco existe; la economía argentina atraviesa por un desequilibrio descendiente.

La adscripción del país al belicismo imperialista no ha merecido ni un suspiro por parte del Congreso, el responsable constitucional para tratar asuntos de guerra. La clase obrera debe construir su propia oposición política al gobierno liberticida y a los gobiernos de la guerra imperialista mundial.

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